"Dulce Francia": una inmersión en la Francia multicultural y musical de Rachid Taha

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En el Museo de Artes y Oficios (Arts et Métiers) de París, la exposición "Dulce Francia" está tejida en torno a la figura de Rachid Taha, el primer artista argelino en vincular los ritmos de la música oriental con los del rock y el punk. Se trata de un viaje franco-argelino que permite al público trazar el hilo de la historia política y social de Francia desde la década de 1960 hasta el 2000. Una historia de interculturalidad, diversidad, luchas antirracistas y música.

Hasta el 8 de mayo de 2022, el Museo de Artes y Oficios de París acogerá “Dulce Francia. De la música del exilio a las culturas urbanas”, una exposición que traza la evolución de la música franco-magrebí de la década de 1960 hasta el 2000, a través de la figura del cantante Rachid Taha, fallecido en 2018.

Con diferentes actividades lúdicas, como un “karaoke sangrado” o el juego de “¿quién es esta persona?”, la ruta crono-temática de la muestra en París lleva a los visitantes a través de la historia de la inmigración norteafricana a Francia.

Se trata de una postura política asumida por Naïma Huber Yahi, curadora de la exposición, y la historiadora Myriam Chopin. “A través de Rachid Taha y la música de los inmigrantes queremos reafirmar y celebrar la interculturalidad provocada por la inmigración. Estas canciones pertenecen a la herencia francesa y quienes las conocen pertenecen a la comunidad nacional y a la memoria colectiva”, aseguró Yahi a France 24.

Rachid Taha, el vanguardista argelino

A partir de las secuelas de la guerra de Argelia, la exposición permite a los visitantes descubrir a los grandes cantantes magrebíes que marcaron la historia en el París de la década de 1960. Entre ellos, Abderrahmane Amrani, alias Dahmane El Harrachi, nacido en 1921 en El Biar, cerca de Argel, de quien Rachid Taha tomó prestada en 1993 su canción tan popular “Ya Rayah”.

“Es a través de Rachid Taha y su disco 'Diwân' que redescubriremos toda la herencia que dejaron los grandes cantantes norteafricanos de la década de 1960, dijo la curadora. “Lo que es esencial en este artista, y por eso lo hemos elegido para convertirlo en el hilo conductor de nuestra exposición, es que hace el vínculo entre el ayer y el hoy. A lo largo de su obra, oscila entre el patrimonio, el rock y el electro, entre la tradición y el vanguardismo. Es alguien que hoy en día ha inspirado a muchos artistas franceses”.

La escenografía de la muestra introduce al visitante en los lugares de la memoria del exilio de los magrebíes en París y lo sumerge en la intimidad de los inmigrantes de la época. Entre ciclomotores vintage y automóviles Peugeot antiguos, visitamos los “cafés Scopitone” donde los obreros, al salir de la fábrica, se relajaban escuchando discos de estrellas argelinas.

“Dulce Francia” con ritmos orientales

La exposición también cuestiona las dificultades de estas poblaciones ante el exilio, la pobreza y el racismo. En la pantalla de un televisor de la época, Rachid Taha relata su salida de Argelia y su llegada a Alsacia, en Francia, y sus interrogantes como adolescente inmigrante. “Es un país que nos ha invadido, que nos ha expulsado, y hora estamos a su casa. ¿Qué estamos haciendo aquí?”, dice entre risas.

Los lemas y carteles de la “Marcha de los Árabes” están distribuidos en las paredes y el piso. “Escúchame camarada” suena en una de las salas, una canción que Taha tomó prestada de la leyenda musical en el exilio, Mohamed Mazouni.

Pero Rachid Taha no se limita a versiones de cantantes norteafricanos. Añadiendo ritmos orientales a “Dulce Francia” (Douce France) en 1986, hizo suya la famosa canción de Charles Trenet, escrita en 1943 para apoyar a los jóvenes franceses enviados a Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.

Su grupo musical, bautizado “Carte de séjour”, estaba compuesto por Djamel Dif, Jérôme Savy, Mokhtar y Mohamed Amini. Junto a ellos, Taha animó rápidamente la escena musical de los suburbios franceses, agitada por las primeras marchas antirracistas de los años 1980 y en plena efervescencia artística.

Francia “negra, blanca, árabe”

Teatro, cómic, artes visuales y, por supuesto, música. Los hijos de la inmigración utilizaron diferentes medios para reivindicar su “cultura mestiza”.

En solitario, Rachid Taha se convirtió en un artista conocido a nivel internacional y brilló mucho más allá de los barrios populares y los conciertos “Rock Against Police” que lo consagraron a principios de los años 1980.

La exposición “Dulce Francia” se detiene en la década de 2000, justo antes de la explosión del mito de Francia como “negra, blanca, árabe”. El visitante deja así la exposición bajo la mirada de los grandes pensadores de la interculturalidad, desde Léopold Sédar Senghor hasta Maryse Condé.

Artículo traducido del original en francés

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