El Ejército Ruso que luchó durante la IIGM junto a la Wehrmacht para derrocar el comunismo en la URSS

El Ejército Ruso que luchó durante la IIGM junto a la Wehrmacht para derrocar el comunismo en la URSS (imagen vía Wikimedia commons)

No solo de alemanes altos, rubios y arios se formó el Ejército Alemán del Tercer Reich en el que el nazismo, durante la Segunda Guerra Mundial, pretendió hacerse con el control de medio planeta, sino que la Wehrmacht tuvo en sus filas a un gran número de voluntarios de diversas nacionalidades, culturas e incluso confesiones religiosas.

Todos ellos tenían un objetivo en común: luchar contra la expansión del comunismo soviético; de ahí que un país supuestamente neutral como España mandase a su conocida ‘División Azul’ e incluso numerosos africanos y asiáticos lucharan al lado de los nazis.

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Uno de los grandes fracasos de Hitler durante la IIGM fue su fallida Operación Barbarroja (entre junio y diciembre de 1941) con la que pretendía invadir la Unión Soviética. Muchos fueron los rusos anticomunistas que vieron con decepción la derrota alemana y no quisieron resignarse a tener que vivir bajo un régimen bolchevique, por lo que se alistaron como voluntarios a la Wehrmacht, creándose así un Movimiento de Liberación de Rusia formado tanto por ciudadanos que nunca habían tenido vinculación alguna con el mundo militar como por soldados del Ejército rojo que habían decidido desertar (por discrepancias políticas e incluso personales con sus superiores) y un nutrido grupo de exmilitares pertenecientes al desaparecido Ejército Blanco que un par de décadas atrás habían luchado contra los bolcheviques en la Revolución de Octubre y posterior Guerra Civil Rusa.

Los miembros de ese ejército extraoficial formado por anticomunistas rusos fueron integrados en diferentes unidades del Ejército Alemán. No se sabe a ciencia cierta el número de voluntarios rusos que se unieron pero se calcula que fueron varios cientos de miles.

Miembros del Ejército de Liberación de Rusia (Imagen vía Wikimedia commons)

Todo cambió en 1944 cuando se puso al frente de este movimiento el general Andréi Vlásov, un experimentado y condecorado militar que había pertenecido al Ejército Rojo que había desertado tras ser apresado (en 1942) por la Wehrmacht y se puso al servicio de ésta.

Los nazis, debido a la gran experiencia de Vlásov, pusieron a su disposición a un buen número de voluntarios rusos para que formase un ejército de antibolcheviques rusos.

Previamente se concertó una entrevista en Berlín entre el militar ruso y Joseph Goebbels, Ministro de propaganda del Tercer Reich que vio en la creación del ROA (acrónimo de Rússkaya Osvobodítelnaya Ármiya: ‘Ejército de Liberación de Rusia’, aunque en ruso se utilizaba POA).

Reunión en Berlín entre Joseph Goebbels y Andréi Vlásov para crear el Ejército de Liberación de Rusia (Imagen vía Wikimedia commons)

El ministro alemán comunicó su satisfacción ante tal proyecto militar a Heinrich Himmler, Ministro de Interior y mano derecha del Führer, quienes dieron luz verde para que la ROA ser convirtiera en una unidad militar independiente dentro de la Wehrmacht.

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Evidentemente Goebbels debía también convencer a Vlásov para que se pusiera al frente y para ello le hizo una serie de ‘promesas’ de cara al prometedor futuro que le esperaba a los rusos afines con esa colaboración: tras lograr echar a los bolcheviques reconvertirían a Rusia en una república democrática, con estrecha colaboración con el Tercer Reich y el que el general ruso tendría un destacado cargo en el gobierno que se instaurase.

Para ello no solo se debía ganar militarmente (los alemanes sabían de la dificultad de emprender cualquier campaña bélica contra la URSS y más después del desastre de la Operación Barbarroja). Se debía convencer a ciudadanía rusa con campañas propagandísticas, algo de lo que Goebbels era un gran experto y que había demostrado a lo largo de la última década al frente del aparato propagandístico nazi.

Maniquí con uniforme de la ROA -POA en ruso- en el Museo Militar de Praga (Imagen vía Wikimedia commons)

Entre los planes estaba el lanzar desde aviones alemanes panfletos en los que animaban a los soldados del Ejército Rojo a desertar y a la población soviética a apoyarles en la causa contra el comunismo soviético.

Durante los siguientes meses el plan no funcionó tal y como habían planificado Goebbels y Vlásov. No se consiguió el número de apoyos esperados y el hecho de que el militar ruso reclamase más protagonismo para él hizo desconfiar a los nazis, que finalmente optaron por dar un papel muy segundario al ROA en el conflicto militar.

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Andréi Vlásov junto a sus colaboradores redactaron un documento en el que en catorce puntos se sentaban las bases de la que iba a ser la línea política del comité de liberación que lucharía por derrotar a Stalin y echar del poder a los comunistas.

Dicho documento fue leído por el propio Vlásov el 14 de noviembre de 1944 en lo que pasó a ser conocido como ‘Manifiesto de Praga’.

En él se prometía la igualdad para todos los pueblos de Rusia, la llegada de la libertad y democracia, la defensa de los trabajadores y la justicia social, la educación y atención médica gratuita, el estado de bienestar y la liberación de todos los presos políticos (por citar unos pocos puntos).

Dicho manifestó no fue del agrado de las jerarquías alemanas, debido a que en el mismo no se hacía ninguna referencia al ideario nacionalsocialista y a los principios antisemitas del Tercer Reich, algo que distanció posturas entre Vlásov y los nazis, quienes por orden del propio Hitler hicieron que el Ejército de Liberación de Rusia quedase relegado a una posición secundaria y sin apenas protagonismo ni capacidad de decisión.

Según avanzaba el conflicto bélico (ya en sus últimos meses) Vlásov se distanció totalmente del Reich alemán y contempló la posibilidad de convencer a parte de los Aliados (Estados Unidos, Reino Unido y Francia) para, una vez vencidos los nazis, luchar junto a ellos contra los soviéticos y derrotar a Iósif Stalin.

En mayo de 1945 se unió a la Resistencia Checa y luchó contra los nazis en la ‘Insurrección de Praga’ que se libró entre el 5 y el día 8 de ese mes, este último coincidiendo con el Día de la Victoria y fin de la Segunda Guerra Mundial.

Miembros de la ROA y la Resistencia Checa durante la ‘Insurrección de Praga’ contra los nazis (imagen vía Wikimedia commons)

Cabe destacar que durante las postrimerías de la IIGM gran parte de los miembros de la ROA fueron apresaros, tanto por los soviéticos como por otros ejércitos del bloque aliado. En el caso de Andréi Vlásov y otros miembros del Ejército de Liberación de Rusia fueron capturados por miembros del Ejército de Estados Unidos y en lugar de encarcelarlos y juzgarlos los entregaron a las fuerzas soviéticas para que éstas se hicieran cargo de ellos. Como es de suponer, tras un juicio sin garantía alguna fueron encontrados culpables de traición y ejecutados. Vlásov fue horcado el 2 de agosto de 1946.

Otros miembros de la ROA (mayoritariamente soldados) fueron llevados a campos de trabajo forzado  soviéticos (conocidos como gulags), algunos incluso asesinados antes de llegar allí. Diez años después (una vez fallecido Iósif Stalin), hubo una amnistía y los que continuaban con vida fueron liberados.

Fuentes de consulta e imágenes: feldgrau / russianculture / labrujulaverde /  / Wikimedia commons

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