El machismo de López Obrador, el presidente que quiere transformar México (sin nosotras)

REUTERS/Carlos Jasso

José Luis confesó a la policía municipal de Coacalco, Estado de México, que asesinó a Joselyn, su sobrina de 17 años que estudiaba en la escuela normal local. El hombre de 35 años de edad aventó el cadáver de Joselyn a un canal de aguas negras.

Fátima Cecilia de siete años de edad, fue hallada asesinada, desnuda y torturada, según dio a conocer uno de los familiares de la menor. Una persona desconocida (de sexo femenino) se llevó a Fátima de la escuela Enrique Rébsamen en Xochimilco, Ciudad de México, el 11 de febrero y desde entonces no la volvieron a ver con vida.

Karla Pamela Hernández, una adolescente de 15 años, se reportó como desaparecida desde el 12 de febrero, vista por última vez en la alcaldía Álvaro Obregón de la Ciudad de México.

Son noticias de tres menores más, después de que Erick Francisco asesinara con extrema violencia a Ingrid Escamilla el pasado 9 de febrero en la alcaldía Gustavo A. Madero de la Ciudad de México.

Mientras los casos de feminicidio y desaparición más sonados en los últimos días ocurrían, AMLO “trabajaba” para erradicar la desigualdad y la corrupción, según dijo en su conferencia matutina de prensa el 14 de febrero sin mencionar el “cómo”. Mientras otros ocho feminicidios estaban por registrarse en todo el país ese día, un reportero decía que AMLO “ya había hablado mucho del feminicidio”.

Y mientras AMLO enlistaba un decálogo improvisado, un grupo de mujeres feministas plasmaba en el Palacio Nacional el mensaje que muchos buscan ignorar: “México feminicida”. No fue, además, una protesta espontánea: las mujeres han salido, se han organizado y han construido otras propuestas desde el inicio del sexenio de AMLO, cuando se dieron a conocer los recortes a las estancias infantiles, esenciales para millones de mujeres en el país.

Un punto álgido en el sexenio de Peña Nieto fue el incendio de la puerta del Palacio Nacional por la desaparición de los 43 en Ayotzinapa. Un acto visto como parte del hartazgo de la violencia en el país, y que ocurrió de nuevo, pero esta vez por mujeres feministas hartas de los feminicidios.

El gobierno de López Obrador y el de Claudia Sheinbaum, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, han aplicado una violencia que tiene secuelas: el gaslighting.

Se trata de un tipo de violencia emocional en la que el agresor desmiente, minimiza e ignora los sentires de la otra persona e incluso le llama “loca” o “exagerada”, lo cual genera confusión y angustia en esa persona. La práctica no es ajena al ámbito de parejas, también aluden a este ejercicio dictadores, narcisistas y hasta líderes religiosos. Y el gaslighting ha sido el tratamiento que las mujeres hemos obtenido durante siglos.

Con reciente evidencia, Claudia Sheinbaum es quien ha recurrido más a esta práctica. Ella insinuó el 16 de febrero que las manifestantes en la protesta afuera de las oficinas de la redacción La Prensa por el feminicidio de Ingrid, estaban imaginando el gas que rociaron las policías con equipo de granaderas. Que esa sustancia que les irritó los ojos y la garganta a las manifestantes y a la prensa presente, nunca existió. Que ese gas o polvo que se ve en decenas de videos de periodistas y que les provocó ardor aun cuando regresaron a sus casas, no lo tenían las policías. Ese no-gas por el que las policías traían, casualmente, cubrebocas. Ah, ¡Spider-man es una amenaza! Cuando ha sido el Duende Verde que lanza bombas de gas. Curioso, que la violencia se llame, precisamente, gaslighting.

Hablar en el Palacio Nacional sobre los casos de los hombres que asesinaron a casi cuatro mil mujeres y niñas en 2019, por lo menos, no es hablar sobre AMLO ni su plan de gobierno. Creer eso sería sumamente egocéntrico.

Sin embargo, lo primero que dijo AMLO al escuchar el cuestionamiento sobre qué hacía para erradicar los feminicidios, fue lamentar el tener que “andar cuidando” lo que dice para no ser “trending topic”. Incluso dijo que no era “gente” en la red la que lo convertía en tendencia, sino “robots” (no solo la ciudadanía imagina gases, también somos imaginarios en el espacio digital). Incluso AMLO culpó a Twitter por “ganar dinero por eso”. Fue ahí cuando Frida Guerrera le pidió no desviarse del tema y entonces, volvió a hablar de sí mismo y de cómo él, era diferente en comparación con otros gobiernos.

“A lo mejor si se tratara de los gobiernos anteriores que se enteraban de los homicidios, del feminicidio y de la violencia por una tarjeta que les entregaban sus subalternos, podrías tú decir lo que estás sosteniendo, pero no estoy metiendo la cabeza en la arena. No estoy evadiendo mi responsabilidad, no es la política del avestruz”, le respondió a Frida, de nuevo, invalidando su duda sobre qué acciones tomaba y qué resultados hay a la fecha.

Y sin ir más lejos, es la misma política que aplicaban Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, que arrastraban las cifras de feminicidios cada vez más al alza, pero las maquillaban y minimizaban el problema.

AMLO también dijo que “celebra” que las mujeres defiendan su derecho a la seguridad. AMLO, no queremos que “celebres” que cada día tengamos que salir con la máxima precaución para intentar no ser asesinadas, como si eso dependiera de nosotras. Nada tendría que “celebrar” si en verdad trabajara diario para erradicar los feminicidios porque no habría protestas ni graffittis cada que matan a una mujer.

Y entonces, para zafarse del cuestionamiento incómodo, Andrés Manuel optó por dar un decálogo repetitivo y con cargas morales. No incluía nada de medidas preventivas, ni sanciones o la voluntad política de crear esa fiscalía de género a nivel federal. Es más, ni siquiera se apegó a los tratados ni convenciones a los que México está adscrito a nivel global para la erradicación de la violencia contra la mujer, que no son pocos, ni viejos.

AMLO no dice la palabra “feminicidio” en su decálogo, pues habló de la violencia que hay en el país contra hombres y mujeres, pero nunca dijo la palabra que nos atañe cada día y que nombrarla hace una gigante diferencia. Otra declaración fue “me pronuncio en favor de las mujeres” y ¿a qué se refiere exactamente con eso? ¿Cómo se está a favor o en contra de las mujeres?

López Obrador se refirió a sí mismo como un luchador de las “causas justas” con 40 años de experiencia, lo cual prueba únicamente que llegó tardísimo a la lucha de la “causa justa” que consiste en que no nos maten a las mujeres y niñas. Si algo han aprendido las mujeres que han estado a lo largo de esas “causas justas” es que hasta en los movimientos izquierdistas o por los derechos humanos, también hay machismo porque hay hombres, porque todos crecimos bajo un yugo de violencia contra las mujeres del que nos tenemos que deshacer una vez que lo aceptemos.

Es un problema latente: las estudiantes de la UNAM (a las que AMLO también trató con condescendencia al decir que había “mano negra” como si la violencia contra las mujeres en la máxima casa de estudios no fuera suficiente razón) tomaron la Facultad de Filosofía y Letras de forma separatista, porque había hombres que se decían sus aliados feministas, pero tenían acusaciones por agresión y acoso.

Y en el punto 3 y 6 del decálogo inventado, dice que es una cobardía agredir a la mujer, pero en realidad no se trata de una carencia de valentía, si no de un delito señalado en la ley -como dijo la editora Sandra Barba-, y cuya impunidad, precisamente, nos trae aquí. Además, no menciona a las niñas, habla de hombres y de mujeres, “de todos los seres humanos”; y si a esas vamos, ¿qué hay del resto de los seres vivos?

El que la Secretaría de Gobierno (Segob) lo publicara como si fueran mandamientos religiosos confirmó que no sólo AMLO es machista, también el sistema que permite que una niña de siete años no regrese nunca más a su casa.

La Segob habrá sido consciente del error, pues el tuit con el decálogo fue borrado de esa cuenta.

A AMLO no se le pide inventar nada, solo seguir (por lo menos) la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia que confiere a la federación la prevención, atención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres. Y a tomar la oferta de asesoría técnica de la ONU-DH y ONU Mujeres que hicieron el 14 de febrero para la incorporación de la perspectiva de género en sus respectivas labores.

Sin una postura clara sobre los feminicidios y feminicidios infantiles, sobre el derecho a la interrupción legal del embarazo, sobre los recortes a políticas públicas que benefician en su mayoría a la mujer, podemos decir que nada se ha transformado para las mujeres en este plan que contemplaba un cambio transicional.


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