Otro ridículo salpica a Donald Trump: 63 millones de dosis de hidroxicloroquina inservibles contra Covid-19

El presidente estadounidense, Donald Trump. (Drew Angerer/Getty Images)

La temeridad que Donald Trump ha evidenciado durante la pandemia ha tenido muchas consecuencias negativas no sólo para la sociedad estadounidense sino para la Administración que dirige. Una de las últimas perlas del presidente tiene que ver con su defensa a ultranza de la hidroxicloroquina y la cloroquina como medicamentos que actúan contra el virus Covid-19. A través de comparecencias públicas y de publicaciones en redes sociales, Trump ha generado una confusión en gran parte de la población que ha derivado en algunos episodios de intoxicaciones con consecuencias fatales. Su irresponsabilidad, puesta de manifiesto por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) tras desacreditar el uso de la hidroxicloroquina, también ha generado un problema logístico sin precedentes.

El Gobierno federal acumula 63 millones de dosis de este compuesto y dos millones de dosis de cloroquina después de que la FDA haya revocado el permiso para que el medicamento se distribuya con el fin de tratar a pacientes de coronavirus. Tal acopio comenzó a producirse en marzo, cuando Trump indicó que los primeros resultados de las pruebas de la hidroxicloroquina eran “muy, muy alentadores”, que podría suponer “uno de los mayores cambios en la historia de la medicina” y que había que “usarla inmediatamente porque la gente estaba muriendo”. Tanto fue así, que Trump llegó a confesar que él mismo la tomaba a diario.

63 millones de dosis de hidroxicloroquina se acumulan en las arcas gubernamentales. (Getty Images)

Sus palabras y sus acciones chocaron con la FDA, que confirmó que “no hay razón para creer” que estas medicinas con las que se trata la malaria, la artritis reumatoide o el lupus, sean efectivas contra el virus, incluso que su ingesta injustificada supone un riesgo cuyos efectos secundarios pueden producir problemas cardíacos. Y así, de manera fulminante, la imprudencia, la ignorancia y la premura de Trump ha sido catalogada por los expertos como uno de los capítulos más desafortunados de la historia de la pandemia. El hecho de haber sustentado su creencia en un estudio prematuro llevado a cabo con 20 pacientes y cuyo resultado obvió a aquellos que tomaron hidroxicloroquina y murieron o terminaron en la unidad de cuidados intensivos, ha dejado en muy mal lugar a Trump.

“Me preocupa que la historia juzgue esto como una inversión excesiva en una única vía de tratamiento llevada a cabo sin haber observado ampliamente a un mayor número de pacientes”, sostuvo David Holtgrave, catedrático de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Albany y coautor de uno de los estudios que tiraron por tierra el uso de hidroxicloroquina y cloroquina como medicinas destinadas a combatir el virus. Otras investigaciones también han demostrado que no hay evidencias suficientes para aconsejar el uso de estas sustancias en personas contagiadas por Covid-19 o como medida preventiva contra el coronavirus. 

Una de las voces más contrarias a Trump es la del doctor Rick Bright, experto inmunológico y en salud pública que dirigió la Autoridad de Investigaciones Biomédicas Avanzadas y de Desarrollo desde 2016 hasta 2020. Su marcha forzada - fue reubicado - coincidió con su denuncia sobre cómo el presidente ignoró sus avisos y recomendaciones sobre la pandemia. Al respecto de las decenas de millones de dosis de hidroxicloroquina acumuladas, el Dr. Bright fue categórico.

“Esta prohibición hace tiempo que debería haberse producido. Estos medicamentos nunca deberían haber sido traídos a nuestro país y deberían ser destruidos. Le llevó demasiado tiempo a la HHS (Departamento de Salud y Servicios Humanos) revocar esta EUA (autorización para uso de emergencia)”, publicó en un tweet el 16 de junio. 

La influencia de Trump tiene un gran impacto en sus fieles seguidores, quienes con más fe que razón, siguieron al pie de la letra unas recomendaciones que han demostrado no tener sustento suficiente como para ser aplicadas. Pero este cúmulo de irresponsabilidades no queda ahí, sino que incluso traspasa la línea marcada por expertos que trabajan para Trump y no son incapaces de contener la influencia del presidente y de su séquito, llegando incluso a oficializar la adquisición (en muchas ocasiones fruto de donaciones de grandes empresas farmacéuticas) de millones de dosis de un fármaco más peligroso que revulsivo contra el Covid-19. 

Este episodio no es una anécdota, sino un claro ejemplo de hasta donde puede llegar la influencia, por irracional que sea, de un mandatario que cree estar por encima de la Ciencia, de la Medicina e incluso del bien y del mal. 

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