La difícil situación de las mujeres sin hogar en Berlín durante la pandemia

Isabelle LE PAGE
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"Nunca pensé que me pasaría esto". Petra, de Berlín, se encontró sin hogar al comienzo de la pandemia de coronavirus, que aumentó la vulnerabilidad de los más pobres, especialmente de las mujeres.

Son las seis de la tarde a principios de marzo en el refugio "Evas Obdach" de Neukölln, un barrio desfavorecido de Berlín. Después de un día de frío, empiezan a llegar mujeres cargadas con pesadas bolsas o arrastrando voluminosos carros de compras, visiblemente cansadas.

Aquí podrán tener acceso a una comida caliente, ducharse y pasar la noche.

- "Corona me empujó a la calle" -

Petra (nombre ficticio) es una de las pocas mujeres que comparte parte de su historia, de forma anónima. Hace un año, al comienzo del confinamiento, llegó a Berlín para establecerse.

En el hotel en el que pensaba alojarse temporalmente, le negaron una habitación porque no tenía "ninguna razón profesional para alojarse allí", contó.

Desde entonces, ha estado luchando de un albergue a otro. ¿Por qué se trasladó a la capital? ¿Con qué recursos contaba cuando llegó? Esta mujer, de 60 años, deja muchas preguntas sin responder, pero está segura de una cosa: "Corona (coronavirus) me empujó a la calle".

"Soy química de formación, trabajé en el sector de la gastronomía, tuve una carrera (...) Nunca pensé que me pasaría esto", afirma.

El impacto de la pandemia en el número total de personas sin hogar es todavía incierto.

"Por el momento no hay indicios de que se haya producido un fuerte aumento", afirma Werena Rosenke, directora de Wohnungslosenhilfe ("Ayuda a los sin techo"), que agrupa a varias organizaciones de apoyo.

"Pero esto podría ocurrir después de la pandemia, cuando se ejecuten las rescisiones de los contratos de alquiler por impago, actualmente suspendidas", agregó.

Otra dificultad es la falta de estadísticas fiables. En Berlín, un censo voluntario realizado a principios de 2020 contabilizó unas 2.000 personas sin hogar. Pero las organizaciones benéficas estiman que hay entre 6.000 y 9.000 personas, incluidas 2.500 mujeres.

- Sentimiento de la vergüenza -

El recuento de estas últimas es aún más complicado, explica Natalie Kulik, fundadora de "Evas Obdach", porque las mujeres intentan evitar la calle el mayor tiempo posible, aunque eso signifique soportar la violencia en una relación o prostituirse para pagar el alquiler.

Si acaban en la calle, ocultan su situación, "cuidando especialmente su aspecto", dice, refiriéndose a "un sentimiento de vergüenza".

"La calle es peligrosa para ellas", precisa.

La protección, ya sea en un hogar mixto o en un grupo, suele pagarse con favores sexuales. "La mayoría de nuestras visitantes aquí nunca admitirían ser personas sin hogar", prosigue.

- Estrategia de supervivencia -

"La pandemia está ejerciendo una gran presión sobre el ya frágil estado mental de las mujeres", afirma Kulik.

"Puedes ver que algunas comienzan a crear su propio mundo, una estrategia de supervivencia", lo que las hace menos receptivas a la ayuda.

Las restricciones vigentes empeoraron las ya precarias condiciones de vida de todas las personas sin hogar, según las asociaciones.

Las fuentes de ingresos, como la recogida de botellas retornables, se agotaron, ya que la gente se queda en casa, al igual que los lugares donde podían reunirse los sin techo: centros comerciales o albergues.

Las plazas de refugio se han reducido a la mitad debido a la normativa sanitaria.

Para el invierno (boreal), el gobierno de Berlín tomó medidas para alojarlos, "alquilando hoteles vacíos", comenta un portavoz, Steffan Strauss.

Pronto comenzará su vacunación contra el covid-19.

Pero con la llegada de la primavera, "toda esta ayuda extra desaparecerá", advierte Anett Leach, de la asociación Klik para jóvenes sin hogar de la UE.

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