El irresponsable López-Gatell que ya solo sirve para fotos de paparazzis

Enrique Pérez Quintana
·8 min de lectura

FOTO: ARCHIVO/MARIO JASSO/CUARTOSCURO.COM
A estas alturas lo que haga o deje de hacer ya no preocupa, porque nadie le hace caso. Ya no tiene autoridad. Solo el triste papel de distraer a todos con sus 'escandalitos' y desviar la atención de lo que se les salió de control. | FOTO: ARCHIVO/MARIO JASSO/CUARTOSCURO.COM

Quince meses tiene en el mundo la pandemia del Coronavirus. En México las autoridades sanitarias se empezaron a ocupar en los primeros días de marzo, cuando tuvieron que reconocer que había fallecido un mexicano que llegó de Italia, donde el virus ya mataba a muchos.

Las cuentas que este 11 de marzo reportan las autoridades sobre los afectados por la pandemia en México son de 2 millones 339,561 casos estimados de contagio y 192 mil 488 fallecidos por Covid.

No estamos cerca del final de la pesadilla que ha enlutado a miles de hogares en México. Cuando llegue tendremos que plantear muchas preguntas entre las que destacará ¿A quién le vamos a acreditar los muertos de la pandemia? Porque ante la historia alguien debe hacerse responsable y en el escenario estarán dos personajes que han destacado por sus acciones y omisiones.

La primera acción fue la designación presidencial de un “especialista y científico” del tema, el subsecretario Hugo López-Gatell, que inició su actividad minimizando la letalidad de la pandemia y reprobando medidas preventivas, como el uso del cubrebocas, aunque enfatizó la observancia de la sana distancia, el confinamiento de la población en su domicilio e impuso un alto en la actividad económica del país.

El presidente López Obrador estuvo de acuerdo con las recomendaciones para dar la cara frente a la pandemia y, muy a su estilo, instruyó una conferencia de prensa diaria, vespertina, para informar sobre sobre los avances y retrocesos del Covid-19. Además, como acostumbra, de hacer burla y sarcasmo de lo que no entra en sus “entendederas”, recomendó el uso de estampas religiosas para “detener” el mal.

  • Los López contagiados

No es que sea castigo divino, pero el coronavirus alcanzó al presidente López Obrador, que de inmediato fue atendido en su domicilio de Palacio Nacional, por los mejores especialistas y recibió una atención esmerada que le permitió recuperar la salud. No tuvo que peregrinar por los hospitales de la Ciudad de México para ser atendido. No obstante la experiencia que lo acercó a la muerte, continuó con su desprecio al cubrebocas, con lo que ante los ojos de los que todos los días lo ven en los medios, se negó a ser ejemplo para los demás.

Hace más de dos semanas el “especialista y científico” dejo de aparecer en la televisión y ya no asistió a las conferencias de prensa vespertinas, porque el Coronavirus lo alcanzó. Siendo el encargado de recomendar las medidas preventivas que evitan los contagios, no utilizó el cubrebocas hasta mucho tiempo después y, si se contagió, es previsible que tampoco guardó la sana distancia. No respetó sus propias recomendaciones y el diablo vestido de covid-19 lo besó.

Durante 19 días los colaboradores del subsecretario López-Gatell informaron sobre su estado de salud. En todas las ocasiones dijeron que no estaba grave, que se recuperaba y esta semana fue visto y retratado paseando por un jardín de la colonia Condesa en la Ciudad de México.

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Por la tarde, vía remota, reapareció en Palacio Nacional en la conferencia de prensa vespertina y fue cuestionado sobre su paseo. Su respuesta fue: “Ya estoy completamente recuperado. No tengo síntoma alguno. Me siento en buenas condiciones. Lo que sí es que hoy me volví a hacer la prueba (…) y vuelvo a salir positivo, lo que significa que tengo una carga viral suficientemente alta para seguir siendo contagioso”.

El periodista Joaquín López Dóriga lo entrevistó para preguntarle sobre su paseo y López-Gatell se justificó en sus propios términos y autodiagnóstico: "No hay ninguna contraindicación médica o epidemiológica de salir a caminar. Mi capacidad contagiante es mínima (cuando antes había dicho lo contrario). Por supuesto no voy a estar en una oficina cerrada o interactuando con otras personas. Pero la probabilidad de que yo contagie a alguien a través de mi doble cubrebocas mientras camino en el parque a seis metros de distancia de otras personas, es virtualmente cero". 

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  • El reino de dos irresponsables

Los dos principales responsables de combatir la pandemia en México, con sus actitudes, discurso y conductas, distorsionan y desorientan a la población. Parece que lo que dicen y recomiendan a la gente no se aplica a ellos. Todos en el mundo recomiendan el uso del cubrebocas, pero los López dicen que no, recomiendan permanecer en casa, pero López Obrador no cancela sus giras de propaganda. Su actividad dice que todo les está permitido. Que pueden andar libremente contagiando a los demás.

El avance del covid-19 en el mundo tiene en los individuos asintomáticos a su mejor vehículo de expansión, eso lo debe saber con toda certeza el “especialista y científico”, Hugo López-Gatell, seguramente se lo comentó al presidente que, como sabe hacerlo, si no le conviene no lo acepta.

Aunque se crean diferentes son como los demás. No tomar en serio lo que ha matado a casi 200 mil mexicanos, según sus propias cifras, implica una conducta irresponsable de parte de quienes debería ser ejemplo, pero son el mal ejemplo que, si queremos la vida, debemos rechazar.

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  • De “especialista y científico” a político

La presencia pública que la conferencia de prensa vespertina ha dado a Hugo López-Gatell en los medios, solo se compara con la que tiene su jefe el presidente López Obrador. Lo que uno dice del otro significa que tienen cercanía y, aunque es incierto en política, hasta han cultivado una amistad.

El subsecretario ha dado muestras suficientes de que su ocupación prioritaria es complacer al presidente, antes que atender la salud de los mexicanos. Su confuso discurso “estadístico” de todas las tardes, sus pleitos con los gobernadores, su disputa con Marcelo Ebrard por importar las vacunas y su confrontación con Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno en CDMX, en la aplicación de medidas preventivas implica que, sin base alguna, se siente intocable, se siente “político”. Ya lo perdió la Ciencia y espera que lo adopte Morena.

  • Y las vacunas vienen poco a poco

La disputa por las vacunas en el mundo es una realidad. Según López Obrador diez países en el mundo las acaparan, muchos, como México, las compran poco a poco y otros no tienen ninguna. El dato es dramático, los resultados del Censo Nacional de Población de 2020 indican que México tiene más de 130 millones de habitantes. La meta del gobierno es vacunar a poco más de cien millones, lo que implica que debe adquirir más de 200 millones de vacunas, para aplicar dos a cada ciudadano.

Vacunar a más de cien millones significa un gran trabajo que debe de estar sustentado en la experiencia de personal capacitado y activo en el Sistema Nacional de Salud, que no solo está integrado por las instituciones públicas, también participan los particulares, hospitales, farmacias y demás. La vacunación de los mexicanos ha sido organizada persiguiendo intereses político-electorales al organizar, por ocurrencia del presidente López Obrador, avalada por Hugo López-Gatell, una campaña de vacunación en las que intervienen los cuadros de promoción del voto de Morena.

Las vacunas están llegando y conforme pase el tiempo, se avance en la vacunación y se inocule a más sectores de la población, el “especialista y científico” dejará de ser necesario para López Obrador, entonces se irá al rincón. Dejará de ser útil, aunque en la coyuntura de estos días sirva de distracción su irresponsable paseo por la colonia Condesa, para que el presidente López Obrador evada decir que no comprende porque están disgustadas las mujeres, o por qué apoya a Salgado Macedonio acusado de violador o por qué no le cuadran las cuentas a la Auditoria Superior de la Federación y demás.

El aprendiz de político López-Gatell culpa a los medios de comunicación de lo que él provoca, justo como lo hace su nuevo amigo en las mañaneras. Pero ya no es ejemplo, no es guía, ya no es visto como una autoridad en la lucha por la sobrevivencia de todos. Su triste papel es ya, solamente, el de un irresponsable útil para fotos de paparazzis. 

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