El impacto del cultivo de café en África

Cosecha de café en Uganda. Crédito: By Erinamukuta (Own work) [CC BY-SA 4.0], via Wikimedia Commons

Muchos de nosotros empezamos cada mañana disfrutando de una taza de café. Incluso, dependiendo de nuestros gustos y poder adquisitivo, tomamos más a lo largo del día. Por eso tal vez no nos resulte cómodo escuchar las conclusiones de un artículo reciente, que dejan claras las nefastas consecuencias para la salud, la educación, la igualdad y el medio ambiente que tiene el cultivo del café.

Es importante remarcar dónde se ha realizado el estudio. Porque si bien es cierto que se ha centrado en una región muy concreta – en Bududa, al este de Uganda – también lo es que hablamos del segundo país en producción de café de África, por detrás de Etiopía. Y que algunas conclusiones se pueden extrapolar a otros lugares.

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Para su estudio, los investigadores han empleado dos técnicas. La primera son entrevistas dirigidas, centrándose en dueños de plantaciones de café, casi todas de pequeño tamaño. La segunda fue realizar un seguimiento de diversos factores durante once meses de estudio, que incluían la época de cosecha.

Y este es el momento del año del que empezar a hablar. Porque la época de cosecha, que va desde julio a octubre – aunque se puede alargar, dependiendo del clima y del estado de las bayas de café – es también la época de mosquitos. Y con ellos viene el mayor peligro para la salud de los habitantes de esta región: la malaria.

Tanto el café como los mosquitos que portan la malaria se ven favorecidos por las mismas condiciones: alta humedad y una mezcla de zonas abiertas y con sombra. Además, la jornada de recogida de café comienza al amanecer, para durante las horas de más calor, y se alarga hasta el anochecer. Que, esencialmente, es el ciclo que siguen los mosquitos.

Los datos que han podido recoger los investigadores demuestran esta relación entre el cultivo de café y la malaria. Todos los entrevistados habían sido infectados por malaria al menos una vez, generalmente en más de una. Lo que supone un problema muy serio a nivel sanitario.

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No sólo los dueños de los cultivos, también sus hijos. Y aquí entra el tema de la educación. Porque las familias obligan a sus hijos a faltar a la escuela durante la época de cosecha, que cae durante el curso escolar. Uno de los entrevistados, que además de cultivar café es el director de una escuela de la zona, explicaba que la asistencia a clase caía en picado durante la cosecha.

Otros agricultores apuntaban otro problema distinto: los jóvenes que directamente abandonaban la escuela. Y que se dedicaban a robar bayas de café de algunos terrenos para o bien vendérselos a otros productores o bien venderlos ellos mismos. El consumo de alcohol y el juego se disparaba entre aquellos que dejaban la escuela.

Si el problema de la malaria y de la falta a clase no fuesen suficiente, se suma otro más: la venta de las bayas de café está copada por los hombres. Son ellos los que venden los frutos, aunque mujeres y niños participen – en muchas ocasiones en mayor medida – en la cosecha.

Podría parecer un problema menor. Pero como comentaban varios de los entrevistados, la cosa se complica cuando las mujeres enviudan. Cuando esto ocurre, carecen de la posibilidad de vender las bayas de café. Con lo que dependen de otros hombres de su familia, cuyos intereses tal vez no sean los mismos que los de las mujeres. O eso, o venden sus terrenos o vuelven a casarse. Todo ello lo único que consigue es perpetuar el sistema.

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Y queda por comentar el tema medioambiental. Este es más complicado y controvertido. Porque en teoría el cultivo de café no afecta al medio ambiente. Es un cultivo de sombra, que no requiere de limpiar de vegetación la zona para su producción. Pero esto no se cumple, ya que muchos agricultores limpian de árboles la zona, y prácticamente todos consideran la vegetación natural como una competencia a sus cultivos.

La intención del artículo no es moralizante. No pretende señalar cosas malas, o hacerse sentir culpable a nadie. Únicamente demuestra cómo son las cosas en realidad, para que cada uno saque sus conclusiones.