El Gobierno español despliega su fuerza a una semana del referéndum catalán

Por Daniel BOSQUE, con Patrick RAHIR en Madrid
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Unos manifestantes favorables al referéndum pegan unas pancartas con el lema "Democracia" antes de una manifestación el 24 de septiembre de 2017 en el exterior de la Universidad de Barcelona

Los independentistas catalanes salieron nuevamente a las calles este domingo para insistir en su voluntad de abandonar España, pero el Estado les corta una tras otra las vías de organizar el referéndum de autodeterminación previsto para el 1 de octubre.

Los refuerzos de la Policía Nacional y la Guardia Civil no paran de llegar a Cataluña y se buscan todavía las urnas para el escrutinio.

Detenciones, registros, multas: el Gobierno de Mariano Rajoy emplea todas sus fuerzas para responder al desafío lanzado por los independentistas.

Tras reclamar en vano mayor autonomía al Gobierno central e intentar acordar este referéndum, el ejecutivo catalán, dominado por los independentistas desde 2016, decidió organizar este escrutinio saltándose la prohibición de la justicia.

El presidente catalán, Carles Puigdemont, y sus aliados forzaron el reglamento del Parlamento autonómico para aprobar la ley de este referéndum unilateral, lo que agravó la división entre los independentistas y la oposición.

Según el último sondeo del instituto demoscópico catalán, publicado en julio, un 49,4% de los catalanes se opone a la independencia y un 41% la desea.

"Nos van a obligar a llegar donde no queremos llegar", amenazó el presidente Rajoy antes de lanzar sus operaciones para paralizar el referéndum.

En los últimos días, la Guardia Civil ha incautado millones de papeletas del voto, las cartas para los ciudadanos designados para trabajar en los colegios electorales y detuvo a 14 altos cargos catalanes, puestos después en libertad condicional.

- Multas disuasorias -

Personas claves en la organización, tanto del Gobierno catalán como de la comisión electoral, renunciaron a sus cargos para evitar multas diarias de hasta 12.000 euros, impuestas por el Tribunal Constitucional para obligarlos a obedecer la suspensión del escrutinio.

El sábado, Rajoy pidió a los dirigentes independentistas que reconocieran que no habrá referéndum.

Según un sondeo publicado este domingo por el diario El País, un 61% de los catalanes encuestados cree que el referéndum no tendría garantías suficientes para considerarse válido.

Pero Puigdemont no cede y, en su cuenta de Twitter, sigue colgando vínculos de webs donde los ciudadanos pueden encontrar sus colegios electorales, mientras la justicia ordena sistemáticamente el bloqueo de cada una de ellas.

Y Rajoy sigue apretando las tuercas.

El fiscal jefe de Cataluña confió el sábado la coordinación de las operaciones policiales al Ministerio del Interior, incluidas las de la policía catalana, los Mossos d'Esquadra, dependientes del Gobierno autonómico.

Esta medida sin precedente disgustó a los Mossos, celosos de su autonomía. Su jefe señaló que sus agentes seguirían las órdenes del fiscal pero que no compartía la tutela del Gobierno español.

"Están apretando el acelerador para intentar que el 1 de octubre no vayamos a votar", denunció el presidente de la ANC, Jordi Sánchez, acusando a Rajoy de actuar "como los dictadores".

Esta influyente asociación independentista convocó, junto a Omnium, movilizaciones este domingo en más de 500 pueblos de Cataluña.

En Barcelona, acudieron unos miles vigilados de cerca por un helicóptero de la Policía Nacional que los sobrevolaba.

"Somos gente alegre y festiva, gritamos y cantamos", decía con una sonrisa Marga Millet, librera de 67 años, en la manifestación. Pero, "actúan como si fuéramos violentos. Nos están invadiendo de Policía y Guardia Civil, parece un país militarizado, pero por nuestra parte no habrá violencia", aseguraba.

Sobre los presidentes de Omnium y ANC pesa la amenaza de una investigación por sedición, delito castigable con prisión, tras las protestas del miércoles, en las que miles de manifestantes bloquearon a guardias civiles en un edificio gubernamental que registraban en Barcelona.

- Después del 1 de octubre -

Las medidas del Gobierno español incrementaron el disgusto de los catalanes con el poder central y sobre todo con el Partido Popular (PP), de Rajoy, a quien acusan de hacer campaña en contra de Cataluña.

Las protestas sobrepasaron el círculo independentista. Más del 70% de los catalanes pide poder decidir el futuro de la región en un referéndum que el Gobierno central rechaza escudándose en la Constitución de 1978.

Una vía todavía abierta para intentar resolver la crisis catalana es una comisión parlamentaria para estudiar la reforma de las competencias y la financiación de las 17 comunidades autónomas de España.

Creada a iniciativa del Partido Socialista (PSOE), principal fuerza opositora, debería empezar su andadura después del 1 de octubre, e incluso el partido de Puigdemont aceptó participar.

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