El humor que acompañó al papa en Japón

Por Richard CARTER
El papa Francisco se reúne con el cuerpo diplomático en la residencia del primer ministro japonés en Tokio el 25 de noviembre de 2019

El viaje del papa Francisco a Japón, país que soñaba visitar desde joven, estuvo marcado por las conmovedoras conmemoraciones de los bombardeos nucleares de 1945, pero también por momentos divertidos y algunas sorpresas.

- El selfie del alma -

Frente a los jóvenes en Tokio, el papa, de 82 años, que se dirigió siempre en español, con frecuencia improvisó, bromeó y en ocasiones se detuvo para preguntar: "¿Se están aburriendo con el discurso o puedo seguir?". A las nuevas generaciones pidió que no se "miren demasiado en el espejo" y comentó con su habituales salidas literarias: "Se han inventado muchas cosas, pero gracias a Dios, los selfies del alma aún no existen", dijo.

- El traje japonés -

Cuando le regalaron una de esas coloridas chaquetas llamadas "happi" en Japón, que suelen usarse durante las festividades públicas, con en el reverso su retrato entre flores de cerezo y el mensaje "Te amamos" en español, quedó tan contento que la colocó sobre su sotana blanca y levantó el pulgar en dirección a la audiencia como gesto de aprobación.

- Sol y sombra -

El papa soportó todos los clima que Japón puede ofrecer. Fue recibido a la llegada el sábado por un clima muy húmedo y ráfagas de viento que arremolinaron su sotana. Truenos y relámpagos precedieron su discurso el domingo en Nagasaki, obligando a quienes habían acudido a refugiarse bajo impermeables transparentes. El pontífice estuvo protegido por un ejército de paraguas y habló bajo una lona transparente.

Ya frente al monumento, rezó al aire libre y su cabeza inclinada mojada por la lluvia, fue una de las imágenes del día. Unas horas más tarde, el clima había cambiado por completo y la multitud que asistía a la misa en el estadio de béisbol de Nagasaki tuvo que protegerse esta vez de los rayos del sol.

- Con el corazón en la mano -

El lunes en Tokio, un joven de 17 años contó en público su terrible experiencia cuando fue evacuado con su familia de Fukushima y de cómo sufrió por el acoso de sus compañeros adolescentes, tanto que quería suicidarse. Con una voz fuerte pero temblando por la emoción, Matsuki Kamoshita pidió a los adultos que nunca más oculten a su generación los horrores de una catástrofe nuclear: "No quiero que mueran sin haber reconocido nada", dijo. Al final de su discurso el pontífice tuvo un largo intercambio con el joven, quien abrazó al papa en un enternecedor impulso espontáneo.

- Como una estrella de rock -

Al ingresar en papamóvil al estadio Tokio Dome, donde una multitud emocionada de unas 50.000 lo esperaban, el papa saludaba a los asistentes con la mano, giraba a la izquierda y a la derecha, sonreía, mientras recibía a los bebés que los guardaespaldas le ofrecían para darles un beso en la frente. Mano a mano que recibía un bebé, los gritos de la audiencia se duplicaban.

Al descender del vehículo para saludar a los fieles, fue 'atacado' por los fieles que lo rodeaban en busca de un momento con él. "Programa cargado para el pontífice rock-star", tituló el martes el diario Nikkan Sports.