Diez años sin el terror de ETA, la banda nacionalista vasca que marcó la historia de España

Hace diez años la organización nacionalista ETA puso fin a sus acciones terroristas. Aunque esta banda del País Vasco se disolvió por completo en 2018, tras 60 años de existencia, fue un 20 de octubre de 2011 en que cesó oficialmente la violencia que tanto atormentó a España y a Francia. Un día de inmenso alivio para quienes vivieron el terror de sus hostilidades.

ETA es una sigla que traducida del idioma euskera significa “País Vasco y Libertad”. También fue el nombre escogido en la década de 1950 por un grupo de jóvenes nacionalistas vascos, cuyo objetivo era la creación de un Estado socialista en la región Euskal Herria, que por siglos han habitado los vascos entre el norte de España y el sur de Francia.

Se trata de uno de los movimientos separatistas más antiguos del mundo, con siglos de existencia. Tanto así que durante la Guerra Civil española se creó una República Vasca, la cual fue borrada por completo por el general Francisco Franco quien además ordenó, en tiempos de su dictadura, que cualquier otro signo de emancipación fuera severamente asfixiado por Madrid.

El asesinato de un comisario franquista fue el detonante para la guerra entre ETA y el Gobierno español

De ser una organización clandestina de oposición a comienzos de los años 60, ETA cruzó la línea hacia una organización terrorista el 2 de agosto de 1968 con el asesinato de Melitón Manzanas González.

Manzanas fue un policía español adepto de Franco, a quien se le acusó en vida por haber torturado y cometido “atrocidades” contra numerosos opositores de la dictadura.

El asesinato del comisario Manzanas no fue un hecho aislado. Símbolo de la represión franquista, su muerte marcó el inicio de una guerra abierta entre ETA y Madrid. Un año más tarde, la policía acusó al militante de ETA, Izco de la Iglesia, como el autor intelectual del crimen, pese a que este siempre lo negó.

También puso en cintura judicial a otros militantes acusados de secuestro y terrorismo en un juicio que cautivó la atención de toda Europa, el denominado 'Proceso de Burgos'. Mientras 16 vascos nacionalistas se defendían de las acusaciones, muchos otros huían por los Pirineos hacia Francia, para eludir la policía española.

La resolución del juicio era la pena de muerte para seis de estos militantes de ETA. Pero fue tal la presión internacional sobre el régimen de Franco, que en lugar de ejecutarlos fueron indultados.

El atentado contra el presidente del Gobierno en 1973 dejó clara la determinación de ETA como banda terrorista

Inflamado de popularidad, ETA volvió a dar un golpe en 1973, esta vez en el corazón de la política española. El objetivo fue la mano derecha de Franco, el para entonces presidente del Gobierno español Luis Carrero Blanco, quien se perfilaba como el sucesor del dictador.

La forma de matarlo fue explotar su vehículo, volándolo en pedazos por el centro de Madrid, hecho en el que también murieron su guardaespaldas y conductor. La frialdad y premeditación de ETA habían quedado claras. ETA se ganaba la simpatía de los sectores más extremos de la izquierda, pero quedaba maltrecha ante la opinión pública por el desprecio que demostraba contra los derechos humanos.

El dictador Franco murió en 1975, y con el rey Juan Carlos como sucesor, España entró en un camino hacia la democratización que selló el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez.

Dicha transición trajo consigo una ley de amnistía en 1977 y una nueva Constitución en 1978 que marcaría años más tarde la partición de ETA.

Durante los años que le siguieron a la firma de la nueva Carta Magna de España, una que abogaba por un democrático sistema multipartidista, las facciones más radicales de ETA no cesaron de asesinar a tiros y con carros bomba a decenas de policías y militares.

Entre tanto, el Gobierno español creó los GAL, Grupos Antiterroristas de Liberación, en síntesis, agentes españoles encubiertos que perseguían a los nacionalistas vascos, sin importar que fuera en territorio francés, y cuyas acciones fueron calificadas por la prensa como 'la Guerra sucia contra ETA'.

La reputación de ETA en la sociedad española se vino a pique en la década de 1990, con un asesinato en particular

La reputación de ETA estaba por los suelos luego de perpetrar atentados como el de la bomba en un centro comercial de Barcelona en 1987 que dejó 21 muertos. O el secuestro de José Antonio Ortega Lara, un funcionario de prisiones que duró más de 530 días cautivo entre el 96 y 97. Pero un asesinato en específico fue la gota que colmó el vaso.

En julio de 1997, ETA secuestró al concejal español por el Partido Popular (PP), Miguel Ángel Blanco. A cambio, pidieron al gobierno de José María Aznar la reubicación de los presos de ETA en las cárceles del País Vasco, quienes por entonces estaban dispersados en otras cárceles de España para evitar su concentración.

Ante la negativa de Aznar, ETA asesinó a sangre fría al concejal. De inmediato, estalló un sentimiento ciudadano de repulsión contra ETA. Miles de personas salieron a las calles en diferentes ciudades del País Vasco para expresar su rechazo en un capítulo conocido como 'el espíritu de Ermua', en honor al levantamiento social en la ciudad natal del concejal Blanco.

El ocaso de ETA llegó en el marco de la guerra contra el terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre

Empezado el siglo XXI, las dos grandes corrientes políticas españolas, el Partido Popular y el Partido Socialista, lograron ilegalizar, por medio de una ley en el 2002, el funcionamiento del brazo político de ETA, Herri Batasuna. Sin representación política en los ayuntamientos e instituciones vascas, ETA comenzó una década de declive.

Además, el mundo había cambiado después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Y cuando ocurrieron los ataques del 11 de marzo de 2004, en los trenes de cercanías de Madrid por el que murieron 193 personas y más de 2.000 resultaron heridas, las autoridades pensaron que ETA había sido responsable y que sobre su organización se vendría todo el peso conjunto de Europa. Pero dicho atentado, el peor en la historia de España, fue atribuido tiempo después a células de Al-Qaeda y del Grupo Islámico Marroquí.

Sin embargo, ETA no se quedaría de brazos cruzados y volvió a atacar en 2006, con una bomba en la Terminal 4 del Aeropuerto Barajas de Madrid en la que murieron dos ecuatorianos. Tras este atentado y los repetitivos incumplimientos de cese del fuego, la cooperación policial entre Francia y España aceleró un proceso para desmantelar el aparato financiero de ETA y empujarlos a la desaparición.

De esta manera, y tras varios años de decadencia, ETA decidió por sí mismo, poner punto final a la violencia y al terror con que asoló durante décadas a España, el 20 de octubre de 2011. Siete años después disolvió por completo su organización, claro está, sin haber logrado la independencia del País Vasco.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente