El aventurero catalán que espió a los musulmanes y al que Bonaparte nombró alcalde de Córdoba

Domingo Badía, bajo el nombre de Alí Bey, fue un aventurero catalán que espió a los musulmanes y al que Bonaparte nombró alcalde de Córdoba (imagen vía Wikimedia commons)
Domingo Badía, bajo el nombre de Alí Bey, fue un aventurero catalán que espió a los musulmanes y al que Bonaparte nombró alcalde de Córdoba (imagen vía Wikimedia commons)

Domingo Badía nació en Barcelona, el 1 de abril de 1767, en el seno de una reputada familia cuyo padre era un alto funcionario de la tesorería del reino; empleo que los llevó a trasladarse a la provincia de Almería (concretamente a la población de Vera) cuando contaba con once años de edad y en donde empezó a conocer y a enamorarse de la cultura andalusí y el pasado musulmán de la región.

Un par de décadas después, tras haber contraído matrimonio, Domingo se trasladó a vivir a Córdoba por cuestiones laborales (consiguió un empleo como administrador de rentas de tabaco) y allí acabó sumergido totalmente en el ambiente andalusí y la rica historia del al-Ándalus.

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Leyó libros, estudió la cultura, lengua e historia y se marcó como propósito el realizar un viaje por varios países islámicos con intención de seguir aprendiendo, pero para ello necesitaba financiación y precisamente en esa época de su vida no estaba atravesando un buen momento económico al arruinarse tras haber invertido su capital en un negocio fallido de globos aerostáticos.

Su falta de recursos lo llevó a trasladarse en 1793 hasta la Corte donde se puso al servicio del recién nombrado Secretario de Estado (Primer Ministro) Manuel de Godoy, un astuto personaje que con los años vio en Domingo Badía al alguien perfecto para llevar a cabo los planes que tenía el rey Carlos IV en tener bajo control Marruecos del autoproclamado sultán Mulay Sulaymán.

Domingo había solicitado al Estado financiación para su expedición y el Válido del rey había accedido a subvencionar el viaje a condición de que realizara tareas de espionaje para España, lograra entrar en el círculo más íntimo de Sulaymán y organizase una sublevación desde dentro de Marruecos para arrebatarle el poder al sultán.

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Una vez conseguido el dinero necesario para la expedición, Domingo Badía decidió crear un ‘alter ego’ y para ello viajó hasta Londres donde recabó más información sobre los lugares de destino, costumbres, compró todo lo necesario (ropas, instrumentos científicos…) e incluso acudió a un cirujano para que lo circuncidara y no dejar suelto ni un solo detalle.

Su nueva identidad, a partir de aquel momento, sería la de ‘Alí Bey el-Abbassí’, descendiente de una adinerada y poderosa familia siria musulmana y con vínculos heráldicos con el califato abasí (por lo que sus antepasados estuvieron emparentados con Mahoma) y que había cursado estudios superiores en Europa, con un gran interés por la ciencia.

Con ese espectacular currículo estaba seguro que se le abrirían todas las puertas, además de llevar una importantísima y generosa dotación económica que le había cedido el rey de España y documentación –falsificada, evidentemente- sobre sus antepasados.

Alí Bey llegó a Marruecos en 1803 y no tardó en introducirse en los círculos más íntimos de Mulay Sulaymán, quien lo recibió y atendió como a un auténtico príncipe. Se ganó la confianza de éste y al mismo tiempo fue recabando información que iba enviando a Manuel de Godoy, quien trazaba el plan desde España para apoyar militarmente la sublevación.

Mientras tanto, Domingo (bajo la personalidad de Alí Bey) entró en contacto con los opositores del sultán y encontró en Sidi Hescham (en algunos lugares nombrado como Sidi Hasim) al candidato perfecto para encabezar la sublevación, poniendo a disposición de éste un contingente de diez mil soldados que permanecían a la espera en Ceuta, además de varias embarcaciones militares que saldrían desde puertos españoles.

Pero en el momento en el que debía ponerse en marcha todo el operativo (julio de 1804) llegó la orden de Manuel de Godoy paralizando el plan por decisión de Carlos IV. Tras dicha decisión por parte del Estado español y ante la posibilidad de ser descubierto por el entorno del sultán Sulaymán, Alií Bey decidió iniciar el viaje expedicionario que lo había llevado hasta allí un año antes y que tanto deseaba realizar.

Partió de viaje hacia La Meca en mayo de 1805 y de hecho se convirtió en el primer europeo en acceder a aquel sagrado lugar. Recogió muchísima información sobre todos los lugares visitados que años después servirían para publicar libros relacionados con su apasionante viaje y que irían acompañados de ilustraciones realizadas por él mismo.

Regresó a Europa en 1808 y se encontró que Carlos IV había abdicado, Godoy destituido (y detenido) y en España estaba reinando el francés José I, hermano de Napoleón Bonaparte. Ante estas nuevas circunstancias Domingo Badía se presentó ante el nuevo rey quien supo apreciar los servicios prestados a la anterior corona.

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El gran conocimiento sobre el Islam que mostró Badía hizo que se ganara la confianza y amistad de los Bonaparte (sobre todo de José I) quienes destacaban por ser hombres ilustrados e interesados en la cultura e Historia.

Esto llevó a que Domingo Badía fuese nombrado alcalde de Córdoba en 1810, introduciendo grandes cambios en la ciudad (entre ellos la construcción de tres nuevos cementerios, llevó el cultivo del algodón, la remolacha y patata o trazó el primer plano urbanístico de la capital). A pesar del gran trabajo desarrollado como edil tan solo duró en el cargo poco más de un año, aunque a partir de 1811 estuvo muy bien situado en la órbita de Bonaparte, algo que sirvió para ser acusado de afrancesado y tuviera que huir de España en 1813 cuando José Bonaparte abandonó el trono y se exilió en su Francia natal.

Cinco años después, Badía decidió realizar un nuevo viaje al Islam, dirigiéndose hasta Damasco bajo la nueva identidad de ‘Alí-Othman’. Pero su pasado ya era ampliamente conocido (se había publicado un libro que tuvo gran difusión), por lo que fue identificado por espías al servicio del Reino Unido (gran enemigo de Francia en aquellos momentos) y acabaron con su vida envenenándolo.

Así es como acabó la vida de uno de los más apasionantes (y apasionados) aventureros españoles del siglo XIX.

Fuente de la imagen: Wikimedia commons

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