El enfrentamiento entre dos aficiones rivales que hizo tambalear al Imperio bizantino

A lo largo y ancho de todo el planeta y a través de la Historia muchas y diversas han sido las rivalidades deportivas surgidas entre las aficiones de diferentes equipos y deportes. Por ejemplo en remo encontramos el enfrentamiento entre las universidades de Oxford y Cambridge, en Inglaterra, y si nos trasladamos al mundo del béisbol las tenemos con los legendarios equipos Yankees de Nueva York y Red Sox de Boston, en EEUU. En el denominado deporte rey hay numerosos ejemplos, como el del Futbol Club Barcelona y el Real Madrid en España o la rivalidad, en el conocido como ‘superclásico argentino’, entre los equipos del Boca Juniors y el River Plate.

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Pero este antagonismo entre las aficiones de diferentes equipos no es algo que hubiese surgido en un tiempo reciente, sino que si echamos la vista atrás muchos siglos ya encontramos como se formaban fracciones entre seguidores de diferentes atletas durante los Juegos Olímpicos de la antigüedad en Grecia e incluso entre los asistentes a los espectáculos de carreras de cuádrigas.

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Es precisamente sobre la rivalidad entre dos fracciones de aficionados a las carreras de carros lo que protagonizó uno de los momentos históricos más delicados en época del Imperio Bizantino.

Para ello debemos ir hacia atrás quince siglos y situarnos en Constantinopla (actual Estambul y antigua capital del Imperio romano de Oriente) donde en el año 532 tuvo lugar una serie de disturbios que enfrentaban a dos numerosos grupos de seguidores de equipos que competían en las carreras de caballos.

Por aquel entonces los equipos no tenían un nombre específico, como ocurre actualmente, y cada fracción de aficionados eran conocidos por un determinado color: ‘los Verdes’ y ‘los Azules’, ya que las ropas de quienes competían en las cuadrigas vestían con esos colores.

Pero la rivalidad entre ambos grupos no solo era deportiva, sino también política, ya que cara fracción pertenecía a una clase social diferente. Los Azules estaban integrados por miembros de la aristocracia y terratenientes, muy próximos a las tesis del entonces emperador, Justiniano I. Entre los Verdes abundaban los pequeños burgueses y comerciantes.

Eso sí, tanto en uno como el otro bando podía haber miembros que pertenecían a la clase social contraria, pero mayoritariamente era de ese modo como estaban divididos. También influía la fracción religiosa que profesaban. Azules eran cristianos (la religión oficial del Imperio) mientras que Verdes eran monofisitas (creían en Jesús como Ente Divino pero no humano).

La amalgama de asuntos que enfrentaban a ambas aficiones, no solo en el plano deportivo, provocó que en el año 532 se fuera tensando las cosas entre los dos grupos y con la excusa de la rivalidad deportiva, y una discusión iniciada en el hipódromo por asuntos de discrepancias políticas , acabo con el estallido de una revuelta que ha pasado a la historia como ‘los Disturbios de Niká’. El término ‘Niká’ fue el grito que proferían los manifestantes y cuyo significado era ‘Victoria’.

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Nombramientos políticos que no habían sido del agrado de los ciudadanos y, sobre todo, una subida drástica de impuestos, provocaron el descontento general de ambas fracciones contra el propio emperador los cuales acabaron teniendo un acalorado enfrentamiento que se trasladó hasta las inmediaciones del palacio de Justiniano I, solicitando el cese de los nuevos consejeros e incluso la dimisión de éste.

Eran unas protestas que iban más allá del tema político, deportivo o religioso, llegando a un momento en el que los miembros de ambas fracciones se dieron cuenta que tenían más cosas en común que los unían contra el emperador que los asuntos mundanos que los dividían. Incluso, ante la evidencia de Justiniano I no renunciaría al trono, se llegaron a poner de acuerdo para nombrar al noble Flavio Hipacio como nuevo emperador del imperio.

La revuelta provocó numerosos altercados en edificios públicos y peleas callejeras de los Verdes y Azules unidos contra las fuerzas del orden de Justiniano, comandadas por el célebre general bizantino Flavio Belisario.

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Éste, para acabar con los disturbios y ante el engaño de que Flavio Hipacio era el nuevo emperador, mando reunir a los cabecillas de ambas fracciones en el hipódromo (lugar donde se había originado la rebelión ciudadana) con el pretexto de solucionar el conflicto. Pero hasta allí no solo se presentaron los líderes de la revuelta sino que fueron acompañados por una turba de, aproximadamente, treinta mil personas (según algunas fuentes).

Una vez en el hipódromo, el general Belisario mandó a la guardia imperial acabar con la vida de los rebeldes y aquello se convirtió en una auténtica masacre, muriendo asesinados la mayoría de los insurgentes que hasta allí habían llegado. Acto seguido, Justiniano mando dar caza a Flavio Hipacio y ejecutarlo.

De este modo fue como se sofocó un curioso e histórico enfrentamiento entre dos aficiones rivales que comenzó en el hipódromo por unas disputas en las carreras de cuadrigas y que hizo tambalear al Imperio bizantino, con el resultado de una masacre con treinta mil personas asesinadas.

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