El extraño origen de la obsesión de Trump por la hidroxicloroquina

Nick Robins-Early
(Photo: ILLUSTRATION: DAMON DAHLEN/HUFFPOST; PHOTOS: GETTY IMAGES)

La obsesión del presidente estadounidense Donald Trump con la hidroxicloroquina, el medicamento contra la malaria que quiere utilizar contra el coronavirus, pudo nacer en parte gracias a un autodenominado filósofo afincado en China que defiende a los supremacistas blancos y el antisemitismo y que dice que la cloroquina es “un medicamento nazi que ha venido para enseñarles una lección a las izquierdas sobre el sesgo”.

Semanas antes de que Trump promocionara el medicamento por primera vez, una conversación en Twitter sobre la hidroxicloroquina entre el “filósofo” Adrian Bye y dos inversores en criptomonedas desató una cadena de acontecimientos que provocaría que Elon Musk, los expertos de Fox News y Trump prestaran atención a este medicamento de eficacia no demostrada.

Trump ha promocionado la hidroxicloroquina como “una de las mayores revoluciones en la historia de la medicina” y y ha impulsado su uso contra el coronavirus. Ha preguntado en público y en privado por ella hasta que hace poco empezó a mencionarla a diario, y la Administración Trump presuntamente ha presionado a las autoridades sanitarias para que la distribuyan pese a que existen dudas sobre su seguridad. El extraño camino que siguió el medicamento para llegar hasta Trump engloba una peligrosa red de fuentes cuestionables tendida entre los medios de información de derechas y el presidente.

El 11 de marzo, los inversores en criptomonedas Gregory Rigano y James Todaro reflexionaron en Twitter ante su entonces pequeño número de seguidores sobre los tratamientos para la Covid-19 y las potenciales muertes que podía causar. Bye, que dice que lleva varios años viviendo en los Montes Wudang de China central y entrevistaba en el pasado a “líderes del pensamiento” sobre tecnologías para su empresa emergente, respondió a uno de los tuits de Todaro acerca del virus. 

“La cloroquina mantendrá a todo el mundo fuera del hospital. Estados Unidos todavía no se ha enterado”, dijo Bye a Todaro. 

Tengo muchos amigos que son supremacistas blancos, pero yo no lo soy. He aprendido cosas de ellos porque tienen ideas importantes que necesitamos comprender Adrian Bye, autodenominado filósofo

Los tres conversaron sobre estudios médicos y sobre un vídeo de YouTube que trataba de la cloroquina. Según ha informado el medio Politico, Rigano pidió a Bye más información sobre la cloroquina y datos sobre su uso antes de contar a Todaro y a Bye el 12 de marzo que publicaría un informe al día siguiente revisado por un eminente científico.

“Gracias, James y Adrian, sois la leche”, tuiteó Rigano. 

El 13 de marzo, Rigano y Todaro promocionaron la cloroquina en un artículo autopublicado y sin revisar que afirmaba falsamente estar afiliado con la Universidad de Stanford, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y la Universidad de Alabama. (Las tres instituciones negaron a la edición estadounidense del HuffPost cualquier relación con el artículo y Google posteriormente eliminó el documento de su plataforma por violar sus términos de servicio). El artículo se apoyaba en un estudio francés que ha sido muy criticado por científicos y por el propio editor de la revista en la que fue publicado por su discutible metodología.

Bye se quejó en Twitter de que el artículo de Todaro y Rigano no le mencionaba: “Fui yo quien os habló de la cloroquina y vosotros ni siquiera me habéis mencionado”. También manifestó sus dudas sobre los hallazgos del estudio. Rigano respondió minutos después que le habría gustado pedirle permiso para incluirle en el artículo, pero que “el tiempo era esencial” y le pidió a Bye que le mandara su dirección de correo electrónico. El artículo fue actualizado para incluir un reconocimiento a la aportación de Bye.

El artículo, con sus grandiosos descubrimientos y su falsa afiliación a instituciones prestigiosas como Stanford, se hizo viral y llegó por Twitter a millones de personas gracias a capitalistas de riesgo y al director general de Tesla, Elon Musk, y ninguno de ellos pareció cuestionar los métodos ni las fuentes. Fox News y otros medios de derechas se abalanzaron sobre el artículo y enaltecieron el medicamento como una solución rápida contra el virus. El presentador y consejero extraoficial de Trump, Tucker Carlson, invitó a Rigano a su programa en prime time en calidad de asesor de la Universidad de Stanford y afirmó: “Lo que vamos a anunciar aquí hoy es la segunda cura conocida de toda la historia contra un virus”. Rigano recibió un trato similar por parte de Glen Beck, presentador de un programa de radio de derechas y de la presentadora de Fox News Laura Ingraham, quien se reunió en privado con Trump a comienzos de abril para promocionar el medicamento.

Hay ensayos clínicos en marcha sobre la hidroxicloroquina, pero su eficacia no está clara y no hay pruebas para que se hable de ella como la 'cura'

Al día siguiente de aparecer Rigano en el programa de Carlson, Trump mencionó el medicamento por primera vez en una sesión informativa y, a lo largo de los días siguientes, lo siguió impulsando. Se consideró a sí mismo un “gran fan” de la hidroxicloroquina y pregonó que podía ser un medicamento “revolucionario”, pese a que el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos (NIAID), pidiera cautela por las pruebas anecdóticas que existen en torno a su eficacia.

Aunque Rigano y Todaro fueron quienes introdujeron la idea de la hidroxicloroquina en la mente de Trump, el medicamento ya estaba siendo estudiado antes de que estos realizaran las declaraciones sobre su gran eficacia que atrajeron la atención de la gente. Es cierto que hay ensayos clínicos en marcha sobre la hidroxicloroquina, pero su eficacia no está clara y no hay pruebas para que se hable de ella como la “cura”. Un estudio reciente realizado por Veterans Affairs y otros investigadores académicos que aún está pendiente de revisión ha asociado el uso de este medicamento a una mayor tasa de letalidad por coronavirus que entre los pacientes que no fueron tratados con el medicamento, lo que ha suscitado inquietud por su uso y ha provocado quejas de grupos defensores de veteranos. Otro estudio publicado esta semana en la revista académica Journal of the American Medical Association ha descubierto que los pacientes tratados en Nueva York con hidroxicloroquina no mostraron ninguna mejoría con respecto a los demás pacientes. Hay otra investigación que trata de averiguar si su uso en etapas tempranas de la infección es efectivo.

La Agencia de Medicamentos y Alimentación de Estados Unidos advirtió en abril que la hidroxicloroquina no debía ser utilizada fuera de ensayos clínicos u hospitales por sus posibles efectos adversos, como un ritmo cardíaco anormal. Un científico del Gobierno de Estados Unidos puso una denuncia en la que afirmaba que sufrió presiones para distribuir el medicamento y que fue destituido por negarse.

Los hombres que hay detrás de la ‘cura milagrosa’

Bye, Rigano y Todaro son fuentes cuestionables en materia sanitaria y en lo que respecta al tratamiento del coronavirus. Ni Bye ni Rigano son médicos (de hecho, el propio Bye ha reconocido que no está cualificado para hablar de medicina) y Todaro estudió Medicina, pero se dedicó a emprender.

Además de su falta de conocimientos médicos, Bye se ha mostrado afín en varias ocasiones a ideologías intolerantes de extrema derecha, ha publicado tuits antisemíticos, ha interactuado con supremacistas blancos como Richard Spencer y tuiteó un enlace de una web australiana que promueve la negación del Holocausto. En un hilo, se quejó de que los judíos estaban haciéndose con el control de “importantes centros de poder”, especuló sobre “el coeficiente intelectual verbal de los judíos” y preguntó si alguien se había “leído siquiera el Mein Kampf”. También ha dicho: “Mi afición es investigar sobre los judíos. Me resulta muy agradable”.

Bye también habló sobre la cloroquina en marzo en un podcast de Jean-François Gariepy, un supremacista blanco canadiense que, según The Daily Beast, está acusado de intentar dejar embarazada a una adolescente discapacitada mientras su condición de inmigrante legal en Estados Unidos estaba siendo impugnada.

“No soy supremacista blanco, en absoluto. Tengo muchos amigos que lo son y que sienten simpatía por ellos, pero yo no lo soy. He aprendido cosas de ellos porque tienen ideas importantes que necesitamos comprender”, se justificó Bye ante Gariepy. Bye afirmó que había investigado la cloroquina “utilizando la filosofía” y que el coronavirus iba a “destruir el feminismo”. También afirmó que sufre trastorno del espectro autista.

En un extenso correo enviado a la edición estadounidense del HuffPost, Bye negó ser antisemita o supremacista blanco, confimó la existencia del Holocausto y condenó la violencia.

“Creo que tanto los supremacistas blancos como los judíos tienen ideas importantes y es necesario entender la verdad directamente a través de ellos, no solo mediante titulares del lado opuesto que los califican de ‘malignos’. Yo soy un crítico del poder que tienen los judíos y seguiré siéndolo”, escribió.

“Dejé de publicar cosas sobre la hidroxicloroquina hace tiempo porque no soy médico ni científico y creo que la validez de las pruebas la deben decidir los médicos y los científicos”, reconoció.

Entre tanto, Rigano siguió afirmando falsamente ser asesor de la Universidad de Stanford y apareció en múltiples medios de derechas luciendo ese título, que también exhibe en su biografía de Twitter. Rigano asegura haber trabajado con Vladimir Zelenko, un médico famoso entre los medios de derechas, y con distintos colaboradores de Trump. Resulta que hay varios fiscales investigando a Zelenko por haber asegurado falsamente que ha recibido la aprobación federal para realizar un estudio con un medicamento contra el coronavirus.

Un científico del Gobierno de Estados Unidos afirma que sufrió presiones para distribuir el medicamento y que fue destituido por negarse

A medida que se han acumulado las dudas sobre la hidroxicloroquina y sus potenciales efectos adversos, algunos medios de derechas han frenado su incesante promoción del medicamento. Fox News y la Fox Business Network ―que mencionó la cloroquina o la hidroxicloroquina más de 1300 veces entre mediados de marzo y finales de abril, según datos del Washington Post― han dejado de centrarse en el medicamento. Rigano no ha vuelto a aparecer en el programa de Carlson ni en el de Ingraham.

Todaro ha comenzado recientemente a manifestarse contra el confinamiento y ha aparecido en el programa de radio del teórico de la conspiración Jerome Corsi. Bye anunció el mes pasado que el centro de atención de sus tuits va a dejar de ser la cloroquina para pasar a “problemas globales más importantes”. Ahora sigue tuiteando cosas sobre los judíos y las criptomonedas.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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