El cambio climático sí entiende de clases sociales y los ricos salen favorecidos

Una niña afgana lleva en brazos a un bebé en un campo de refugiados. REUTERS/Omar Sobhani

Las predicciones con respecto al calentamiento global no son nada halagüeñas para el planeta y los que habitamos en él, y una de las preguntas que más nos hacemos es si nos afectará a todos por igual. Naciones Unidas (ONU) tiene la respuesta: no, los ricos podrán pagar para escapar de los efectos provocados por el calentamiento global, mientras que las clases más desfavorecidas los sufrirán más intensamente.

Una de las consecuencias que se vivirán con mayor intensidad que en la actualidad por culpa del cambio climático serán los desplazamientos masivos de personas que huirán de las hambrunas, las inundaciones, las catástrofes naturales, las sequías y el calor extremo, una realidad que preocupa sobremanera a Naciones Unidas, que está intentando avisar del peligro al que se enfrenta la humanidad. Para concienciar a instituciones, gobiernos y a la población en general, la organización ha catalogado estas migraciones masivas con el nombre de ‘apartheid climático’. Un concepto que traducido a cifras toma más sentido aún si cabe.

Las estimaciones de Naciones Unidas hablan de que, en 2050, 140 millones de personas perderán sus hogares en países en vías de desarrollo y serán parte de los ya conocidos como 'refugiados climáticos’. No será la única consecuencia de las irresponsabilidades que, durante décadas, hemos estado cometiendo ya que, además del desastre migratorio que predice la ONU, habrá aspectos económicos que también serán injustos para los países más pobres, que a la postre son los que acabarán pagando los excesos del primer mundo.

Migrantes en Barcelona, España. (Manuel Medir/Getty Images)

El cambio climático será costeado en un 75 por ciento por los países del tercer mundo, un coste muy superior al impacto contaminante global que están teniendo esos países: un 10 por ciento según los datos de la ONU que publicaron otros medios de comunicación como Antena 3. Entre las naciones más afectadas se encuentran el cuerno de África, el Sahel, países de Latinoamerica y del sudeste asiático. Son precisamente las naciones que más están sufriendo en las últimas décadas.

La preocupación es total en lo que se refiere a la demografía más afectada, ya que son los niños los que más sufrirán por culpa del calentamiento global. Según datos de la ONU, la mitad de los refugiados censados en el mundo son menores de edad y las cifras seguirán creciendo exponencialmente. En 2017, por ejemplo, se produjeron 24.2 millones de desplazados provenientes de 118 países afectados por desastres naturales, según datos ofrecidos por el Observatorio de Desplazamiento Interno y publicados por A3. Las estimaciones del Banco Mundial no son mucho mejores, ya que cifra los refugiados climáticos en 140 millones de personas, mientras que hay otras organizaciones que hablan de 250 millones de desplazados para el año 2050.

Dos mujeres cerca de un control fronterizo en Texas. (LUKE MONTAVON/AFP/Getty Images)

En la actualidad ya estamos viendo una versión reducida de lo que está por venir. A menor escala que la prevista, pero con un impacto tremendo. En los países en los que más están sufriendo sequías, hambrunas y otras catástrofes derivadas del calentamiento global, la amenaza de guerras y demás injusticias están provocando desplazamientos masivos con imágenes que simbolizan las grandes dificultades que se están viviendo actualmente. Oriente Medio, Centroamérica, África, Asia… son millones las personas que viven bajo la amenaza continua del ‘qué pasará mañana’. Ya sea por carencias, por injusticias de unos pueblos contra otros, de una vida bajo el yugo de extremismos, de dictadores, de una economía global que les desfavorece y una violencia que les obliga a buscar lugares más pacíficos y con más posibilidades.

Es entonces cuando se topan con problemas como el rechazo. Esas naciones industrializadas que han contribuido enormemente a que el planeta sufra una auténtica crisis climática son los mismos que rechazan a las víctimas de su modelo económico y de vida. Ese rechazo es institucional y social, y salvo excepciones, no entiende de compasión y empatía. Son esos atributos, unidos a la solidaridad los únicos que evitarán que las consecuencias de las predicciones de organismos como la ONU sean tan catastróficas como se prevén.