El Helicoide, el edificio 'maldito' que alberga a los presos de Maduro

Es probable que solo los profesionales de la arquitectura puedan ver belleza hoy en esa edificación marcada como está por el terror. Pero ciertamente la estructura es imponente y el arrojo de su concepto original sigue fascinando si se logra abstraer de la realidad que ocurre en su interior.

El Helicoide, esa mole enclavada en una colina en el valle caraqueño, alguna vez iba a ser centro comercial y terminó convertido en cárcel de la policía política venezolana. Y justamente ahora, por las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos de personas retenidas allí, vuelve a ser noticia.

El Helicoide (Foto: Gettty)

El proyecto comenzó a gestarse en 1955 cuando un empresario planteó a la firma Arquitectura y Urbanismo C.A., el desarrollo de un parcelamiento en un lugar conocido como Roca Tarpeya, entre las parroquias San Pedro y San Agustín. El arquitecto Jorge Romero Gutiérrez exploró otra posibilidad y junto a sus colegas Dirk Bornhorst y Pedro Neuberger diseñaron una edificación con otros usos.

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En un área de terreno de 102 mil metros cuadrados y con 73 mil metros cuadrados de construcción se proyectaron 320 locales comerciales, un hotel 5 estrellas, espacios de oficinas, zonas recreativas infantiles, un estudio de televisión, una sala de multicines, gimnasio, un club de propietarios, un helipuerto y en la cúpula un centro de convenciones y espectáculos.

“El Helicoide de la Roca Tarpeya, Centro Comercial y Exposición de Industrias” fue el nombre que le dieron en el papel al proyecto de levantar esta estructura concebida en doble espiral inspirado en la obra de Frank Lloyd Wright.

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“Vamos a hacer con Romero Gutiérrez (…) un súper proyecto: ¡Una montaña de exposiciones, con rampas!”, escribió Bornhorst en su diario, el 27 de enero en 1955. Y este elemento fue justamente uno de los más innovadores: los automóviles ingresarían por un sistema de cuatro kilómetros de rampas descendentes y ascendentes para aparcarse frente a los locales comerciales y los recorridos internos se harían rodando. También sería pionero por sus ascensores inclinados, por tener un centro automotriz, una estación de servicio y hasta una emisora a la que bautizarían Radio Helicoide.

Cuerpos de seguridad de Maduro el Helicoide (Foto: Gettty)

En aquellos años y con la bonanza y el afán urbanista de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, todo parecía posible. Su construcción, sin embargo, comenzó tras la muerte del dictador y desde 1958, durante el periodo de la junta de gobierno de Wolfgang Larrazábal, avanzó hasta que fue paralizada en 1961 por problemas de presupuesto y algunos asuntos políticos, el mismo año en el que sus planos despertaban admiración en la exposición Roads, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

A partir de entonces y pese a algunos intentos por retomar las obras, el Helicoide se convirtió en un elefante blanco: una masa de concreto de líneas sorprendentes y que prometía un futuro que la dejó atrás. Durante un tiempo los acreedores litigaron en contra de los promotores hasta que en 1975 finalmente terminó en manos del Estado y empezó su camino para convertirse en lo que es hoy.

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En 1979 y hasta 1982 fue ocupado por al menos 10 mil familias sin hogar que fueron ubicados en containers haciendo las veces de viviendas. Más tarde se discutió la posibilidad de crear allí un Museo Nacional de Historia y Antropología y luego –en 1993- el plan cambió a Centro Ecológico de Venezuela. Desde 1985 los dos niveles inferiores del Helicoide eran usados por agentes de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención –Disip- y fue el entonces presidente Rafael Caldera quien terminaría sellando el destino de la otrora maravilla arquitectónica: durante su segundo gobierno decidió que la Disip –policía política- se instalara de forma definitiva.

Cuerpos de seguridad de Maduro el Helicoide (Foto: Gettty)

Durante la administración de Hugo Chávez la Disip se transformó en el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, Sebin. Chávez no solo mantuvo allí a este cuerpo, sino que reforzó la vocación de uso policial ordenando –en 2006- la creación de la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada, a lo que sumó la Policía Nacional Bolivariana –en 2009- y durante una temporada por la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad.

El Helicoide no está plenamente acondicionado para ser una cárcel. En realidad las dependencias del Sebin apenas deberían ser centros de detención temporal. Pero eso poco ha importado y el Helicoide se convirtió en cárcel y centro de tortura de los presos políticos especialmente desde el inicio de las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro el año pasado. Tanto que la ONG Una Ventana a la Libertad denunció que en agosto de 2017 se registraba en esa sede policial un hacinamiento de 300% al mantener encerrados a 340 personas en un lugar con capacidad para 80.

Cuerpos de seguridad de Maduro el Helicoide (Foto: Gettty)

El infiernito es una de las celdas que mejor dibuja lo que allí se vive. Rosmit Mantilla, diputado del opositor partido Voluntad Popular detenido por razones políticas en mayo de 2014 lo describió así: “Era un espacio de 5 por 3 metros, donde estábamos 22 personas. Allí comíamos, hacíamos nuestras necesidades y dormíamos. Al principio, eran sólo tres celdas. El resto eran oficinas administrativas. Con el tiempo, las han ido convirtiendo en más celdas y en salas de tortura, donde aplican electricidad o cuelgan a los presos para obtener declaraciones”.

El presidente Nicolás Maduro (Foto:Getty)

De acuerdo a la organización defensora de derechos humanos Foro Penal de Venezuela el Sebin retiene a 54 presos políticos en el Helicoide, incluyendo a 4 menores de edad.

La sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en El Helicoide tiene 300% de hacinamiento, según denunció Una Ventana a la Libertad,  organización encargada de defender los derechos humanos de las personas privadas de la libertad en Venezuela.

Una Ventana a la Libertad aseguró que el recinto penitenciario tiene capacidad para 80 reclusos. Sin embargo, actualmente alberga 340 privados de libertad.

La organización precisó, vía Twitter, que 20% de los recluidos son presos comunes, mientras que 80% son presos políticos.

 

El informe del Foro Penal Venezolano titulado “ Represión del Estado Venezolano de enero de 2014 a junio de 2016” revela que se han registrado y documentado 145 casos de torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes. La mayoría de estas infracciones ha estado a cargo de funcionarios del SEBIN y de la Guardia Nacional Bolivariana. “El caso de Gerardo Carrero y Daniel Morales, presos en El Helicoide, son claros ejemplos de tortura, y de la impunidad que prevalece. Habiéndose denunciado las descargas eléctricas, las golpizas, o los colgamientos por horas, que constan en las actas de los tribunales, los jueces y fiscales se hicieron de la vista gorda”, señala Alfredo Romero, director ejecutivo del Foro Penal.

La Comisión de DDHH de la ONU también se ha pronunciado por la red social para cuestionar el trato de un activista, Gregory Sanabria, quien habría sido golpeado. Al mismo tiempo hicieron un llamado para abrir una investigación por tortura y liberar a los presos políticos.

El Helicoide

A juicio de Olalquiaga, El Helicoide no tiene condiciones para ser una cárcel, lo que en esencia ya supone una violación de los derechos humanos. De allí que su uso debe ser replanteado. “Esa obra tiene muchas cargas negativas. Pero no creo que la solución sea vetarlo. Estos últimos años lo que se ha hecho es estigmatizarlo y hay que liberarlo. Darle otra oportunidad. Allí lo más sensato es hacer un centro comunitario con servicios deportivos. Y subsanar así el error de este ambicioso proyecto que desde el inicio ignoró su contexto inmediato”, explica Olalquiaga.

Sin embargo, para quienes han pasado por ahí esto no resulta tan fácil. Hasta hoy, no hay día que Mantilla no sienta indignación al ver la imagen de este edificio. Siente angustia, al saber que hay compañeros que siguen encerrados y que podrían estar siendo torturados. Nostalgia, por las personas que dejó en su celda. Y mucho dolor. “Pero El Helicoide es un símbolo que no debe desaparecer”, comenta el político. “ Fue un emblema de lo que Venezuela pudo ser y no fue. Y ahora debe quedar como un recuerdo de lo que pasó y lo que nunca más debe volver a pasar”.