El bloqueo de internet pone a prueba la paciencia y el ingenio de los iraníes

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Un repartidor en bicicleta en una calle de Teherán, el 23 de noviembre de 2019

Los iraníes intentan adaptarse como pueden a su día a día sin internet desde hace más de una semana, después de que las autoridades impusieran el bloqueo casi total de la red en medio de violentas manifestaciones.

Las protestas estallaron el 15 de noviembre, pocas horas después del anuncio de la subida del precio de la gasolina, una reforma que tenía que beneficiar a los más desfavorecidos pero que desató indignación en un contexto de profunda crisis económica.

Al día siguiente, una restricción drástica del acceso a internet dejó a los iraníes aislados del mundo. Se trata de una medida para impedir que se compartan videos de los altercados, que dejaron cinco muertos según un balance oficial, pero más de cien según la oenegé Amnesty International.

Según el general Abnoosh, un de los responsables del Basij, movimiento paramilitar de voluntarios islámicos, el corte de internet ayudó a "perturbar" los planes de los enemigos de Irán.

El sábado, primer día de la semana en el país y siete días después del inicio del bloqueo, los habitantes de la capital se las apañan para encontrar soluciones.

Algunos de ellos explican que han tenido que hacer largos trayectos para efectuar simples transferencias de dinero, que antes podían hacerse con dos clics en su ordenador.

"No tenemos otra opción", dice una mujer treintañera, que se presenta solo con su nombre Asgari.

"Lo que podría hacer por internet, tengo que hacerlo por teléfono o por otros medios", cuenta a la AFP, añadiendo que tuvo que tomarse un día de sus vacaciones.

Otros dicen que tuvieron problemas para ponerse en contacto con los parientes que viven lejos.

"Intenté llamar a mis hijos, en vano", se lamenta Taheri, de 70 años. "Estaban preocupados y seguramente fueron a comprar una tarjeta telefónica para llamarnos. No es justo".

- Impacto económico -

Pero para muchos iraníes, el impacto del bloqueo no solo son complicaciones sociales, también puede acarrear la quiebra del negocio.

Irán cuenta con una boyante economía en línea, con sus equivalentes nacionales de aplicaciones en línea como Airbnb, Amazon y Uber.

Estas salieron globalmente indemnes del bloqueo, pero el acceso a las aplicaciones nacionales persiste.

También es el caso de pequeñas empresas, como las agencias de viaje, que dependen de las redes sociales para comunicarse con sus clientes.

"Las agencias de viajes tienen que hacer frente a un problema grave y cada una se las arregla ante diversas dificultades", afirma Hormotolá Rafiei, director de la asociación de agentes de viaje.

"La venta de billetes de avión al extranjero y la reserva de hoteles fuera del país fueron inexistentes y algunas agencias de viajes tuvieron que cerrar debido a las pérdidas financieras", declaró a la agencia de prensa Ilna.

Tras caer al 4% en el álgido del bloqueo el martes, según la oenegé NetBlocks, que vigila la libertad de acceso a internet en el mundo, el nivel subió al 22% el sábado.

- "¿Qué podemos hacer?" -

Estados Unidos impuso el viernes sanciones al ministro de comunicaciones iraní, Mohamad Javad Azari Jahromi, por "su papel en la vasta censura de internet" en Irán.

El ministro respondió que él es una víctima iraní más de las sanciones estadounidenses, restablecidas tras la retirada de Washington en 2018 del acuerdo sobre el programa nuclear iraní.

"No soy el único miembro del club de las personas sancionadas", afirmó en Twitter.

"Antes que yo, empresas iraníes de telecomunicaciones, programadores, enfermos de cáncer y niños con EB pasaron por aquí", añadió, en alusión a la epidermólisis ampollosa (EB).

Irán afirma que las sanciones de Estados Unidos han reducido el acceso a los tratamientos para la EB, una enfermedad grave de la piel que afecta a los niños.

Las autoridades afirmaron que se restablecerá totalmente internet cuando estén seguras de que no habrá más abusos.

Entretanto, Mina, una iraní de ronda los 50 años, dice perder la paciencia.

"Mi familia vive en el extranjero y siempre he mantenido el contacto con ellos. Pero ahora se perdió el contacto", dice a la AFP.

"Tengo que encontrar una tarjeta telefónica, ya que llamar al extranjero cuesta demasiado caro (desde un teléfono fijo)", se lamenta.

"¿Qué podemos hacer? Solo nos queda intentar ser pacientes".