Estados Unidos vota: guía para entender las elecciones legislativas del 8-N

Las elecciones legislativas de Estados Unidos se celebran cada dos años, cuando se renuevan la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Foto: Stefani Reynolds/Bloomberg
Las elecciones legislativas de Estados Unidos se celebran cada dos años, cuando se renuevan la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Foto: Stefani Reynolds/Bloomberg

Estados Unidos va a las urnas este martes, 8 de noviembre. Las midterms o elecciones de mitad de mandato traen consigo una elección reducida de gobernadores y fiscales pero, sobre todo, la renovación total de la Cámara de Representantes y la parcial del Senado. De lo que salga de estas legislativas depende, básicamente, que el actual presidente, el demócrata Joe Biden, sea capaz de completar su programa electoral, que salgan o no las normas que se comprometió a abordar en su discurso de investidura y que son claves para evita un retroceso en materias como aborto, armas, inmigración, seguridad, medio ambiente o gasto público.

En estos dos años justos desde las últimas presidenciales, Biden se ha visto atrapado entre la postpandemia y la invasión rusa de Ucrania y sus consecuencias, arrastrando la peor inflación vista en 40 años, con lo sensible que es el bolsillo de los ciudadanos en tiempos de campaña. Su popularidad ha bajado, por más que haya logrado un nivel de aprobación de leyes notablemente mayor respecto a predecesores como Donald Trump o Barack Obama. Le quedan dos años de legislatura en los que puede agrandar esa gestión o dejarla congelada, si el bloqueo en las Cámaras llega y se ve sin mayoría. De lo que pase ahora depende, también, su propio futuro como candidato en 2024. Trump ya ha dejado caer que “muy, muy, muy probablemente” se volverá a presentar.

Es un examen sobre lo que ha hecho y, también, un test para las fuerzas de su oponente, el republicano Trump, que sigue creciendo en las encuestas incluso cuando las investigaciones en su contra se multiplican. Las encuestas, muy ajustadas y cambiantes, dan ahora notables opciones a los conservadores para recuperar la Cámara Baja, mientras que todo parece mucho más igualado en el Senado.

¿Qué son las ‘midterms’?

El legislativo es el poder del día a día, de las cosas diarias de los ciudadanos, el poder que pone en marcha normas o las frena, el contrapeso al Gobierno, el que ejerce un control político sobre el jefe de Estado y que hasta tiene el poder de investigarlo, si derrapa. En el caso de EEUU, cada dos años, en las elecciones legislativas, se renuevan la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.

La Cámara de Representantes es el equivalente al Congreso español, la Cámara baja. Cuenta con 435 diputados, elegidos por dos años. El número de representantes por cada estado se basa en la población de cada uno de ellos. De este modo, cada estado elige un número diferente de representantes. En este caso, se renueva el hemiciclo completo, cuya composición actual el de 220 demócratas, 212 republicanos y tres escaños no cedidos.

Cámara de Representantes y Senado de EEUU
Infogram

En el caso del Senado, la Cámara alta, se van a renovar sólo 35 de los cien escaños con que cuenta, un tercio. Los senadores son elegidos por un mandato de seis años y cada uno de los 50 estados elige a dos senadores. Hoy día, hay 48 demócratas, 50 republicanos y dos independientes. Suman los de Biden el voto de calidad de la presidenta del Senado, un cargo reservado para los vicepresidentes que ahora ocupa Kamala Harris, y con el que han podido ganar no pocas votaciones desde que llegaron a la Casa Blanca ya que permite inclinar la balanza en caso de empate.

Cámara de Representantes y Senado de EEUU
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Las dos mayorías de los demócratas en estas Cámaras, que hicieron respirar de alivio a Biden dos años atrás, es realmente débil y puede cambiar con cualquier coyuntura. La actual no es buena, sino de crisis y, además, es histórico el castigo de los electores al partido en el Gobierno en este tipo de elecciones.

La prestigiosa empresa demoscópica Ipsos explica que desde 1860 y el establecimiento del duopolio partidista entre demócratas y republicanos, 38 de las 41 midterms han resultado en un descenso del partido del presidente en la Cámara de Representantes. Por tanto, la tendencia histórica es la de dar la espalda al presidente en ejercicio, al menos en la Cámara Baja, una manera de azuzarle para que haga más.

En la Cámara de Representantes apenas hay una treintena de escaños en juego, porque los demás son demasiado fieles y bno suelen cambiar su voto. Se espera que los suburbios de las grandes ciudades de Pensilvania, California, Ohio y Carolina del Norte sean decisivos. En el Senado, podrían cambiar de mano Nevada, Arizona, Georgia, Pensilvania, Ohio y Wisconsin. Son las zonas de mayor incertidumbre.

Más allá de las Cámaras: gobernadores y fiscales

En estas elecciones también se renovará a 36 de los 50 gobernadores de estados. Teniendo en cuenta que son quienes más directamente gestionan la vida de los norteamericanos, la importancia de esa elección es especialmente trascendente, por más que desde fuera parezca algo muy local. No lo es, cuando sólo el estado de California ya tiene prácticamente la población de España. Los gobernadores tienen poder ejecutivo a nivel estatal sobre varios asuntos que no corresponden al gobierno federal, entre ellos, el presupuesto, el aborto o la regulación medioambiental.

Ya en 2020, cuando Biden ganó los comicios, estos mandatarios fueron esenciales en la pelea ante el falso fraude fiscal denunciado por los republicanos, por lo que su papel como garantes de la democracia es igualmente valioso.

El 8-N también se designarán 35 fiscales federales, encargados de aplicar la ley a nivel estatal y asesorar al Gobierno local. Además, se nombrarán 27 secretarios de Estado (responsables de los procesos electorales) y 28 tesoreros de Estado. Claves todos ellos si, como hace dos años, se pone en tela de juicio el resultado de unos comicios.

Algunas ciudades como Oklahoma City, Charlotte o Washington DC también organizarán sus elecciones a la alcaldía, aunque son casos menos frecuentes. Y ya que se llama a las urnas, hay cinco estados –California, Vermont, Michigan, Kentucky y Montana– que añaden a la cita consultas populares, en este caso, sobre si proteger o reducir el derecho al aborto, tras la derogación por parte del Tribunal Supremo.

La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, el pasado 21 de septiembre en una rueda de prensa ante el Capitolio para hablar de medidas contra la inflación. (Photo: Samuel Corum via Getty Images)
La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, el pasado 21 de septiembre en una rueda de prensa ante el Capitolio para hablar de medidas contra la inflación. (Photo: Samuel Corum via Getty Images)

La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, el pasado 21 de septiembre en una rueda de prensa ante el Capitolio para hablar de medidas contra la inflación. (Photo: Samuel Corum via Getty Images)

¿Qué dicen las encuestas?

Los sondeos son muy ajustados, pero los republicanos tienen, a priori, mejores números. La combinación de todas las encuestas hecha por FiveThirtyEight sugiere una victoria relativamente clara de la oposición en la Cámara de Representantes, pero una carrera muy cerrada por el Senado.

La media de los cuatro pronósticos de referencia en EEUU asigna 216 escaños a los republicanos entre victorias seguras (alrededor de 190), probables o en tendencia aproximada. Son sólo 196 para los demócratas, que tendrían que sumar una abrumadora mayoría de los que quedan en disputa para quedarse finalmente con el control de la Cámara de Representantes. La web agregadora de encuestas da un 81% de posibilidades a los republicanos de quedarse con el control de esta Cámara.

En el caso del Senado, de los 35 cargos que ahora se renuevan, 14 o 15 irían probablemente para republicanos y 8 o 9 para demócratas. Hay de cuatro a seis adicionales que oscilan entre un partido o el otro. Eso deja en casi todos los escenarios abiertos. No obstante, FiveThirtyEight da un 52% de posibilidades aún a los demócratas de mantener las riendas.

Según Reuters, el 54% de los estadounidenses desaprueban actualmente al presidente Biden, una tasa especialmente alta para un líder de la Casa Blanca. Y es que pesa la economía, que con la inseguridad y la inmigración copan ahora las preocupaciones de los ciudadanos. Por un lado, se arrastra una inflación récord desde 1982, con una subida del 8,2% en septiembre. Ello conlleva una pérdida de poder adquisitivo, por más que las ganancias corporativas de las empresas están en su punto más alto en 70 años. No así las de los trabajadores. Tradicionalmente, para la cuestiones económicas, la población estadounidense confía más en el Partido Republicano, la derecha.

A ello se suma que el país vive una ola de violencia y a altas tasas de migración, conceptos que los conservadores mezclan a sabiendas de la falacia, porque favorecen igualmente su relato y su posibilidad de cazar votos. Obviamente, son temas centrales en su campaña de acoso y derribo a los demócratas. En primavera, hubo una subida de confianza en los demócratas, a raíz de la derogación del derecho al aborto y de la sucesión de tiroteos como los de Búfalo o Uvalde, en verano remontó un poco la popularidad del presidente, hasta el 45%, porque se entendía que desde el partido más progresista se podrían hacer más cosas para abordar estos dos problemas, pero hoy la aprobación de Biden no pasa del 42%.

Según un reciente sondeo publicado por The New York Times, los electores indecisos están virando de forma mayoritaria hacia los republicanos, aunque gran parte de los estadounidenses no tiene interés en estos comicios, directamente. La tasa de participación suele alcanzar niveles bajos, alrededor del 40%, y no se espera una mayor movilización esta vez. Hay cansancio, desafección: de nuevo, según el NYT, el 85% de la población se siente insatisfecha con la dirección del país, independientemente de su partido político. No convence nadie y la campaña ha dado en parte la clave de por qué: muy pocas propuestas, muy poco debate sobre los programas, muchas acusaciones y mucha bilis contra el adversario.

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Pegatinas de "he votado", que se entregan a los electores cuando han ejercido su derecho, en un colegio electoral de Los Ángeles, el pasado 1 de noviembre. (Photo: ROBYN BECK via Getty Images)

Los escenarios y sus consecuencias

Todo lo que vas a leer a continuación son conjeturas en el aire, porque la palabra “imprevisible” marca estas elecciones. Los analistas plantean posibilidades, sin querer decantarse por ninguna, tan cercanos están los números. Lo más probable es que los demócratas bajen en apoyos, como le pasa siempre al partido en el poder. Eso puede traducirse en que pierdan la mayoría de las dos Cámaras o una de ellas.

Por los sondeos, es probable que los republicanos ganen la Cámara de Representantes y es posible que ganen el Senado, pero más segura es la primera victoria; la segunda es mucho más disputada. Si los republicanos ganan ambas Cámaras, tendrán un mayor margen de maniobra para pasar sus proyectos de ley y bloquear los de Biden, sobre todo ese tridente por el que desea apostar ahora: aborto, armas y cambio climático. Si sólo ganan la Cámara de Representantes, el equilibrio de poder será más marcado y las peleas, constantes, desgastantes, harán falta muchas negociaciones y muchas cesiones. Los seguidores de House of Cards pueden hacerse una idea aproximada (sin asesinatos, se entiende).

Los republicanos llevan las de ganar, porque si se imponen en la Cámara de Representantes, pasan también a presidir los comités sectoriales de esta institución. Con eso tendrían una capacidad paralizante potente, hasta el punto de que podrían acabar incluso con la investigación sobre el ataque del 6 de enero de 2021 al Capitolio de Washington. Justo el expresidente Trump ha sido llamado a declarar por este caso. En el caso del Senado, también pueden controlar sus comités correspondientes, complicando las nominaciones de jueces que hagan sus oponentes y hasta presionando en política exterior, una materia en la que los presidentes suelen tener un poder mayor.

El porvenir de todo un país depende de los colores con que se tiñan las Cámaras y los estados, porque de ellos emanará lo que hacer en economía, la seguridad, las libertades y rendición de cuentas. El republicano es “un partido viejo y respetable”, como le gusta decir a la congresista Liz Cheney, una de las mayores críticas que tiene Trump en el seno de su formación, pero desde la llegada del magnate se han cruzado líneas rojas y hay dudas sobre lo que su nuevo populismo puede acabar haciendo al país.

Ya hay promesas de revancha que desvelan el camino que se va a seguir si ganan: varios republicanos del ala dura trumpista ya han prometido lanzar un proceso de destitución contra Biden, investigar sobre la retirada de las tropas de Afganistán en agosto 2021 y su gestión del coronavirus, así como seguir la investigación del hijo del mandatario, Hunter, acusado de evasión fiscal y blanqueo de dinero.

La respuesta a todo esto, como siempre, está en las urnas.

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