El dilema de la ejemplar Nueva Zelanda tras el coronavirus: seguir dando alojamiento a los sin techo o devolverles a la calle

Javier Taeño
·4 min de lectura

La propagación del coronavirus por el mundo ha puesto a prueba la capacidad de reacción de los distintos países. Mientras que algunos se han visto muy afectados (Reino Unido, Estados Unidos, Brasil, España…), otros han sido capaces de superar rápidamente la pandemia y poco a poco ir recuperando su vida normal. Uno de los principales ejemplos de este último escenario es Nueva Zelanda, cuya gestión del virus ha sido muy aplaudida internacionalmente.

A día 27 de mayo, el país cuenta con 1.504 casos y solo 21 muertos y lleva varios días consecutivos sin ningún nuevo infectado, lo que hace pensar que Nueva Zelanda ya ha superado esta primera ola del brote. La gestión de su Gobierno, que cerró las fronteras e impuso medidas de confinamiento desde que se confirmaron los primeros contagios, ha sido clave en evitar la propagación.

Nueva Zelanda ha dado refugio a todos los sin techo. (Photo by Kai Schwoerer/Getty Images)
Nueva Zelanda ha dado refugio a todos los sin techo. (Photo by Kai Schwoerer/Getty Images)

Pero más allá de la anticipación del Gobierno, también hay un factor que ha sido fundamental en el éxito: el país no ha dejado a nadie atrás. Y es que la estricta cuarentena a la que fueron sometidos los neozelandeses, también tuvo en cuenta a las personas sin hogar, ya que las autoridades se preocuparon de asignarles un techo bajo el que vivir durante un año. La gran pregunta es si el país podrá garantizar este hogar en el futuro.

Estos sin techo han recibido alojamiento en 1.200 habitaciones de motel y el Gobierno, liderado por la laborista Jacinda Ardern, ha garantizado 100 millones de dólares para que estas personas puedan estar allí no solo durante los meses de la pandemia, sino también hasta abril de 2021.

Una solución temporal con el objetivo de sacar a ciudadanos vulnerables de las calles y garantizarles un refugio en un tiempo especialmente convulso, tal y como revela The Guardian. Las autoridades también han asegurado que no se les obligará a volver a las calles una vez superada la pandemia y además ha prometido la construcción de 8.000 nuevas viviendas sociales.

No cabe duda del esfuerzo que está realizando Nueva Zelanda por acabar con esta situación de gente viviendo en la calle, pero esta solución temporal (hasta el mes de abril) va a tener dificultades para convertirse en definitiva.

El problema de la vivienda en Nueva Zelanda

El país es muy próspero, apenas tiene desempleo (4,8% en 2019) y suele ocupar los primeros puestos en las listas de mejores lugares en los que vivir del mundo, pero tiene también una serie de problemas estructurales que le está costando superar. Y uno de los principales es la vivienda.

Nueva Zelanda tiene escasez de vivienda, lo que provoca que las casas no sean asequibles para sus ciudadanos, especialmente en las grandes ciudades. La construcción suele ser lenta y la lista de espera para acceder a una vivienda pública continúa creciendo, marcando cada trimestre un nuevo máximo. En marzo de 2020 ya había 16.000 personas esperando por una casa, un 47% más que un año antes.

La gestión de Nueva Zelanda ha sido muy aplaudida. En la imagen, su primera ministra, Jacinda Ardern. (Newshub via AP)
La gestión de Nueva Zelanda ha sido muy aplaudida. En la imagen, su primera ministra, Jacinda Ardern. (Newshub via AP)

Se da la circunstancia además que el coronavirus ha paralizado la construcción de nuevos hogares por las dificultades de mantener el distanciamiento social, por lo que se espera que la situación se agrave aún más.

Un informe de 2018 reflejaba que un 1% de los 5 millones de neozelandeses no tienen hogar, el porcentaje más alto de los países ricos de la OCDE. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el país tiene una definición bastante amplia de persona sin techo, ya que incluye a aquellos que viven en lugares superpoblados, en coches o en refugios temporales. Así, el número de personas que realmente viven en las calles es mucho más reducido.

Las cifras oficiales muestran que casi 500 personas de las 1.400 realojadas durante el coronavirus vivían en la calle, mientras que más de 350 estaban viviendo en alojamientos superpoblados.

Las medidas del Gobierno garantizan alojamiento para todos durante un año. Está por ver qué ocurre a partir de ese momento y si Nueva Zelanda se convierte en un país en el que todo el mundo vive bajo un techo.

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