¿Demasiado radicales para vencer a Trump? Los progresistas demócratas creen que es justo lo que se necesita

En el debate de aspirantes presidenciales demócratas fue patente una disputa que delinea el alma y la tensión interna de ese partido: Bernie Sanders y Elizabeth Warren enfrentaron críticas de los aspirantes moderados, quienes plantearon que las propuestas y posiciones del ala izquierda del Partido Demócrata, son demasiado extremas y arrojarían a muchos votantes hacia la abstención o, incluso, hacia Donald Trump.

Sanders y Warren, en cambio, defienden que sus ideas de transformación son justo lo que se necesita para generar el apoyo ciudadano que permita ganar las elecciones de 2020 y devolverle la Casa Blanca a los demócratas.

Los progresistas Bernie Sanders y Elizabeth Warren, dos viejos amigos, se saludan después del debate entre aspirantes a la nominación presidencial demócrata del 30 de julio del 2019 en Detroit. Lejos de tirarse dardos entre ellos, Warren y Sanders, que cortejan el mismo tipo de votante progresista, formaron un frente común y se fajaron con los candidatos moderados que los acusan de ser demasiado radicales. (AP Photo/Paul Sancya)

La noción de que el potencial de un candidato para ser elegido presidente se basa en apartarse de los extremos y atraer a los moderados de su propio partido, a los independientes e incluso a los moderados del partido rival soporta la lógica de que el radicalismo de Sanders y Warren no sería bien recibido por el general de los votantes. Es lo que, por ejemplo, mantiene al exvicepresidente Joe Biden como puntero en las encuestas demócratas y a las magras esperanzas de los republicanos que le disputan la candidatura a Trump.

Bernie Sanders cuenta con un numerosa y dinámica base de apoyo, que lo ha seguido desde 2015. Los jóvenes son una pieza central en ello. (AP/Paul Sancya)

Movilización o miedo

En contraste, tanto Sanders como Warren defienden, en variados grados, la urgencia de cambios mayores y programas de gran calado, señalando que solo planteamientos ambiciosos y transformadores (revolucionarios, indica Sanders) lograrán movilizar a los votantes, sobre todo los jóvenes, los indecisos y los que residen en estados clave que votaban tradicionalmente por los demócratas pero optaron por Trump en 2016.

Solo con el electorado usual, se desprende de ese planteamiento, no habría impulso suficiente para frenar a Trump (la derrota de Hillary Clinton en 2016 habría sido una muestra de ello).

Por ello, el radicalismo de Sanders, que algunos consideran que lo haría inelegible en la elección general, en la lógica del movimiento progresista sería justo lo que permitirá, al suscitar un gran movimiento ciudadano de base, derrotar a Trump en las elecciones de 2020.

Sanders y Warren, así, están decididos a avanzar de modo sustantivo en su agenda progresista –el citado sistema público gratuito y universal de salud, conocido como Medicare for All, el jaque a la voracidad corporativa y el alza de impuestos a los más ricos para mitigar la desigualdad y propiciar una economía y sociedad más justas, el acceso gratuito para todos a las universidades públicas y a los servicios de cuidado infantil, y una transformación de gran calado para propiciar energías limpias y contener el cambio climático, por citar algunos temas– y han respondido a sus críticos que no tiene sentido buscar la candidatura a la presidencia de EEUU con el mensaje de lo que no se puede hacer o aludiendo al miedo de ser vencidos.

Seguidores de Elizabeth Warren con un eslogan que sumariza el afán de esa aspirante presidencial demócrata: plantear propuestas de cambio sustantivo y luchar por ellas a gran escala. (AP/Cliff Owen, File)

Sanders, por ejemplo, rechazó la afirmación de que no podría ganarle a Trump en la elección general con datos puntuales: en prácticamente todas las encuestas recientes en lad que se le empareja con el presidente, Sanders está adelante, en varias de ellas por amplio margen, de acuerdo a datos de RealClearPolitics.

Y en lo específico de la primaria demócrata, la suma del respaldo en las encuestas que tienen Sanders y Warren (es decir el ala más progresista) es del orden del 30%. El segundo tercio lo tiene Biden y el resto se distribuye sobre todo entre Kamala Harris, Pete Buttigieg y una docena más de aspirantes. Los más activos críticos de Sanders en el debate, los moderados demócratas John Delaney, John Hickenlooper y otros, apenas si alcanzan 1% en las encuestas nacionales.

Así, el beneficiario de los ataques a Sanders y Warren sería, en ese sentido, Biden (quien es el principal moderado demócrata en la contienda) aunque el exvicepresidente enfrenta sus propios retos y obstáculos.

El exvicepresidente Joe Biden es el puntero en el proceso primario demócrata con una agenda centrista por excelencia. (AP/Darron Cummings)

Y, en realidad, pese a la retórica de unos y otros, hasta el momento el ala progresista de los demócratas mantiene el paso de modo consistente e, incluso, la suma de los apoyos de Sanders y Warren se han incrementado significativamente: según RealClearPolitics alcanzaban unidos el 21% a finales de enero pasado y ahora, seis meses después, suman 30.5%.

Si ese es su techo o lograrán más apoyos conforme se vaya decantando la contienda demócrata (y en algún momento, ciertamente, Sanders y Warren habrán de competir entre sí) no es aún claro, pero su tendencia es al alza. Máxime cuando ambos han mostrado combatividad, arrastre ciudadano e interés mediático a gran escala.

Estados decisivos

Al final, la elección presidencial de 2020, como varias anteriores, se definirá en un puñado de estados indecisos, presumiblemente los mismos que Trump le arrebató al Partido Demócrata en 2016 (Pensilvania, Michigan, Wisconsin) con la posible adición de algunos que han sido muy competitivos en tiempos recientes o han progresado fuertemente hacia ello, como Arizona y Florida.

En ese sentido, Sanders recordó en el debate a sus críticos que en 2016 él ganó las elecciones primarias demócratas en Michigan y Wisconsin, y que en general supera ahora a Trump en las encuestas.

La noción de que un candidato de izquierda podría alejar a los votantes existe, si bien ante el imperativo demócrata de vencer a Trump también es plausible que Sanders o Warren tendrían el respaldo de los moderados y centristas, sobre todo en los estados decisivos citados.

Beto O’Rourke, por ejemplo, en buena medida defendió su viabilidad como candidato al afirmar que él podría capturar Texas para los demócratas y con ello trastocar todo el esquema de votos electorales arriba citado.

Ciertamente Texas se ha vuelto cada vez más competitivo y algunos creen que en 2020 podría ser por primera vez en décadas un estado en disputa tras una larga dominación republicana.

Pero si bien O’Rourke tiene la ventaja de ser texano, otros candidatos podrían también concitar, siguiendo esa hipótesis, votos suficientes para volcar Texas de color azul. Sanders y Warren, con su impulso entre los jóvenes, podrían lograrlo y también sería el caso de Biden.

En todo caso, los datos de encuestas en Texas que empatan a Trump con aspirantes demócratas (como la de Quinnipiac de junio pasado) revelan que Biden vencería allí a Trump por 4 puntos, mientras que Sanders y O’Rourke perderían por 3 puntos. Si se considera el margen de error el escenario es ciertamente muy competitivo y aún cargado de incertidumbres.

Los moderados demócratas en su crítica a sus compañeros progresistas buscan en cierto modo neutralizar la retórica de Trump, quien pretende presentar a todo el Partido Demócrata como una entidad radical y extremista apelando al voto del miedo y a animadversiones ideológicas.

Pero en ese sentido, como en el pasado debate dijo Buttigieg de manera punzante, los republicanos tacharán a los demócratas de ser “locos socialistas” sea cual sea la agenda que defiendan pues eso, al parecer, es un componente clave de la estrategia polarizante republicana de cara a 2020.

Los 10 precandidatos presidenciales demócratas que debatieron el pasado martes 30 de julio en Detroit (otros 10 fueron programados para el miércoles 31 de julio): Marianne Williamson, Tim Ryan, Amy Klobuchar, Pete Buttigieg, Bernie Sanders, Elizabeth Warren, Beto O'Rourke, John Hickenlooper, John Delaney y Steve Bullock (AP/Paul Sancya)

El “alma demócrata”

Así, lo que al final está en juego es la definición misma del rumbo del Partido Demócrata no solo para esta elección y para encarar a Trump sino más allá. Y es justo allí donde Sanders, por ejemplo, tiene una singular ventaja: ha probado ser capaz de concitar entusiasmo y movilización a enorme escala, sobre todo entre los jóvenes que marcarán el futuro político, un factor clave para encarar a la base también muy activa y entusiasta de Trump pero, también para impulsar cambios de gran calado que requiere el país.

Por el momento, Sanders y Warren se han mostrado como dos aspirantes demócratas que proponen y optan por planteamientos osados y ambiciosos, mientras sus rivales moderados agitan la bandera de que esos planes son imposibles o meramente idealistas.

Los progresistas responden, en cambio, que sus propuestas están fundadas en problemas muy reales y en la urgencia de atenderlos y que no se podrá, por lo pronto, vencer a Trump con medias tintas.

Eso no obstante a que, por lo pronto, quien más convence en el proceso primario sea Biden, quien aunque ha visto un tanto mermadas las preferencias a su favor aún es el puntero con un discurso moderado que atrae a amplios sectores demócratas y parece capturar a sectores indecisos e incluso conservadores moderados en detrimento de Trump.

Para Trump, cuya candidatura es firme en el Partido Republicano, mientras mayor confrontación se dé entre los demócratas mejor.

Es aún temprano en el proceso primario demócrata y mucho puede aún suceder. Lo que es indudable es que tanto progresistas como moderados cuentan con fuertes respaldos y que habrá que esperar a una mayor decantación entre los aspirantes para que comience a aclararse mejor el panorama de posibilidades y preferencias, en el entendido de que, a fin de cuentas, será en las votaciones primarias de 2020 cuando esa dicotomía se pondrá a examen.