El día que un productor le demostró a Lucía Méndez que no era intocable

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Existen todo tipo de leyendas en torno a las telenovelas que hicieron famosos a las grandes estrellas en su momento, y algunas permanecen en el recuerdo, no necesariamente por su trama, sino por sus controversias. 

LOS ANGELES - 1981: Singer Lucia Mendez poses for a portrait in 1981 in Los Angeles, California.  (Photo by Harry Langdon/Getty Images)
Lucía Méndez en 1981, el año que iniciaron las grabaciones de 'Vanessa'. (Harry Langdon/Getty Images)

Por ejemplo, ahí está 'Cuna de lobos', que iba a ser muy diferente a lo visto en pantalla (pero esa es una historia para otro día), o la versión de Bárbara Mori a la clásica 'Rubí' que hiciera Fanny Cano, o el escándalo que fue 'El Pecado de Oyuki', que ostenta el récord de ser el producto más caro en la historia de Televisa, que no consiguió levantar rating y acabó con la carrera protagónica de Ana Martin (esto también da para una nutrida historia).

El caso de Lucía Méndez en 'Vanessa' es de los más escandalosos, sobre todo porque vino a sentar un precedente entre estrellas: no importaba que tan alto hubieras llegado, una patada del productor podía mandarte hasta el fondo, derechito y sin miramientos, sin importar qué tan conectado o influyente creas que estás: donde manda productor, no gobierna estrellita marinera.

Todo esto sucedió cuando en el otoño de 1981 al genio chileno de la telenovela, Valentín Pimstein, se le ocurrió la idea de reunir a Lucía Méndez, quien llevaba algún tiempo retirada de las pantallas después del éxito espectacular y controversial de 'Colorina', con Héctor Bonilla —sin duda, ya desde entonces el mejor y más carismático actor de México—, quienes habían tenido una química incendiaria en 'Viviana' en 1978. Ese había sido el lanzamiento estelar de la Méndez y no había defraudado.

De este modo, Pimstein puso a su equipo a buscar una historia que pudiera funcionar para ambos, siendo la elegida 'Ídolo de trapo', un libreto escrito en Brasil por Antonio Teixeira, y que había sido emitido en portugués en 1975. Con algunos cambios a cargo de Luis Reyes de la Maza, el producto se convirtió en 'Vanessa', una historia con un triángulo amoroso como base, y mucha intriga.

Para redondear el elenco, se llamó a Rogelio Guerra (que había sido un hit en 'Los ricos también lloran'), la entonces debutante Angélica Aragón, Alejandro Camacho, Alma Delfina, Ana Silvia Garza y la formidable primera actriz Isabela Corona.

La trama no era nada del otro mundo: Vanessa Reyes es una muchacha virtuosa de bajos recursos y su padre y su hermano trabajan como ferrocarrileros. La muchacha es obrera en la fábrica de textiles propiedad de la ilustre millonetas Cecile Saint Michel, que tiene dos nietos, Pierre y Luciano (Guerra y Bonilla). Uno finge ser bueno y trabajador, pero en realidad es un degenerado y el otro es considerado un bohemio sin oficio ni beneficio, cuando en realidad tiene el corazón de oro.

Obviamente, como sucede en todos los melodramas, Vanessa acaba enamorada del primero, mientras solo ve como amigo al segundo, que además tiene una novia: Luisa (la Aragón) quen tiene celos terribles de la humilde Vanessa. Los problemas crecen cuando la protagonista queda embarazada, como es de rigor, del canalla Pierre, quien trata de hacerla abortar. Ella le cuenta la verdad a Luciano y este se casa con ella y reconoce como suya a la hija que esta tiene. Pero las cosas no tuvieron un final feliz o de cuento de hadas, porque la Méndez metió la pata hasta el fondo al creerse más lista que el productor y como este dijo: "en la telenovela la actriz o el actor es perfectamente prescindible: lo único que va en secuencia son la peluca y la ropa. Lo demás puede cambiarse de una escena a otra".

Es por ello que, en una escena en el penúltimo capítulo, Pierre le dispara por la espalda a Vanessa y así salió de la telenovela de la que era titular.

¿Qué cómo? Tal cual. Las actitudes caprichosas y la impuntualidad crónica de la Méndez para sus llamados acabaron por colmar el plato a los actores y técnicos y del director Raúl Araiza y Pimstein himself. Hay que recordar que ese año Verónica Castro estaba vetada por haberse ido a hacer una telenovela a Argentina, así que la Méndez se creía ama y señora de Televisa y por lo mismo, se consideraba a sí misma como indispensable o intocable y pues se le subieron los humos.

De hecho, después de la salida tan abrupta de Méndez de 'Vanessa', surgieron dos versiones del hecho y corrieron mares de tinta en periódicos y revistas del momento; por un lado estaba la versión de Pimstein, y por otra la de la Méndez. Según se registró en la autobiografía del productor chileno, fue porque recibió muchas quejas por parte del staff, y la gota que derramó el vaso fue que para el llamado de las últimas escenas la diva nada más no llegó.

Según Lucía, ella había amanecido enferma de bronquitis, le avisó a la producción que si al día siguiente se sentía mejor, se presentaría y harían las escenas faltantes. Hasta hoy, casi 40 años después, no se sabe a ciencia cierta si el productor aceptó esta justificación, pero lo cierto es que le ordenó a Araiza que pusiera el vestido y la peluca a una doble, y que le metieran un tiro por la espalda en el jardín para acabar con el personaje, si ya las tramas secundarias estaban cerradas. Bonilla y Guerra trataron de interceder por la Méndez, pero Pimstein estaba decidido y poco le importaba si esta actriz era o no una de las favoritas del "Tigre" Azcárraga o si tenía mucha influencia. Sobre advertencia no había engaño: ya se le había dicho a la señorita que si volvía a ausentarse o demorar, le iba a aplicar un correctivo.

El escándalo fue mayúsculo y la Méndez estuvo apartada de la pantalla casi tres años, hasta que volvió de la mano de Ernesto Alonso en 'Tú o Nadie' (con Andrés García) y nunca, nunca, nunca más volvió a trabajar con Pimstein, que le aplicó la humillación más grande (¡sacarla de una telenovela! ¡en el final!) pero también aprendió la lección, porque nunca más, se sabe, volvió a dejar colgada una producción. ¡Pero a qué precio!

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