El arte milenario de la iconografía resucita en Belén

Por Sarah BENHAIDA
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Unas estudiantes extranjeras pintan unos iconos en el Bethlehem Icon Center, en Belén, en los Territorios Palestinos, el 11 de abril de 2017

En una callejuela de Belén, detrás de un porche y de unas escaleras de piedra, el brillo de un icono dorado iluminado por un rayo de sol primaveral asombra al visitante.

A unos pasos de la iglesia de la Natividad, unos aficionados hacen renacer el arte de la iconografía casi 2.000 años después de su creación a unos kilómetros de allí, en Jerusalén, donde los cristianos celebran esta semana la Pascua.

En el año 60 después de Jesucristo, Lucas el Evangelista pintó el primer icono, una Virgen con el Niño.

Lejos de su Gran Bretaña natal, Ian Knowles enseña este arte milenario a cristianos en el mismo lugar donde, según la tradición, nació Jesús.

"Vine a Palestina dos semanas y aquí sigo, nueve años después", afirma este iconógrafo mientras vigila las pinceladas de sus alumnos.

El arte se practica en silencio y en oración. No tiene nada que ver con los lugares donde se fabrican en cadena los iconos vendidos a bajo precio en los cientos de comercios de souvenires de los zocos.

"Para nosotros, los iconos no son objetos comerciales, sino imágenes santas que honramos", explica a la AFP Nicola Juha, a la cabeza del Bethléem Icon Center (BIC). Los cristianos "colocan velas delante de los iconos para rezar frente a ellos", recuerda.

- Colores de Tierra Santa -

Este día, con sus iconos casi terminados, una decena de aprendices recita en coro varias oraciones en una capilla de techo azul.

El arzobispo Joseph-Jules Zerey, vicario patriarcal de la Iglesia católica greco-melquita de Jerusalén, bendice cada imagen.

Para pintar estos objetos de culto, únicos y realizados por encargo, los pinceles de pelo de animales se seleccionan en Jerusalén o en Londres.

Los pigmentos vienen de Tierra Santa: las piedras amarillas molidas a mano, de Jericó, y las rosas usadas para las caras, de Jerusalén.

Rose Codneler se tomó vacaciones para pasar la Semana Santa en Belén. Para esta cristiana de 33 años residente en Gran Bretaña, pintar el rostro de Cristo durante varios días es "una forma de conocer mejor a los personajes y los relatos de la Biblia". Y de realizar "una bella síntesis de Dios, de la oración e incluso de la ecología, porque los pigmentos vienen de la naturaleza".

Los cursos impartidos por Knowles a los peregrinos de paso cuestan 250 euros. También da clases anuales a una treintena de cristianos palestinos.

Gracias a ellos, el BIC "hace revivir una vieja herencia palestina olvidada durante mucho tiempo en Belén y de gran importancia en términos religiosos y geográficos", se felicita Juha.

Los Territorios Palestinos llevan 50 años ocupados por el ejército israelí y minados por el desempleo y la pobreza.

- 'Una profesión' -

"En el ámbito cultural, los cristianos palestinos -que en 50 años pasaron del 20% de la población en Cisjordania a un poco más del 1%- están abandonados", declara Ian Knowles en el patio del centro, una casa renovada propiedad de una familia cristiana exiliada.

Además de la falta de medios para conseguir el material necesario, muchos palestinos viven recluidos en Cisjordania debido a las restricciones de viaje impuestas por Israel. "¿Cómo ir a buscar el mejor material a Jerusalén si no puede entrar?'" en la ciudad, se pregunta Knowles.

Para él, "es importante enseñar la iconografía no como un ocio, sino como un verdadero oficio, para reconstruir una tradición que aquí es parte constitutiva de la comunidad cristiana".

Este año se han inscrito 36 palestinos, que abonan una cuota simbólica de 25 euros.

La meta fijada por Knowles va bien encaminada. Diez palestinos se preparan para obtener el famoso diploma británico de iconografía gracias a una asociación con la Prince's School of Traditional Arts de Londres.

Knowles y tres de sus alumnos ya han realizado dos iconos para la catedral de Lichfield, en Reino Unido, y terminarán un tercero en los próximos meses.

"El objetivo es tener antes de un año unos artistas lo suficientemente buenos como para realizar los pedidos de iconos para iglesias del mundo entero y pagar un sueldo a varias personas", afirma entusiasmado.

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