El afán científico por resucitar muertos que dio origen al mito del Doctor Frankenstein

Hace dos siglos se publicó una novela hizo estremecer a todos quienes la leían. Su trama versaba en el afán de un joven estudiante de medicina obsesionado con la muerte, alma de las personas y resurrección de éstas. Como ya te habrás imaginado, el libro se titulaba ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’ y la misma surgió tras una reunión nocturna, dos años antes, en la que la autora (la joven escritora Mary Selley, de 20 años de edad) pasó una velada junto a su esposo (el también escritor y poeta Percy Bysshe Shelley), el poeta romántico Lord Byron y, el amigo en común de todos ellos, el médico y escritor John William Polidori.

El afán científico por resucitar muertos que dio origen al mito del Doctor Frankenstein (imagen vía Wikimedia commons)
El afán científico por resucitar muertos que dio origen al mito del Doctor Frankenstein (imagen vía Wikimedia commons)

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En esa curiosa reunión se estuvo hablando de la vida y la muerte, del poder de resurrección que los científicos algún día lograrían y, entre otras muchas cosas, de los conocidos como ‘experimentos galvánicos’, muy de moda en la época (primeras décadas del siglo XIX) y que se basaban en demostrar que, a través de descargas eléctricas, se podía conseguir que se pusiera en movimiento algunos animales muertos y órganos amputados de personas fallecidas. Unos experimentos que, hoy en día, nos parecerían macabros, pero que en aquella época tenían cierto sentido.

El ‘galvanismo’ no era nuevo por aquel entonces y su fundamento radicaba en el convencimiento de que el cerebro (tanto humano como animal) generaba electricidad y esta era la encargada de ir a los correspondientes miembros y órganos y ponerlos en movimiento. A principios del siglo XIX su máximo divulgador era el físico italiano Giovanni Aldini, quien se dedicaba a hacer demostraciones públicas en las que cogía cabezas de animales (entre ellas de buey) e incluso en una ocasión (en 1803) con el cadáver de un delincuente que había sido ejecutado en la horca.

Ilustración de los experimentos de Giovanni Aldini poniendo en práctica el Galvanismo (imagen vía Wikimedia commons)
Ilustración de los experimentos de Giovanni Aldini poniendo en práctica el Galvanismo (imagen vía Wikimedia commons)

Según las crónicas de la época, quienes presenciaron dichos experimentos sufrieron de pesadillas al contemplar las muescas que iban apareciendo en el rostro de George Forster (nombre del ejecutado que Aldini utilizó para sus experimentos). Según la descarga e intensidad eléctrica un gesto aparecía en el rictus del rostro del cadáver, algo que provocó desmayos entre los asistentes.

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Giovanni Aldini no fue el inventor de esta técnica. El físico italiano seguía los pasos de su tío (fallecido en 1798) el célebre médico y fisiólogo Luigi Galvani (cuyo apellido daría nombre al ‘Galvanismo’).

Las teorías de Galvani, sobre la conducción eléctrica a través de los nervios del cuerpo humano (en contraposición a lo que hasta entonces mantenía gran parte de la ciencia, que apostaba que a través de los nervios discurría fluidos, como en las venas) fueron recogidos en el libro ‘De viribus electricitatis in motu musculari commentarius’ y aunque no sirvió para resucitar a muertos (tal y como estaba concebido) sí que fue la base para lo que, un siglo y medio después (en 1947) diese pie a investigar y crear un invento que hoy en día conocemos como ‘desfibrilador’, el aparato con el que, a través de unas descargas de electricidad de corriente continua, se logra hacer funcionar (en muchos casos) el corazón tras sufrir un paro cardíaco.

Pero Luigi Galvani tampoco fue el primer científico que se interesó por el tema, basándose en la posibilidad de resucitar a personas y animales fallecidos. La resurrección era algo que, desde tiempos inmemoriales, se tenía convencimiento de que era posible y, de hecho, algunas de las principales religiones del planeta aceptan su existencia (entre ellas el Islam y Judaísmo), teniendo en el Cristianismo uno de los principales exponentes y bases, mediante el mito de la muerte y resurrección (al cabo de tres días) de Jesucristo.

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Muchas culturas creen en ello y a nivel científico, muchos han sido los investigadores que, a lo largo de la Historia, han experimentado para devolver la vida a quienes ya habían fallecido.

La mezcla de todo ello es lo que provocó que aquella velada de 1816, en la que un grupo de escritores intelectuales se reunieron en la casa que Lord Byron poseía en Suiza, saliese el tema de la muerte, resurrección, Galvanismo y posibilidad de devolver la vida a los fallecidos y, la joven Mary Selley, acabase escribiendo una de las obras cumbres de la novela gótica y de terror que vería la luz dos años después.

Fuente de las imágenes: Wikimedia commons

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