El hambre de la piel: los peligros de este síndrome y cómo manejarlos

La piel es nuestro mayor órgano sensorial. Los científicos coinciden en que tocar a otros nos ayuda mantener nuestro equilibrio físico, mental y emocional y la falta de contacto nos enferma. (Getty Images)

El coronavirus nos ha obligado a vivir contra natura. La distancia interpersonal recomendada para evitar el contagio ha dejado a muchos sin la caricia del nieto, sin el beso del amante ni el abrazo del amigo. Y desató, inadvertidamente, otra enfermedad: el hambre de piel.

El tacto es el sentido rey. El contacto físico es indispensable para el desarrollo cognitivo, la regulación emocional y el adecuado funcionamiento del sistema inmunológico. Por eso ansiamos tocar y ser tocados. El hambre de piel es una necesidad biológica por el contacto humano.

Por esa razón existen los programas canguros en las unidades de cuidados intensivos neonatales. Los bebés prematuros requieren del contacto con sus madres para continuar la evolución interrumpida al nacer antes de las 40 semanas de gestación.

En los adultos, el hambre de piel tiene secuelas profundas en el cuerpo y la mente. El psicólogo Terry Kupers ha presenciado los estragos que causa en los presos condenados a confinamiento solitario. "El contacto humano es un requisito de ser humano. Existe algo sanador en el contacto", dijo Kuper a Vox. El toque es intrínseco a la humanidad.

Las personas se las han ingenian para mantenerse conectadas aunque no se puedan tocar. (Getty Images)

Otros se han dedicado a probar científicamente los beneficios biológicos del contacto.

"Cuando tocas la piel estimulas los sensores de presión debajo de la piel que envían mensajes al vago (que es un nervio cerebral). En la medida en que aumenta la actividad del vago, el sistema nervioso se desacelera, la presión sanguínea y los latidos del corazón disminuyen y las ondas cerebrales muestran relajación", explicó Tiffany Field, del Instituto de Investigaciones del Tacto de la Universidad de Miami a la revista Wired.

Pero el hambre de piel o hambre de contacto no es sinónimo de apetito sexual. Para satisfacer la necesidad de contacto humano puede bastar con una palmada en el hombro o una leve caricia, siempre y cuando exista una intención afectiva.

Los investigadores han demostrado que el toque es una importante herramienta para la regulación social y para comunicar una amplia gama de emociones. Un estudio encontró que los adolescentes parisinos que se encontraban en el McDonald’s se tocaban mucho más que los adolescentes estadounidenses y también eran menos propensos a mostrar señales de agresión.

Sobre la contención

Cuando el aislamiento es crónico, las personas pueden tener síntomas de hambre de piel sin saberlo y confundirlos con problemas de salud mental. "Las personas que tienen hambre de piel generalmente parecen ser individuos deprimidos. Son retraídos, la entonación de su voz es plana", explicó Field.

También es posible que personas con diagnósticos de depresión clínica adicionalmente sufran de hambre de piel, y esto puede ser detectado en el vago. "Cuando masajeas a esas personas, los niveles de depresión baja y la actividad de vago aumenta".

El psicólogo estadounidense Harry Harlow fue el primero en probar los efectos del aislamiento en unos aterradores experimentos realizados con monos bebés que eran separados de sus madres. Los monitos eran expuestos a "dos madres adoptivas" que no eran más que dos objetos inanimados. Uno estaba fabricado de madera y alambres y el otro estaba cubierto de tela. Los bebés macacos preferían abrazar a la madre de felpa, aunque la madre de madera era la que tenía la botella de leche.

Los monos bebés aislados mostraban perturbaciones en su comportamiento, tenían la mirada perdida, caminaban incesantemente en círculos en sus jaulas y se automutilaban. Al reunirlos con otros de su especie, no sabían cómo interactuar con los demás y permanecían aislados. Algunos murieron al reusarse a comer.

Harlow demostró que los bebés simios necesitan los abrazos y las caricias de sus madres, que él llamó contacto reconfortante, para sobrevivir. La calidez del cuerpo de la madre es tan necesaria como el agua y el alimento.

Abstinencia corporal

El terapeuta psicocorporal Julio Vicente Pérez expresó su profunda preocupación por la insistencia en desaconsejar el contacto humano para frenar la expansión del coronavirus. Las personas deben comprender que ciertas restricciones sociales son necesarias pero también tomar consciencia de los serios problemas que puede generar la falta de contacto, o peor aún, el desarrollo de fobias al contacto humano.

Asegura que el único sentido que no podemos perder es el del tacto porque configura la existencia, nuestra presencia en el mundo. Es lo que nos permite estar en el aquí y en el ahora.

Pérez explicó que desde el comienzo de la pandemia del coronavirus han aumentado los casos de fobias al contacto humano, conocida como hafefobia.

La hafefobia es un miedo intenso e irracional a ser tocado. Cualquier contacto físico provoca un gran sufrimiento y angustia, por lo que la persona con ese trastorno fóbico específico evita el contacto social a toda costa.

El psicoterapeuta teme que la falta de contacto físico debilite nuestro sistema inmune en un momento en que necesitamos fortalecer nuestras defensas. También piensa que puede traer serias consecuencias futuras entre los niños y los adolescentes que han sido aislados de sus grupos escolares y sociales.

¿Cómo aliviar el hambre de piel?

Pérez insistió en que es necesario buscar paliativos para el aislamiento físico.

1. Infórmate bien sobre las vías de transmisión real para adecuarlas a nuestra vida diaria. Tener medidas de higiene para evitar el coronavirus no significa que hay que evitar completamente el contacto físico.

2. Revisa y mejorar las relaciones entre tu pareja y tu núcleo familiar. Las caricias y el contacto afectivo en el hogar puede compensar la falta de contacto social.

3. Explora otras opciones de toque como jugar y acariciar a tu mascota. Hay que aprovechar la oportunidad de demostrar y recibir afecto de las mascotas porque no transmiten el coronavirus.

4. Si vives solo sin, sin pareja ni mascotas prueba el automasaje. Establecer rutinas de ejercicios seguidas por masajes para estimular los niveles de endorfinas en la piel podría ser muy beneficiosa para calmar el hambre de piel.

5. Busca ayuda profesional si el aislamiento de la pandemia te ha provocado insomnio, ansiedad, depresión o ataques de pánico.