Ecotechos: ahora la comida orgánica no es un lujo

Por: Carolina Lancheros Ruiz 

Techos que florecen: una idea para sembrar sobre las casas. Una iniciativa de una estudiante de ecología para hacer huertas en los techos de viviendas de familias de escasos recursos en Bogotá que ha ayudado a mejorar sus condiciones de vida: comen bien, ayudan a mejorar el aire y la estética de la zona y también ganan dinero .

Fundación Selva Urbana y Fundación Catalina Muñoz

Sobre los techos de tres familias que llegaron desplazadas a Bogotá nacieron plantas aromáticas y hortalizas para su propio consumo.
Con Idis, Rosa y Rosalía, provenientes de tres regiones diferentes de la geografía colombiana, comenzó en 2011 el proyecto de ecotechos productivos que ideó Carolina Forero como su trabajo de grado en ecología.
Su propuesta, adoptada por la Fundación Catalina Muñoz (http://fundacioncatalinamunoz.org/funda/), que ofrece soluciones de vivienda para familias en condición de pobreza extrema, pretendía hacer un aporte para atacar también el hambre. Desde pequeña conocía la situación de escasez en Altos de Cazucá, una zona súper poblada de Bogotá con dificultades de acceso al agua y a otros servicios básicos, con la que ella siente un vínculo de responsabilidad.

Fundación Selva Urbana y Fundación Catalina Muñoz

Su idea utiliza botellas de plástico, las canaletas curvas de los tejados, unos cuantos tubos para el sistema de riego y tierra abonada. Por ser tan sencillo, al comienzo a las tres mujeres no les parecía posible. Pero la intención de Carolina era, justamente, desmontar el prejuicio de que las infraestructuras verdes son exclusivas para sectores favorecidos de la ciudad.

En áreas de 25 metros cuadrados –lo que tienen las viviendas que estas familias recibieron de la Fundación Catalina Muñoz– se pueden instalar entre 120 y 140 botellas en las que se siembran alrededor de 400 plantas de rábanos, lechugas, espinaca, perejil, cebollas y acelgas, entre otras. Se hacen, eso sí, combinaciones vegetales que reducen la necesidad de utilizar plaguicidas, fungicidas o insecticidas. “Son principios agroecológicos que buscan la armonía en el sistema, de modo que el resultado son alimentos orgánicos, libres de químicos”, explica Carolina Forero.

Fundación Selva Urbana y Fundación Catalina Muñoz

Esta iniciativa tiene diversos beneficios para la ciudad y sus habitantes. Primero, regula la dinámica hídrica, pues de acuerdo con las mediciones de Forero, se aprovecha entre el 30% y el 90% del agua lluvia. Segundo, se atenúa la temperatura al interior de la vivienda. Entonces, “Al mediodía, se sienten unos 3°C menos y en la noche, cuando la temperatura baja, no se siente tanto frío porque el calor que se capturó durante el día se libera”. Tercero, ofrece disponibilidad de alimentos frescos y sanos. Cuarto, incrementa los ingresos de las familias, pues, si venden el 70% de las cosechas alcanzan a reunir cerca del 20% de un salario mínimo en Colombia. “No es mucho pero es un ingreso complementario”, explica Forero.

Por todas esas ventajas el proyecto obtuvo el reconocimiento de la Agencia Nacional para la Superación de la Pobreza Extrema (ANSPE) como una de las iniciativas sociales más representativas del país y recibió apoyo de la Embajada de Canadá, con lo que logró impactar a unas 80 familias entre 2011 y 2014.

Ahora están en otra etapa. “Ya no hablamos solo de ecotechos sino de ecoespacios productivos porque ahora lo hacemos en fachadas, muros y pisos”, señala Gloria Pulido, coordinadora de recursos de la Fundación Catalina Muñoz. Así, además, están llegando a colegios, empresas y hasta resguardos indígenas.

Fundación Selva Urbana y Fundación Catalina Muñoz

Uno de esos es al que pertenece Diana Montañez, ubicado en zona rural a unas dos horas del norte de Bogotá donde, dice ella, “se estaba perdiendo la costumbre de aprovechar la tierra”. Lo que tienen allí es un espacio de 6 x 3 metros en los que hay plantas comestibles y medicinales con las que están rescatando las memorias ancestrales. Está a cargo de los niños del resguardo y ya dio una cosecha que vendieron entre las mismas familias de la comunidad. Con lo que recogieron están alistando otro espacio similar.

Fundación Selva Urbana y Fundación Catalina Muñoz

Esta idea es una expansión del proyecto inicial que incluye el manejo de suelos blandos con jardines agroecológicos. En la ciudad puede hacerse en espacios reducidos hasta de un metro cuadrado, y también en vertical, como en muros, fachadas, balcones o terrazas.

Carolina fundó Selva Urbana (https://www.facebook.com/fundacionselvaurbanacolombia/), una organización propia en la que ofrece servicios de educación en agroecología urbana y rural. “Todos podemos cultivar y aportar en el cuidado de la biodiversidad y aportar en la mitigación del cambio climático”, señala. Y para eso, lo único que se requiere es voluntad y conciencia para entender cómo, por qué y para qué vale la pena tener un ecoespacio en la ciudad.