El día en que la reina Isabel II se encontró sola en su alcoba con un plebeyo

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Según la versión oficial, el intruso del Palacio de Buckingham, Michael Fagan, estaba sentado al final de la cama de la reina Isabel II, descalzo y sangrando por una herida autoinfligida. Durante 10 minutos habló y la Reina escuchó, respondiendo ocasionalmente para calmar al hombre que, en otras circunstancias, podría haber cometido crímenes impensables. (Foto de Staff/Mirrorpix/Getty Images)
Según la versión oficial, el intruso del Palacio de Buckingham, Michael Fagan, estaba sentado al final de la cama de la reina Isabel II, descalzo y sangrando por una herida autoinfligida. Durante 10 minutos habló y la Reina escuchó, respondiendo ocasionalmente para calmar al hombre que, en otras circunstancias, podría haber cometido crímenes impensables. (Foto de Staff/Mirrorpix/Getty Images)

El 9 de julio de 1982, estando sola en su habitación, Isabel II vivió una experiencia increíble con un plebeyo de 30 años de edad.

¿Qué pasó?, ¿cómo es que pudo suceder?, ¿la reina estaba en sus cabales?, ¿en qué terminó la experiencia?

Hay dos versiones: la oficial y la del personaje masculino.

Aquí están.

El invasor de Buckingham

Michael Fagan, irlandés dedicado al arte de la pintura, tal parece que nació con habilidades trepadoras de edificios –y qué edificios-, ya que un mes antes de aquel julio de 1982 entró al palacio real de Buckingham que es la sede de la soberana del Reino Unido. Paseó por diversos espacios, contempló objetos, en fin… su recorrido hubiere sido el mismo de un personaje en visita oficial salvo por su forma de entrar a palacio y porque… se sentó en el trono real. Tal fue su desplante.

Michael Fagan, el intruso que accedió al dormitorio de la reina Isabel II en el Palacio de Buckingham en 1982, fotografiado en la Torre de Londres, Reino Unido, el 9 de febrero de 1985. (Foto de R. Brigden/Express/Hulton Archive/Getty Images)
Michael Fagan, el intruso que accedió al dormitorio de la reina Isabel II en el Palacio de Buckingham en 1982, fotografiado en la Torre de Londres, Reino Unido, el 9 de febrero de 1985. (Foto de R. Brigden/Express/Hulton Archive/Getty Images)

La interesante contemplación fue interrumpida por las alarmas que hicieron a Fagan huir del lugar, aunque sin el acoso de la guardia pues esta pensó que se trataba de una falsa alarma.

La visita a la reina en su alcoba

El 9 de julio de 1982 Michael Fagan volvió a hacer uso de sus artes trepadoras, solo que –según versiones- esta vez estimulado por drogas. Otras versiones apuntan que su vida personal y conyugal estaba en crisis y concluyó que lo mejor era poner su caso en manos de su soberana; familiares refieren que él les informó que acudiría con una “enamorada”, de nombre Elizabeth Regina.

Se cree que Michael previamente habría laborado en Buckingham, o tuvo contacto estrecho con algún empleado, pues solo así se explica su cabal conocimiento del sitio que pisaba. Todo en el contexto de que la construcción tiene, entre despachos, salones y propiamente habitaciones, 775 espacios.

El caso es que llegó a la alcoba real donde la monarca dormía sola. Al entrar él, la reina permaneció dormida, de modo que para hablar con ella usó el viejo recurso de despertarla corriendo las cortinas.

La reacción de la reina

La reacción de Isabel II que no necesariamente es la versión real, apunta que la reina al despertar lo primero que vio fue al desconocido, le preguntó que hacía ahí y –este es el punto culminante- no llamó a la guardia de inmediato sino que mantuvo la calma y escuchó a su angustiado súbdito exponerle su caso, dando una muestra de increíble control de sí misma y de las situaciones: con lo que además evitaba precipitar una agresión.

Fue hasta que el atrevido MF quiso fumar un cigarro pidiendo el apoyo real que Isabel II accionó la alarma para que acudieran en su auxilio.

Finalmente, el intruso fue remitido a valoración psicológica para luego ser internado 6 meses con el fin de rehabilitarlo.

La simple versión del súbdito

El intruso —que a sus más de 70 años vive aún— ha cambiado su relato de los hechos en diversas ocasiones, así como los detalles.

En esencia, su versión difiere en el nudo del asunto de la oficial. Esta sostiene que la reina mantuvo su propio control y el de la situación. Las cosas según el perpetrador son muy distintas. Él dice que su alteza real pegó tremendo grito y llamó a las asistencias que acudieron enseguida.

Con el relato de Michael Fagan cae por tierra nuestra idea en algo que nos ha fascinado por 70 años, y de lo que esta anécdota nos daría mucha luz: ¿cómo es –cómo era- en realidad Isabel II?.

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