El lado oscuro de AND1 que no cuenta el nuevo documental de Netflix

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Philip Champion, más conocido como Hot Sauce, en plena acción durante uno de los partidos de exhibición organizados por la marca AND1. (Credit:  Mickey Welsh/Montgomery Advertiser-USA TODAY NETWORK)
Philip Champion, más conocido como Hot Sauce, en plena acción durante uno de los partidos de exhibición organizados por la marca AND1. (Credit: Mickey Welsh/Montgomery Advertiser-USA TODAY NETWORK)

La marca deportiva AND1, su relación con el baloncesto callejero, su explosión mediática y sus jugadores son los protagonistas de uno de los episodios de la serie documental de Netflix Al descubierto (Untold). Bajo el nombre de Ascenso y caída de AND1 (Rise and fall of AND1), el espectador puede hacerse una idea a grandes rasgos de lo que fue el impresionante crecimiento comercial de la compañía y la enorme fama de su ballers, así como la manera en la que todo se fue al garete. Sin embargo, hay cosas que el documental no muestra y que es importante conocer para hacerse una idea real de lo que sucedió con AND1.

Para explicar los motivos del comienzo de la bajada a los infiernos de AND1 y la desaparición del programa televisivo de ESPN Streetball, así como del Mixtape Tour que realizaban por todo Estados Unidos, con algunas escapadas al extranjero, en el documental se menciona el sueldo de los jugadores y las diferencias entre ellos y la compañía como motivos principales. El combo de envidias, celos y lucha de egos entre los ballers y los desprecios de la marca hacia ellos acabó desencadenando en la venta de la empresa y la consiguiente desaparición del ‘equipo’. Hasta ahí bien explicado, pero no en su totalidad.

Shane ‘The Dribling Machine’ comenta apenado que, tras AND1, comenzó a jugar en ligas menores y equipos similares a los Harlem Globetrotters, y que le dolía cada vez que alguien le preguntaba si era “el tío que salía en la ESPN” y cómo había terminado así. Pues bien, él y la mayoría de jugadores del AND1 Mixtape Tour terminaron así por culpa de ellos mismos.

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Cuando American Sporting Goods compró AND1, en 2005, muchos jugadores del Mixtape Tour se quejaron de que sus nuevos jefes no les tenían cuenta e ignoraban sus opiniones sobre lo que se estaba haciendo. La mayor preocupación de los ballers era que todo se había convertido en demasiado comercial (algo que en realidad llevaba pasando años, pero no hay mejor ciego que el que no quiere ver). Decían que se había perdido la esencia del streetball, del baloncesto callejero, así que decidieron empezar a trabajar en otra dirección.

Varios jugadores, especialmente los más veteranos, acabaron a farolazos con AND1 y dejaron la marca para crear su propio ‘equipo’ y tour nacional. Así, producto de una gota que colmó un vaso nació Ball4Real, con la intención de “dejar atrás el espectáculo por el espectáculo para dar forma a un movimiento y un tour para la comunidad”, tal y como lo vendían en su momento, cuando debutaron de forma independiente allá por 2008.

Leyendas del baloncesto callejero como AO, Main Event, Mr. 720 (Air Up There), Shane The Dribbling Machine, Half Man – Half Amazing, Spyda o Circus se embarcaron en una aventura para la que contaron con el respaldo de marcas como Spalding o Mountain Dew. Sin embargo el concepto que presentaban no era muy diferente al de AND1, con la diferencia de que la promoción y repercusión no le llegaba ni a la altura de los zapatos a su predecesor. El público no respondió como se esperaba, la asistencia a los partidos fue muy baja y Ball4Real, que llegaba para salvar el streetball, se disolvió con tiempo pasando prácticamente desapercibido.

El equipo de AND1 durante la fiesta de presentación del AND1 Mixtape Tour Volume 9. (Photo by Kevin Parry/WireImage for And1)
El equipo de AND1 durante la fiesta de presentación del AND1 Mixtape Tour Volume 9. (Photo by Kevin Parry/WireImage for And1)

De nada sirvió que el ‘nuevo’ producto se promocionase como “los jugadores que viste en el programa de Streetball de ESPN”. Ball4Real no contaba con el respaldo de ESPN ni con toda la infraestructura que acompañó a AND1 durante sus años dorados. Esto no quiere decir que los jugadores del Mixtape Tour tuvieran que haber tragado con todo y seguir siendo explotados por la marca (había que decirlo), pero lo cierto es que pretendieron destruir un tanque a pedradas y acabaron dándose en la cabeza a ellos mismos.

Quizás no negociaron de la forma correcta. Quizás debieron hacer decido en algunas cosas. Quizás debían haber sido más piña. Quizás, quizás, quizás… El caso es que salir dando un portazo de AND1 no fue la mejor opción, por mucho que la marca les estuviese utilizando. Alargar el rencor y el resquemor después del fiasco independiente tampoco ayudó a que la gente les tuviese en cuenta.

Pero no todo lo que se pasa por alto (o no se cuenta deliberadamente) en el documental tiene que ver con los jugadores. AND1 en sí misma también deja sin contar que una vez que el equipo del Mixtape Tour puso pies en polvorosa todo fue a peor. Lo que en Netflix se resume como “la empresa se ha vendido varias veces y hoy pertenece a un nuevo grupo empresarial” tiene algo más de chicha. Tras la venta a American Sporting Goods en 2005 llegó otro ‘traspaso’ en 2011, cuando la marca fue comprada por Brown Shoe Company y meses después por Galaxy Brands. Después de aquello llegó la fusión con Sequential Brands Group.

Las zapatillas y los productos AND1 fueron perdiendo peso en el mercado, pese a aparecer en los pies de algunos jugadores NBA como Lance Stephenson, y acabaron vendiéndose en centros comerciales a precios de chiste. Tuvo que aparecer Kevin Garnett en 2018 para convertirse en director creativo de la marca y revitalizarla para evitar su desaparición prácticamente total. Pero claro, eso no interesa que se cuentas en un documental en el que da la impresión de que tres amiguetes se juntaron para crear una empresa y terminaron compitiendo con Nike por la hegemonía baloncestística para acabar viendo como el gigantes del swoosh les superaba por tener más medios y dinero y los egoístas de sus jugadores les dejaban tirados cuando más falta hacía. Claro, que todo depende del lado de la historia que se cuente.

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