El peligroso escenario que provocarán los que no quieren vacunarse contra el covid-19

Jesús Del Toro
·6 min de lectura

Si la vacuna contra el covid-19 salva vidas, frenará mucho dolor y propiciará una apertura segura de la economía y la recuperación de empleos, ¿por qué tantas personas aún se niegan a vacunarse?

A un año de que se estableció en Estados Unidos el cierre de actividades y el confinamiento para enfrentar la pandemia de covid-19, el saldo de esa enfermedad ha sido terrible para los estadounidenses: más de 29 millones de casos registrados y más de 530,000 fallecimientos, además de enorme sufrimiento humano y pérdida económica y de empleos.

Ciertamente, la historia marcará un antes y un después del coovid-19 con el 11 de marzo de 2020 como un momento clave y ominoso.

Una farmacista prepara una dosis de la vacuna contra el covid-19 en Plano, Texas. (AP Photo/LM Otero)
Una farmacista prepara una dosis de la vacuna contra el covid-19 en Plano, Texas. (AP Photo/LM Otero)

Un año después, y en medio de una enorme campaña de inmunización contra el covid-19 en la que a la fecha se han aplicado ya 98 millones de vacunas en Estados Unidos y hay ya 33 millones de personas plenamente vacunadas, la pesadilla de la pandemia parece que llegará relativamente pronto a su fin, siempre que un muy amplio porcentaje de la población sea vacunada (se habla de que se requiere probablemente un 80% o más para lograr la llamada inmunidad colectiva o de rebaño), se continúe en tanto con las medidas básicas de uso de mascarillas y distanciamiento social para frenar contagios y, además, se prevenga que variantes del SARS-CoV-2 potencialmente resistentes a la vacuna se esparzan de modo sustantivo.

Las vacunas autorizadas en Estados Unidos –las de Pfizer/BioNTech, Moderna y Johnson & Johnson– y otras creadas y usadas en otras partes del mundo se desarrollaron en tiempo récord, lo que realmente constituye una proeza científica que aportará beneficios adicionales en el futuro. Contar con una vacuna en menos de un año del registro del primer caso de una enfermedad es un éxito inusitado que no parecía siquiera concebible no muchos años atrás.

Por ello, el poder vacunar contra el covid-19 a gran escala es un logro monumental en el ámbito de la salud pública y la recuperación económica y lo es también a escala individual pues, a fin de cuentas, haber sido inmunizado contra el covid-19 equivale a salvar la vida y proteger la salud familiar y comunitaria.

Las más de 530,000 personas que han muerto por esa enfermedad son la dolorosa prueba del rigor de la pandemia, y eso se refuerza con el dato de que 1 de cada 5 estadounidenses, lo que equivale al 20% de la población, dijo haber perdido a una persona cercana a causa del covid-19, de acuerdo a una encuesta de AP-NORC.

Esa información es poderosa y la inmunización es una enorme esperanza pero, con todo, muchos ignoran o desdeñan el significado y la importancia de la vacunación. Esa misma encuesta señala que 1 de cada 3 estadounidenses dice que no tiene intención de ponerse la vacuna, y los más renuentes son los adultos jóvenes, las personas sin educación universitaria y los republicanos.

¿Por qué esa renuencia? Quizá, los jóvenes por la sensación de invulnerabilidad y la equívoca suposición de que la enfermedad no los tocará a ellos, las personas menos educadas quizá por ignorancia o desconocimiento de las características y ventajas de la vacuna y los republicanos tal vez por la persistencia de la ruda desinformación, minimización que durante 2020 realizó la Casa Blanca de Donald Trump al respecto de la pandemia. Una mezcla de todo ello sería también una explicación en muchos casos, a lo que se suma que históricamente en Estados Unidos ha existido un rechazo a las vacunas y activos movimientos en contra de la inmunización.

Comunidades como la afroamericana y la hispana también son renuentes por una desconfianza honda hacia la autoridad, que en el pasado las ha usado infamemente como conejillos de indias, o por temor a que vacunarse los exponga a la persecución gubernamental (como es el caso en comunidades con amplia población indocumentada).

En el presente caso, las vacunas contra el covid-19 son seguras, la vacunación no es un experimento que se ceba en grupos vulnerables y no se expone a nadie a la acción de las autoridades de inmigración por registrarse para la vacuna, que es además gratuita.

Stephanie Rodriquez recibe un abrazo tras ser vacunada contra el covid-19 en Sacramento, California. (Renée C. Byer/The Sacramento Bee via AP, Pool, File)
Stephanie Rodriquez recibe un abrazo tras ser vacunada contra el covid-19 en Sacramento, California. (Renée C. Byer/The Sacramento Bee via AP, Pool, File)

Con todo, si un tercio o una porción considerable de la población finalmente no se vacunara, ¿qué implicaría ello para el control de la pandemia y el freno a más enfermedad y muerte? Aunque es difícil saberlo a cabalidad, pues habrá que esperar algunos meses para constatar el alcance de las campañas de vacunación y muchos escépticos ya se han convencido de vacunarse, es cierto que la existencia de un amplio grupo de la población susceptible al contagio por no estar vacunada (que por añadidura tiende a ser también el que se resiste al uso de mascarillas y al distanciamiento social) preserva el riesgo de que el covid-19 continúe punzantemente activo.

Podría decirse que quienes enfermarían en ese caso serán los no vacunados, que estarían así pagando un innecesario precio por su obstinación, pero el hecho de que el virus siga propagándose le da oportunidad de mutar. Si variantes resistentes a las vacunas disponibles surgieran y se esparcieran a gran escala, eso podría desmantelar mucho de lo ya logrado y conducir a una nueva oleada.

Todo ello es indeseable y aunque habría manera de encararlo con vacunas ajustadas para las nuevas variantes y con tratamientos (cada vez mejores) y medidas preventivas, lo mejor (y lo posible) es que no tenga lugar.

Pero sigue siendo perturbador que con más de medio millón de muertos en Estados Unidos, una debacle económica y, sobre todo, con el arma (la vacuna) para salir de esa terrible crisis haya quien se oponga a la vacunación, presumiblemente en aras de un individualismo a ultranza que, con todo, desoye la evidencia científica, desdeña el bien común y a la postre podría revertirse peligrosamente contra quien lo practica y su comunidad.

En décadas recientes, enfermedades que devastaron a la humanidad durante milenios han sido frenadas gracias a la vacuna. La atroz viruela fue erradicada, la poliomielitis solo registra unos cientos de casos anuales a nivel mundial y muchas otras enfermedades han dejado de tajo de ser la amenaza de sufrimiento y muerte que fueron hasta hace no mucho. El covid-19 puede pasar también a la lista de enfermedades bajo control, pues aunque presumiblemente no se erradicará de modo completo, su impacto será mucho más reducido y su cuota letal quedará abatida si se logra una amplia inmunización de la población del país, de todos los países.

La vacuna salva vidas y puede vencer la pandemia. Vacunarse es, así, una decisión que coloca a cada persona a la altura de la historia y en sintonía con su bienestar, el de su familia y de su comunidad.