El importante flujo migratorio en Cataluña que, sin ser conscientes, han ayudado en los planes independentistas

El importante flujo migratorio en Cataluña que, sin ser conscientes, han ayudado en los planes independentistas (imagen vía captura de YouTube)

Son muchos los expertos en demografía que sostienen que más de la mitad de la actual población de Cataluña está compuesta por ciudadanos que descienden (e incluso lo son, en el caso de los más mayores) de los flujos migratorios que ha habido hacia esta comunidad a lo largo de la Historia (sobre todo en el último siglo).

De casi todos los rincones de la península estuvieron llegando trabajadores o familias completas en busca de una segunda oportunidad con la que mejorar sus condiciones de vida. Muchos eran quienes habían tenido que abandonar sus lugares de origen debido a las condiciones de pobreza que estaban viviendo.

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Cataluña siempre fue un lugar de acogida de todos esos emigrantes que llegaban de otros lugares del país, convirtiéndose en una de las regiones más ricas gracias a su industria y a la mano de obra que cubría la demanda. Durante muchísimo tiempo había más puestos de trabajo vacantes que trabajadores que los pudieran cubrir, motivo por el que el flujo fue continuo.

Aunque el flujo más importante de emigrantes llegó durante las décadas de 1960 y 1970 (mayoritariamente desde Andalucía y Extremadura), no podemos olvidar otras oleadas de ‘nouvinguts’ provenientes de otros puntos, por ejemplo Murcia, durante otros periodos tanto del siglo XX como de atrás en el tiempo.

Muy importante fue la llegada a  Barcelona, durante 1920, de un gran número de emigrantes que provenían de la huerta murciana (la cual que padeció una terrible crisis)  y que se colocaron a trabajar en su mayoría en la construcción de la primera línea del metro de la Ciudad Condal (inaugurada a finales de 1924). Cabe destacar, como dato anecdótico, que algunas son las fuentes que indican que fueron estos emigrantes murcianos quienes iniciaron la tradición del ‘pa amb tomaquet’ (untar tomate en el pan).

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El vocablo ‘nouvinguts’, citado unos párrafos más arriba, se trata del término (políticamente correcto) con en el que hoy en día se refieren a todos los migrantes llegados a Cataluña –ya sea desde otros puntos de España como del extranjero-.

Pero hasta no hace demasiado tiempo a muchos emigrantes (sobre todo a los descendientes de éstos) se les conocía como ‘charnegos’, un término utilizado despectivamente por los sectores más nacionalistas de la sociedad catalana.

Pero éste no fue un neologismo creado para llamar de ese modo a quienes provenían -ya fuera directamente o por descendencia de otros lugares de España- y que no terminaban de integrarse en las costumbres y lengua catalana, sino que empezó a usarse en el siglo XVI para referirse, inicialmente, a los descendientes de una persona catalana y otra originaria de Francia, pero con el paso del tiempo y la llegada del flujo migratorio del resto de la península se adoptó para referirse a estos (tal y como indico, despectivamente).

Hoy en día, medio siglo después de la llegada masiva de emigrantes a Cataluña, pocas son las personas que continúan utilizando el término charnego con el sentido de menospreciar, sobre todo desde hace algo más de una década en la que los planes políticos de una parte del nacionalismo catalán pasaba por intentar convencer a un importante sector de la sociedad que descendía de la emigración.

Cerca de un cuarto de siglo de gobierno autonómico nacionalista (de Convergencia i Unió, con Jordi Pujol como Presidente de la Generalitat) no había terminado de convencer a gran parte de la sociedad catalana. Por eso fue esencial la llegada del conocido como ‘Tripartito Catalán’, dando apoyo, en 2003, desde ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) al candidato socialista Pasqual Maragall como presidente y tres años después, en 2006, sorpresivamente hacerlo con José Montilla, emigrante cordobés llegado a Cataluña a inicios de la década de 1970.

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Esto fue un golpe de efecto decisivo desde el sector más nacionalista (con aspiraciones a la independencia de Cataluña) para normalizar la convivencia entre aquellos que eran catalanes de descendencia generacional (los conocidos actualmente como ‘catalanes de ocho apellidos’) y los hijos y nietos de los emigrantes que llegaron medio siglo atrás.

Otro de los puntos efectivos del nacionalismo independentista fue presentar en sus candidaturas (ya fuera para diputados o concejales de ayuntamientos) a candidatos ‘nouvinguts’, no utilizando apenas el término charnego y si lo hacen que sea para dar un mensaje de que los consideran como catalanes con los mismos derechos (algo muy alejado a como lo hacían hasta bien entrado el siglo XXI).

Uno de los ejemplos de político que quiere representar a todo ese sector del flujo migratorio de otros puntos de España hacia Cataluña es el diputado por ERC Gabriel Rufián. Él mismo se califica como ‘charnego’ (es hijo de emigrantes andaluces) y se ha convertido en uno de los principales  artífices del activismo independentista catalán a través de la entidad ‘Súmate’ que aglutina a la comunidad castellanoparlante en Cataluña, consiguiendo atraer hacia el proceso soberanista a un elevado número de emigrantes españoles y descendientes de éstos (incluso de inmigrantes procedentes del extranjero).

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