El doloroso éxodo de los médicos libaneses por el derrumbe de su país

Alice HACKMAN
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Hace dos años, Nour al-Jalbout regresaba a Líbano para continuar su carrera. Hoy, esta médica se prepara para partir a Estados Unidos, huyendo como cientos de sus colegas de un país en pleno derrumbe.

"Mi familia está aquí, quería servir a la comunidad. Le di todo a Líbano, pero no recibí nada a cambio", confía esta treintañera, entre dos intervenciones en las urgencias del prestigioso hospital de la universidad americana de Beirut (AUB).

Partir es una decisión "que te carcome a diario", asegura. "Pero es lo mejor que se puede hacer", agrega.

Con su bata blanca aún manchada con sangre de un paciente herido de bala, examina la radiografía de otro enfermo, llegado de otro país de la región.

Hasta hace no mucho tiempo, Líbano aún era apodado "el hospital del mundo árabe", por sus servicios médicos en el sector privado y sus doctores formados en Europa y Estados Unidos.

Pero con el bloqueo político y el derrumbe económico que nada parece frenar desde el otoño de 2019, el sector de la salud se enfrenta a una fuga de cerebros.

Con tres mascarillas quirúrgicas en el rostro, Jalbout cuenta que presentó un pedido de emigración en Estados Unidos donde la espera un puesto en Harvard.

Luego de un año infernal, ya no se siente segura en un país inestable. "Amo Beirut, pero es como el opio: uno es adicto, pero es tóxico", confiesa.

Con lágrimas en los ojos, recuerda a los heridos que llegaron en masa una tarde de verano, el 4 de agosto, cuando toneladas de nitrato de amonio explotaron en el puerto de Beirut. Luego recibió un llamado de su marido, que le contó que su apartamento terminó pulverizado.

La tragedia dejó más de 200 muertos.

- "Catastrófico" -

Con el hundimiento de la libra libanesa, ni las clases más privilegiadas se salvaron.

Convertidos a dólares, los salarios de los médicos no valen nada. Los bancos han tomado sus ahorros como rehenes, ya que imponen drásticas restricciones a los clientes.

En este contexto, a pesar de los medios limitados y la escasez, el sector médico tuvo que enfrentar a principios de año una explosión de casos de coronavirus, con establecimientos saturados.

Para este país en crisis no hay señales de mejoría a la vista: la clase política, acusada de corrupción e incompetencia, sigue enredada desde hace más de siete meses en la formación de un nuevo gobierno.

Huyendo de un caos generalizado, cerca de mil médicos -es decir el 20% de los efectivos- partieron de Líbano desde 2019, indica el presidente de su sindicato, Charaf Abou Charaf.

Muchos eran prestigiosos, y por lo tanto importantes tanto para curar como para formar a la próxima generación de médicos.

"Tienen sobre todo entre 35 y 55 años y representan la columna vertebral del sector médico. Si esto sigue así será catastrófico", lamenta Abou Charaf.

Algunos emigran al Golfo, otros a Europa, Australia o Estados Unidos.

- "Amargura" -

Esta fuga de cerebros es vivida con sufrimiento por el presidente del sindicato: "Hemos invertido en la educación de nuestros hijos. Occidente viene a recogerlos y va a aprovecharlos, cuando nosotros necesitamos desesperadamente de ellos".

El éxodo no tiene precedentes, reconoció recientemente el jefe de la comisión parlamentaria para Salud, Assem Araji.

"Cuando hacía mi residencia en el AUB en los años 1980, el olor de la muerte estaba en todas las calles a raíz de la guerra civil", tuiteó hace poco. "Pero solo un número limitado de médicos había partido".

Cerca de mil enfermeras también abandonaron el país, según su sindicato.

Con 40 años, el psiquiatra François Kazour vuela a Francia el sábado con su esposa dermatóloga y sus dos hijos.

La pareja iniciará un largo proceso para obtener una equivalencia de diploma. Partir de Líbano, donde esperaba ver crecer a sus hijos, provoca "mucha amargura" para este francolibanés, que enseña en la universidad.

Kazour habla de la crisis económica y los ingresos que disminuyeron, pero explica que no es la principal razón de su partida.

"Desde que nací nuestra vida está marcada por la guerra, la inestabilidad política, explosiones. Francamente no tengo ganas de que mis hijos vivan esto", concluye.

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