En Egipto, la represa de Asuán sigue siendo polémica 50 años después

Hager HARABECH
·3 min de lectura

"Antes, utilizábamos lámparas de aceite", recuerda Abdel Hakim Hassanein, que reconoce los beneficios de la gran represa inaugurada hace 50 años en el sur de Egipto pero que todavía es objeto de críticas por su alto costo humano, ecológico y geopolítico.

Según este obrero de 68 años, desde cuya vivienda en el barrio de Messi Tod en Asuán se ve el río, "tres cuartos de la gente de aquí trabaja en la represa".

La obra monumental de cemento y acero en forma de arco circular, fue impulsada por el presidente Gamal Abdel Naser para regular las crecidas del Nilo y garantizar a Egipto la independencia agrícola y energética.

Situado a 880 km al sur de El Cairo, esta obra faraónica, bajo fuerte vigilancia, recibe unas horas al día a curiosos que vienen a admirar el edificio de 111 metros de altura y 3.600 metros de longitud, que ha alimentado la narrativa nacional egipcia.

Para el geógrafo Habib Ayeb, la represa de Asuán constituye un "acto hidropolítico muy importante". Según el experto en soberanía alimentaria, le da a los egipcios "agua suficiente (...) y los protege de las crecidas".

En este país donde el 97% de la población se concentra en 8% del territorio -a lo largo del Nilo principalmente- el dique ha revolucionado la irrigación.

Asimismo, la obra ha permitido la electrificación del país.

- Tierras sumergidas -

Pese a los beneficios, también ha causado daños irreversibles.

Aunque la campaña internacional liderada por la UNESCO a partir de 1960 pudo salvar decenas de monumentos, entre ellos los templos de Abu Simbel --construidos hace casi 3.300 años--, y de Philae, a partir de 1964 el agua anegó tierras de la principal minoría egipcia: los nubios.

Para el militante nubio Fawzi Gayer, la gran represa es un "símbolo de opresión".

Gayer, de una cincuentena de años, vive en Abu Simbel al-Tahgir ("desplazamiento" en árabe), un pueblo en el que fue reasentada su familia poco antes de nacer él, a 45 km al norte de Asuán, en tierras áridas.

"Se habla de una comunidad de identidad nilótica (...) y nos han echado a las entrañas del desierto", lamenta.

La construcción de una primera represa moderna en Asuán, edificada bajo el protectorado británico, había dado lugar a varias oleadas de evacuaciones (1902, 1912, 1933). Pero las evacuaciones culminaron en los años 1960 con el desplazamiento de varias decenas de miles de personas, según las asociaciones.

"Niños de mi generación murieron", dice el militante, emocionado.

Los nubios, que reclaman desde hace tiempo un "derecho a regresar" obtuvieron, en 2014, la inscripción de esta reivindicación en la Constitución egipcia, pero no se ha adoptado ninguna medida concreta al respecto.

- "Bomba política" -

Asimismo, el inmenso lago Naser (500 km de largo y 10 10 km de ancho), que puede almacenar 165 km3 de agua, ha cambiado el ecosistema del río.

La retención de limo ha empobrecido el suelo generando su contaminación, debido al uso creciente de abonos químicos.

Pero Ayeb considera que la obra se ha convertido sobre todo en "bomba política" para el valle del Nilo.

El río, que recorre unos 6.000 kilómetros de sur a norte, abastece de agua y electricidad a una decena de países de África oriental.

Desde hace una década, El Cairo, Jartún y Adis Abeba temen la construcción, iniciada por Etiopía en 2011, de la gran presa del Renacimiento (Gerd), que se convertirá en la mayor construcción hidroeléctrica de África.

Etiopía considera la obra esencial para su desarrollo, pero Egipto teme que se reduzca el caudal del río, del que depende para el 97% de su suministro.

Según el experto, la "ruptura entre Adis Abeba y El Cairo se debió a la presa de Asuán".

Al reservar en solitario la gestión del río a Egipto, la presa de Asuán ha matado cualquier posibilidad de establecer la "cuenca del Nilo como marco de gestión de un bien común", asegura Ayeb.

hha/emp/vl/af/zm