Discoplay, el ‘Spotify español’ de los 70 que llegó a donde nadie había llegado

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Descubrir un nuevo grupo de música e incluso escuchar sus canciones es hoy en día una tarea sencilla, gracias principalmente a plataformas como Spotify. Con unos pocos clics podemos acceder a todo tipo de material, desde la última novedad de un artista consagrado hasta el primer trabajo de una banda absolutamente desconocida para el público. Pero esto no siempre ha sido así… En los años 70, estar al día en España de las novedades musicales a nivel internacional era prácticamente imposible. Hasta que un visionario llamado Emilio Cañil puso en marcha Discoplay, un negocio con varias ramas que contribuyó de manera impagable a la difusión de la cultura en nuestro país.

Discoplay fue un referente musical en España durante varias décadas. Fuente: Bibliostock
Discoplay fue un referente musical en España durante varias décadas. Fuente: Bibliostock

Todo comenzó con un modesto puesto de venta de discos que Emilio tenía en el Rastro de Madrid. Al ver que a la gente le interesaba el producto, se lanzó a abrir una tienda en Los Sótanos de Gran Vía. Así nació Discoplay, que no tardó en convertirse en punto neurálgico de la Movida madrileña.

Pero el auténtico ‘pelotazo’ llegó con el lanzamiento de su boletín llamado BID, que llegó a distribuir más de 1 millón de medio de ejemplares al mes a todos los puntos de la península. No sería aventurado decir que todos los amantes de la música de la época lo recibían puntualmente en sus buzones.

La publicación no solo informaba sobre novedades artísticas, sino que podías comprar discos, pósters, libros, camisetas… ¡y hasta entradas para conciertos! Pocos negocios habrán vislumbrado con tanta claridad cómo iba a ser el comercio varias décadas después.

Portadas míticas del catálogo BID de Discoplay. Fuente: Bibliostock
Portadas míticas del catálogo BID de Discoplay. Fuente: Bibliostock

A principios de los 90 las cosas le marchaban tan bien a Discoplay que a su fundador se le ocurrió una idea disparatada: lanzarse a conquistar el mercado ruso. Ni corto ni perezoso llegó a un acuerdo con la discográfica pública y abrió una tienda en el mismo Moscú. Fue la primera empresa española que abrió un comercio en la Rusia post-comunista, un hito al que nadie la podrá restar valor.

Por mucho empeño que le pusieron, la aventura no llegó a buen puerto debido en gran medida a los problemas de suministro, dado que la corrupción en la aduana hacía que muchos artículos no llegaran a la tienda. Tampoco ayudó la parte monetaria, dado que el pago se hacía en rublos y en esa época esa divisa no era comerciable.

No faltó creatividad empresarial ni espíritu comercial, ya que Discoplay llegó incluso a comprar violines en Rusia (pagados en rublos) y venderlos en España a través de sus canales (cobrando en pesetas). Pero los esfuerzos no fueron suficientes y la compañía acabó por cerrar las operaciones en suelo moscovita y centrarse en su negocio nacional.

Imágenes de la tienda de Discoplay abierta en Moscú. Fuente: Bibliostock
Imágenes de la tienda de Discoplay abierta en Moscú. Fuente: Bibliostock

El boletín BID siguió distribuyéndose hasta que también tuvo que claudicar allá por 2007, tras 37 años de impagable divulgación musical. Los nostálgicos de la publicación siguen manteniendo vivo su recuerdo y se han lanzado al ambicioso objetivo de localizar y digitalizar todos y cada uno de sus ejemplares. ¡Larga vida a Discoplay!

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