El gobierno de Texas recurre a la estigmatización de los migrantes para tapar sus propias fallas y atacar a Biden

Jesús Del Toro
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En la frontera sur de Estados Unidos existe una patente crisis por el aumento de los cruces de migrantes en general y de familias y menores solos en lo específico. Ese flujo ha sido tan intenso en recientes semanas que las instalaciones para albergar a los migrantes se han saturado, e imágenes de personas retenidas en espacios muy reducidos, incluso nuevamente en jaulas, en condiciones que han sido consideradas inhumanas y que no siguen los protocolos básicos de distanciamiento contra el covid-19, han causado consternación.

Eso han reabierto la memoria de los rudos momentos cuando el gobierno de Donald Trump separó familias, recluyó a menores, criminalizó la migración (incluso a quienes solicitaban asilo), expulsó a miles y forzó también a otros tantos a esperar en México, en condiciones muy precarias, a que se dilucidaran sus casos ante una corte.

Esos casos fueron, en una enorme proporción, rechazados.

El gobernador de Texas, Greg Abbott. (AP Foto/Eric Gay)
El gobernador de Texas, Greg Abbott. (AP Foto/Eric Gay)

Ciertamente, la situación en la frontera es grave, pues las condiciones en que son retenidos los migrantes son inadecuadas y, en el caso de los menores, porque además son detenidos en centros de tipo carcelario y por una duración mayor a la permitida por ley. La reciente reapertura de centros de detención de menores ha sido criticada fuertemente, y demócratas le han reprochado al gobierno de Joe Biden que se persista en la inhumana y cruel práctica de encarcelar a menores en vez de ofrecerles albergue en condiciones dignas.

En paralelo, los republicanos no han perdido la oportunidad de fustigar a Biden y los demócratas por la actual crisis en la frontera. Curiosamente, en una patente hipocresía, sus voces no se alzaron de igual manera cuando Trump recluía y separaba a familias y a menores con una política específicamente destinada para criminalizarlos y disuadirlos, vía el castigo de encarcelarlos y apartarlos de sus hijos.

La situación presente es ciertamente crítica, pero no está motivada por la patente xenofobia, racismo y manipulación política que caracterizó la política de Trump en cuestiones de inmigración y frontera.

En ese sentido, el gobernador de Texas Greg Abbott, cuyo estado tiene una muy extensa frontera con México y ha estado recientemente bajo durísimas críticas, no ha dejado de lado la oportunidad de usar la indudable crisis en la frontera para atacar al gobierno de Biden y para estigmatizar, nuevamente y sin fundamento, a los migrantes.

Abbott y otros funcionarios y legisladores de Texas (por ejemplo, Ted Cruz) recibieron duros reproches por el desastre que sufrió ese estado luego de que hace algunas semanas el sistema de electricidad de casi todo el estado se colapsó durante una tremenda tormenta invernal. Gran parte de Texas, estado en el que viven más de 29 millones de personas, sufrió por días apagones y cortes en el servicio de agua corriente en medio de temperaturas congelantes.

En tiempos de Biden. Migrantes detenidos en una instalación de la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza el pasado 20 de marzo de 2021, foto provista por el congresista demócrata Henry Cuéllar.  (Photo courtesy of the Office of Rep. Henry Cuellar via AP)
En tiempos de Biden. Migrantes detenidos en una instalación de la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza el pasado 20 de marzo de 2021, foto provista por el congresista demócrata Henry Cuéllar. (Photo courtesy of the Office of Rep. Henry Cuellar via AP)
En tiempos de Trump. Migrantes detenidos fuera de una oficina de la Patrulla Fronteriza en McAllen, Texas, el pasado 15 de mayo de  2019. (REUTERS/Loren Elliott)
En tiempos de Trump. Migrantes detenidos fuera de una oficina de la Patrulla Fronteriza en McAllen, Texas, el pasado 15 de mayo de 2019. (REUTERS/Loren Elliott)

Esa crisis exhibió que el sistema eléctrico del estado era inadecuado para enfrentar grandes heladas y que las autoridades texanas no hicieron lo suficiente para prevenirlo, ni pudieron actuar con prontitud para mitigar esa debacle, pese a que sabía (como se señaló en su momento) que ello podría suceder.

Ante ello, y al parecer para tratar de apuntalar la imagen de los republicanos (que controlan el gobierno estatal en Texas) y del propio Abbott, el gobernador determinó levantar el mandato de usar mascarillas contra el covid-19 y relajó aún más las restricciones contra la pandemia. Algo que fue considerado prematuro y de alto riesgo, pues si bien la vacunación avanza de modo importante, nuevas variantes más contagiosas del coronavirus se difunden en el país y existe el riesgo de que se pierda lo ganado en la lucha contra la pandemia y se dé una nueva oleada de infecciones, hospitalizaciones y muertes.

Abbott siguió adelante en una suerte de huida hacia adelante, pues es de suponer que al caer en la cuenta que la debacle de los apagones habría mermado su posición ante toda la población, incluidos republicanos, optó por una medida que sería del agrado de esos últimos aunque fuese denostada por demócratas e independientes, pues poco es lo que Abbott estaría dispuesto o en capacidad de hacer para congratularse con ellos. El fin del mandato de las mascarillas fue así un gesto de Abbott hacia el votante republicano, que ciertamente es aún mayoría en Texas pero estaba en riesgo de erosionarse aún más. En todo caso, muchos censuraron que decisiones de salud pública de tal magnitud se dieran por razones meramente político-partidarias.

Algo similar ha sucedido con su respuesta, y la de otros republicanos, ante la indudable crisis migratoria en la frontera. Con ecos de la estigmatización que Trump ha hecho de los migrantes, Abbott dijo que el gobierno de Biden estaba liberando en Estados Unidos a cientos de migrantes contagiados de covid-19, una afirmación exagerada que, con todo, implica presentar a esos migrantes como foco de infección y una amenaza para la salud pública.

Un  agente de la Patrulla Fronteriza custodia a migrantes, incluidos  menores, que cruzaron la frontera en la localidad de Roma, Texas, este 24 de marzo de 2021. (AP Photo/Julio Cortez)
Un agente de la Patrulla Fronteriza custodia a migrantes, incluidos menores, que cruzaron la frontera en la localidad de Roma, Texas, este 24 de marzo de 2021. (AP Photo/Julio Cortez)

Ello resulta equívoco y, por añadidura, nuevamente hipócrita porque puede decirse que la terminación del mandato de mascarillas en Texas sería un riesgo de salud pública mayor que lo que los migrantes puedan representar en relación de la pandemia de covid-19.

Y si se considera que Abbott rechazó recibir fondos federales que cubrirían los costos de realizar pruebas de detección del covid-19 a los migrantes y de mantenerlos en aislamiento si dan positivo, su postura al respecto no se sostiene.

Pero estigmatizar a los migrantes y tapar el sol con un dedo, criticando a Biden de pasada, le sería útil políticamente a Abbott aunque ello no necesariamente tenga que ver con la realidad o la veracidad.

En paralelo, Abbott le envió una carta a Biden en la que acusa de haber “envalentonado a peligrosos cárteles, contrabandistas y traficantes de personas para incrementar sus operaciones criminales” y le exigió que se investigue los cruces fronterizos para “proteger a las víctimas de tráfico humano”, desmantelar a los “perpetradores de ese horrendo crimen y asegurar que las políticas federales no permitan ni incentiven ese comportamiento”.

Un menor migrante que cruzó solo la frontera se entrega a un agente de la Patrulla Fronteriza en Roma, Texas, este 24 de marzo de 2021. (AP Photo/Julio Cortez)
Un menor migrante que cruzó solo la frontera se entrega a un agente de la Patrulla Fronteriza en Roma, Texas, este 24 de marzo de 2021. (AP Photo/Julio Cortez)

Proteger a las víctimas y detener a los traficantes de personas son medidas imperativas y urgentes en todo momento, pero Abbott incurre en distorsiones cuando afirma que las políticas de Biden en relación a la frontera habrían sido un incentivo para los grupos delictivos que lucran con el tráfico humano.

La presente crisis en la frontera es ciertamente el resultado de un mayor flujo de personas que cruzan, pero eso no fue directamente incentivado por las políticas de Biden, que no han sido sino revertir los aspectos más crueles e inhumanos de las políticas del gobierno de Trump, quien en su afán de criminalizar a los inmigrantes creó condiciones infrahumanas.

Es cierto que la actual administración parece haber sido desbordada y debe responder de una manera distinta, y quizá no se preparó adecuadamente, para el presente flujo de migrantes, algo que era previsible cuando se percibió que el nuevo gobierno estadounidense no iba a reincidir en las políticas criminalizantes, xenófobas e inhumanas de Trump. La insuficiencia de la infraestructura para albergar migrantes, sobre todo de menores, ciertamente operó en contra de Biden, aunque eso sea una herencia del final del gobierno de Trump, cuando en el contexto del covid-19 se restringieron los cruces, de todo tipo, en la frontera.

Los traficantes de personas son ciertamente un vector ominoso y depredador que debe ser frenado, pero adjudicarles a estos y sus operaciones criminales toda la responsabilidad por el incremento del flujo de migrantes no considera la totalidad y complejidad del fenómeno migratorio .

Una mujer muestra un cartel en apoyo de los menores migrantes detenidos frente al Centro de Convenciones Kay Bailey Hutchison, en Dallas, el pasado 23 de marzo de 2021. (AP Photo/LM Otero)
Una mujer muestra un cartel en apoyo de los menores migrantes detenidos frente al Centro de Convenciones Kay Bailey Hutchison, en Dallas, el pasado 23 de marzo de 2021. (AP Photo/LM Otero)

Se ha dicho que, en efecto, esos traficantes han esparcido desinformación que ha hecho creer a muchos que la frontera estaba abierta o era al menos más porosa que con Trump, o que hizo pensar que Biden recibiría a los nuevos migrantes sin restricción. La admisión de los solicitantes de asilo que esperaban en México (una acción de clara humanidad y justicia) habría también reforzado la noción de que el gobierno federal sería ahora más benevolente hacia los migrantes, aunque en realidad esa medida solo se aplicó a los migrantes que ya habían sido previamente procesados y esperaban en México la resolución de sus casos. Para el resto de los cruces irregulares, la frontera sigue cerrada.

Y, finalmente, el flujo de migrantes, que ha sido y será intenso, tiene su origen en las tremendas asimetrías entre el norte y el sur, en la demanda de mano de obra barata que ingentemente necesita Estados Unidos y que es satisfecha en buena medida con el trabajo de inmigrantes, y también en las condiciones de extrema pobreza, desesperanza e inseguridad que se sufren en los lugares de origen de los migrantes, circunstancias que no están desconectadas de los efectos nocivos de la globalización y el cambio climático, que han tenido en Estados Unidos uno de sus mayores motores.

Por ello, solo con políticas integrales, que atiendan los problemas dentro de Estados Unidos, en la zona fronteriza y en los países de origen de los migrantes para que ellos dejen de estar atrapados en la urgencia de emigrar para sobrevivir, podrá ser atendido de modo efectivo, justo y humano el fenómeno de la migración.

Utilizar el tema como ariete contra el rival partidario posiblemente dé dividendos políticos a quien lo haga, pero ello no colabora a la solución de la presente crisis, de la situación general en materia de inmigración y frontera ni tampoco impulsa el bienestar de los estadounidenses.

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