Así avanzó el cáncer: de un dolor en el dedo del pie a un tumor masivo en el riñón

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El dolor en el dedo del pie fue el comienzo de un viacrucis de visitas y pruebas médicas. Al final, un escáner abdominal reveló que tenía cáncer en el riñón (Foto: Getty)
El dolor en el dedo del pie fue el comienzo de un viacrucis de visitas y pruebas médicas. Al final, un escáner abdominal reveló que tenía cáncer en el riñón (Foto: Getty)

Nuestro cuerpo está constantemente mandándonos señales de aviso, pero el día día nos impide fijarnos en ello y en cierto sentido, menos mal, porque viviríamos en un sinvivir (valga la redundancia) si a cada síntoma o molestia nos llevamos las manos a la cabeza y pensamos que es cáncer.

Sin embargo, testimonios como el que te traigo hoy, dan mucho que pensar. Cuando Richard Bernstein comenzó a experimentar un dolor misterioso en el dedo del pie derecho, no le dio mucha importancia. Cinco años después, le dijeron que solo le quedaban cuatro días de vida: "Me dolía el dedo del pie, pero en realidad era cáncer de riñón y solo me quedaban cuatro días de vida", ha contado al New York Post.

Antes de obtener el diagnóstico, Bernstein fue a ver a su podólogo pensando que se había fracturado el dedo del pie. Pero el médico no pudo encontrar nada malo.

Dos años más tarde, el dolor se trasladó al tobillo, por lo que fue a ver a un médico de medicina deportiva, quien pensó que tenía estenosis, un estrechamiento de los espacios dentro de la columna que a veces se trata con fisioterapia.

Pero su dolor de pie y tobillo continuaba, afectando levemente su movilidad. Luego, en marzo de 2022, su pierna derecha se hinchó notablemente. Así que acudió al médico de cabecera quien le hizo un escáner abdominal y lo derivó a un urólogo que le dio algunas noticias inquietantes.

“Me dijo que me quedaban cuatro días de vida”, cuenta Bernstein al New York Post. La exploración abdominal mostró que tenía un gran tumor canceroso en el riñón y un trombo tumoral que había crecido a través de la vena renal y llenaba la vena cava, la vena principal que desembocaba en el corazón.

Así que ingresó en el hospital para someterse a un procedimiento complejo para extirpar el tumor. Pero las pruebas preoperatorias revelaron problemas médicos más apremiantes. Dos de las principales arterias coronarias estaban bloqueadas en un 99 por ciento y su hígado estaba fallando porque la malignidad estaba obstruyendo su función.

“Te enfrentas de manera simultánea a dos situaciones que terminan con la vida en un período de tiempo muy corto”, le dijo director de urología del Hospital Phelps de Nueva York.

No había tiempo así que un trío de cirujanos se puso manos a la obra, primero tuvieron que extirpar el tumor y realizar un bypass en una operación que duró casi 12 horas. Necesitaban “controlar la circulación” cerrando el flujo de sangre sin dañar el cerebro. Para ello le conectaron a una máquina de pulmón y corazón que enfría el cuerpo.

Mientras el cuerpo se sometía al proceso de enfriamiento de dos horas, el Dr. Hemli y su equipo realizaron el bypass coronario. Luego, procedieron a extirpar el riñón y el tumor.

“Abrimos la vena cava y el corazón por el lado derecho para liberar el tumor desde abajo y sacar la serpiente. Después arreglamos la vena cava y comenzamos a calentarlo nuevamente”, cuenta el Dr. Grasso.

La “serpiente”, el tumor y el trombo tumoral, medía unos 30 cm de largo y pesaba alrededor de 1 kg. Según el Dr. Grasso, el dolor se manifestaba en el pie, el tobillo y la pierna de Richard porque había un bloqueo venoso. “La vena cava estaba obstruida y se trasladó esa presión en las extremidades inferiores”, explica el Dr. Grasso.

El cáncer de riñón da la cara tarde, cuando el tumor ha tenido tiempo de progresar. Los signos pueden ser vagos, como dolor de espalda, aunque la orina en la sangre es otra señal. Aunque Bernstein había notado también un pequeño bulto en el pecho, su médico descartó que fuera un problema.

Sin embargo, se siente afortunado ya que "si no se me hubiera hinchado toda la pierna, seguramente me habría caído muerto”, reconoce. Tras este viacrucis estuvo sedado durante tres días y se pasó la semana siguiente haciendo rehabilitación para recuperar su fuerza. Ahora camina sin ayuda y está recuperando lentamente los 13 kg que perdió.

Los médicos le extirparon todo el cáncer, por lo que no necesita someterse a ningún tratamiento adicional, y ahora está centrado en recuperarse de la intensa cirugía. "Mi consejo es que si algo anda mal y no lo encuentran, no dejéis de buscar", concluye Berstein.

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