Dos películas y una misma realidad: las terapias de conversión sexual según el cine

Justo cuando se celebra el Día del Orgullo LGBT, he recordado un tema que me ha removido por dentro desde que el cine despertara mi interés: las terapias de conversión sexual. Las llaman “terapias” pero en realidad son un régimen militar y religioso que impone la realidad heterosexual sobre los pacientes homosexuales, obligándolos a enterrar, reprimir y rechazar su identidad sexual.

Y si bien existen decenas de películas y series que celebran y se están abriendo aún más a la comunidad LGTB+, hay dos películas dramatizadas que nos hablan de esta verdad y que merece la pena tener en cuenta en estos días que celebramos la igualdad del colectivo.

Identidad borrada y La (des)educación de Cameron Post (Autor: Jeong Park; Cortesía Good Films/©Universal Pictures)
Identidad borrada y La (des)educación de Cameron Post (Autor: Jeong Park; Cortesía Good Films/©Universal Pictures)

Una es la historia de un chico homosexual. La otra es de una chica lesbiana. Una es una historia real, y la otra está inspirada en una. Las dos están interpretadas por estrellas en alza pero, sobre todo, las dos son historias de adolescentes sufriendo el prejuicio y negación de la sociedad que los rodea y la colisión de las reglas aprendidas e impuestas, con la realidad interna que gritan por dentro. Los dos son homosexuales obligados a someterse a terapias de conversión.

La terapia de conversión sexual es una práctica rechazada por la comunidad psicológica y psiquiatra que básicamente pretender cambiar la orientación sexual de una persona homosexual a heterosexual, utilizando la fe, la espiritualidad e intervenciones psicológicas. La Asociación Psiquiátrica Americana se opone a esta práctica y también el Parlamento de la Unión Europea. Antes de 1981, las prácticas que se utilizaban iban de lobotomías a la castración química con tratamiento hormonal, terapia de electroshock en manos o genitales o medicamentos. En la actualidad se utilizan intervenciones espirituales y psicológicas.

© 2018 Focus Features; cortesía de Universal Pictures
© 2018 Focus Features; cortesía de Universal Pictures

IDENTIDAD BORRADA
Dirigida por Joel Edgerton, el actor y director que el mundo conoció como talento en alza con su ópera prima, El regalo (2015) llegó a nuestros cines a principios de abril de este año.

Identidad borrada está basada en las memorias de Garrard Conley, un superviviente de las terapias de conversión sexual que contó su historia en un libro publicado en 2016. Pero en esta ocasión, el director y guionista cambia los nombres reales y nos cuenta la experiencia de Jared (Lucas Hedges, el nominado al Oscar por Manchester frente al mar), un adolescente que confiesa a sus padres religiosos que siente atracción por los hombres. Pero que no tuvo más remedio que revelar su verdad después de ser violado por un compañero de universidad. La madre (Nicole Kidman) reacciona confundida entre el amor incondicional que siente por su hijo y el miedo a la reacción de su comunidad y su marido. El padre (Russell Crowe) no es otro que el pastor bautista de la iglesia local y para él, la solución está en Dios.

La fe les dice que lo que sufre su hijo es un pecado que puede ser remediado y exculpado, y lo envían a Love in Action, uno de los centros de terapias de conversión más polémicos de EEUU.

[Crítica: Identidad borrada, la película sobre terapias de conversión sexual que llega al alma]

Allí le exigen a comportarse como “un hombre”, caminar como tal y hablar como tal. Y cada momento es estremecedor. Y aún más porque vemos a un Jared que ha crecido en la fe de sus padres y no consigue reconocer durante mucho tiempo que no había nada de malo en su verdadera identidad.

Lo maravilloso de esta película es que le hubiera sido fácil dramatizar con enfado y rabia los momentos más intensos, y dejar huella en el espectador forzando la cruda realidad de estas prácticas. Pero hace todo lo contrario. Edgerton nos cuenta cada ángulo con empatía, transformando esta realidad en un drama humano que despierta conciencias desde todas las perspectivas.

Tampoco busca convertir a los padres en villanos. Después de todo, ellos creen estar haciendo lo correcto por amor a su hijo. Son sus creencias las que dictan su camino. Y es por eso que la película alcanza su punto álgido en el momento que los padres reconocen a Jared tal y como es, cada uno a su manera. Cabe destacar que esta secuencia de Russell Crowe es una de las mejores de toda su carrera.

LA (DES)EDUCACIÓN DE CAMERON POST
En algunos países, este drama de Desiree Akhavan está disponible en Netflix, mientras que en España aterriza en cartelera el 5 de julio.

Se trata de una película inspirada en la historia de Zach Stark, un adolescente de 16 años que en 2005 compartió en MySpace la charla que tuvo con sus padres. Tras confesarles su condición sexual, lo obligaron a asistir a un campamento cristiano fundamentalista para gays. Le dijeron que su problema era “psicológico” y que lo habían educado mal. El texto de Zach era desgarrador y su publicación online cautivó al público e hizo que el gobierno local prestara atención al campamento por supuestos abusos psicológicos a los jóvenes internos. Ante la falta de evidencia desestimaron el caso, pero tras descubrir que Love in Action estaba tratando a pacientes sin una licencia de salud mental y recetando medicamentos; la organización dejó de aceptar a los que sufrían de problemas psicológicos y de dar recetas.

Autor: Jeong Park; Cortesía Good Films
Autor: Jeong Park; Cortesía Good Films

Pero volviendo a esta dramatización de los hechos. La película no es la historia de Zach sino que está inspirada en él, contándonos la experiencia de Cameron Post, una adolescente interpretada por Chloë Grace Moretz que se ve obligada a internarse en un campamento de este tipo por mandato de su tía devota y religiosa (sus padres murieron en un accidente años atrás) cuando su novio la descubre con una chica en la noche de graduación.

En esta ocasión, y a diferencia de Identidad borrada, la cinta ahonda en el drama personal y la confusión de la protagonista y sus compañeros entre la identidad interna y la que exigen en el centro. Si el primer ejemplo cinematográfico se centra en el drama familiar, así como el maltrato físico y psicológico que sufren los pacientes del centro; en La (des)educación de Cameron Post vemos la camaradería que comparten los jóvenes y la manipulación psicológica del campamento cuando, en realidad, los internos no pueden evitar ser ellos mismos por mucho que repriman su verdadera identidad.

La película es un drama de salto a la adultez que nos muestra las tácticas de represión desde otra perspectiva, llevando a la depresión extrema de pacientes que terminan por poner en la mira al centro por abuso emocional.

Después del estreno de ambas películas en EEUU el año pasado, han crecido los números de campañas pidiendo la prohibición de estas terapias. Según un reportaje de CBS Sunday Morning de 2018, se estima que unos 700.000 adultos la recibieron; y de todos sus estados, solo una cuarta parte de EEUU ha ilegalizado esta práctica.

Love in Action nació en 1973, pero cambió su nombre en 2012 a Restoration Path (Camino de restauración), y se trata de una organización religiosa que predica la idea de que ellos pueden curar “la homosexualidad”.

Dieciocho de lo cincuenta estados americanos han prohibido legalmente las terapias de conversión sexual en menores. Mientras que en Europa, en marzo de 2018, el Parlamento Europeo votó 435 contra 109 por detener las terapias de conversión sexual en los estados miembros de la UE.

La práctica todavía sigue vigente en varios sitios del mundo, a quienes podríamos recordarles las palabras del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, que escribió que “la homosexualidad derivaba de la bisexualidad psíquica, común a todos los seres humanos” y añadía que “intentar transformar un homosexual en heterosexual era tan imposible como intentar transformar un heterosexual en homosexual”.

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