El cambio climático está debilitando la corriente del Golfo

Imagen satelital de las corrientes oceánicas. Crédito: NASA/Goddard Space Flight

Aunque sabemos mucho, no tenemos claras todas las consecuencias del cambio climático. Por ejemplo, si se calientan los mares, ¿qué ocurrirá con la Corriente del Golfo? Puede parecer una pregunta poco interesante, pero la Corriente del Golfo es la responsable de que en Europa tengamos un clima mucho más moderado que en otros lugares.

Sólo hay que comparar lo que ocurre en unos continentes con otros. Por ejemplo, Madrid y Nueva York están, aproximadamente, a la misma distancia respecto al Ecuador. Y sin embargo, el clima en Madrid es mucho más benigno, con inviernos más suaves y veranos menos intensos. Oslo, capital de Noruega, y Anchorage en Alaska nos dan una relación similar.

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El problema es que esta circulación depende de un gran número de factores. Entre ellos, el relieve del fondo marino – porque bajo los océanos podemos encontrar cordilleras, valles y otros accidentes geográficos –, la rotación del planeta… y la salinidad de los océanos.

Aquí es donde llega el problema. Si se funden grandes cantidades de hielo, la salinidad cambia. El hielo tiene un contenido menor de sales que los mares que los rodean, y todos sabemos lo que ocurre si echamos más agua a un recipiente con agua salada.

En realidad, no es un “si se funden”. Porque ya lo están haciendo. De hecho, en dos artículos distintos que se publicaron simultáneamente en la prestigiosa revista Nature se habla de ello. Los dos artículos se ponen de acuerdo en que el aporte de agua desde Groenlandia ha provocado un cambio en la salinidad del Atlántico, y con ella un cambio en la corriente del Golfo, con consecuencias que van desde lo anecdótico – un aumento mínimo de la capacidad de flotar – a lo preocupante, como el cambio en la distribución de nutrientes.

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Lo que no está tan claro es el calendario, es decir, cuándo comenzó el cambio. El primero de los artículos pone la fecha del deshielo, y por tanto del cambio en las corrientes oceánicas, a mediados del siglo XX, coincidiendo con el gran desarrollo industrial de los países occidentales.

En cambio, el segundo estudio pone otra fecha muy anterior. También es cierto que la metodología de ambos trabajos no es igual, por lo que se entienden las diferencias. Pero en este caso se habla de un cambio que comenzó, de manera natural, en torno a 1850. Y que la revolución industrial, el consumo de combustibles fósiles y el impacto humano lo ha acelerado. Mucho, pero únicamente acelerado.

Lo que sí queda claro es que el impacto que el ser humano está teniendo sobre nuestro planeta va mucho más allá de lo que somos capaces de ver.