Diez años del naufragio del Costa Concordia y de "un comportamiento infame"

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Roma, 13 ene (EFE).- El capitán de la Marina italiana Gregorio De Falco, coordinador de las tareas de socorro en el naufragio del Costa Concordia, que costó la vida a 32 personas hace hoy diez años frente a la isla de Giglio (centro), asegura que todos se podían haber salvado y que lo que ocurrió fue sólo debido "al comportamiento infame" del comandante, Francesco Schettino.

"No fue un accidente de la navegación. Fue todo debido al comportamiento infame de una persona", afirma a Efe De Falco sobre lo ocurrido durante la noche del 13 de enero de 2012, cuando una maniobra aún hoy incomprensible para que la madre de un miembro de la tripulación viese la nave desde la isla provocó el impacto con un escollo del crucero en el que viajaban 4.229 personas.

De Falco se convirtió en el "héroe" de aquella noche al ponerse a los mandos de las operaciones de rescate y después de que se filtrase una llamada telefónica en la que, tras comprobar que Schettino había abandonado la nave mientras aún había cientos de personas a bordo intentando salvarse, le dijo: "¡Vuelva a bordo, coño!".

"Alessandro Tossi, el oficial que se ocupaba de la radio en la Capitanería de Puerto de Livorno, me dijo: 'Mire, capitán, en el barco nos están tomando el pelo...".

"Decía esto porque habíamos recibido una llamada de una persona cuya madre estaba a bordo y había contado que habían tenido un apagón en el barco y les habían hecho poner los chalecos salvavidas, pero no nos cuadraba que los objetos se cayeran. Eso era que el barco estaba escorando, pero desde el crucero insistían que era solo un problema eléctrico", explica.

De Falco señala que "se supo sólo después que desde los primeros minutos tras el impacto, a las 21.50 horas, el comando de a bordo sabía perfectamente que el barco tenía que ser abandonado y uno de los maquinistas había asegurado, como se escucha en una grabación, que se estaban hundiendo. Se tenía que haber dado la alarma general y proceder ordenadamente a salvar a los pasajeros".

"Si se hubiera hecho así, ya que el barco en esas condiciones permaneció bastante tiempo sin inclinarse demasiado, se habrían podido utilizar todas las lanchas de salvamento, del costado de babor y de estribor, y se habrían salvado todas las vidas", asegura a Efe el ahora senador.

Confiesa que cuando supo que Schettino había abandonado el barco fue una "tremenda desilusión" porque "el comandante a bordo era nuestro interlocutor en estos casos" y "allí no había nadie".

El capitán habría, por ejemplo, podido dar la orden de llenar con más personas las lanchas de salvamento a pesar de que no estaba permitido y evitar que personas como Giuseppe Girolamo, de 30 años, el batería de la banda musical del barco, muriese al dejar su puesto a una madre con su hija pequeña.

De Falco explica que se le intentó llamar en varias ocasiones y que sólo después de las 12.00 de la noche respondió para asegurar que estaba dirigiendo las operaciones desde una barca. "Se supo después que hacía ya tiempo que estaba en la isla del Giglio", lamenta.

Aunque algunos oficiales responsables de la tragedia no han ido a la cárcel al recibir penas inferiores a los tres años y el único que está en prisión descontado una pena a 16 años de reclusión es Schettino, el senador asegura que en el proceso salió toda la verdad y que es una de las pocas tragedias italianas sobre la que "no hay misterios".

Para De Falco, la muerte de estas 32 personas, entre ellas dos peruanos y un español, "no fue un accidente de la navegación, sino un comportamiento infame, totalmente irrepetible" de Schettino, un acto que supuso "la traición de su propio puesto, el de capitán, por miedo, intereses...".

Confiesa que en estos años siempre ha pensado en "sí se podía haber hecho algo más", aunque cree que se hizo todo lo posible y que hasta los informes que llegaron al Senado de Estados Unidos sobre si estaban preparados para un accidente de este tipo se aseguró que la coordinación del rescate fue "impecable".

Cristina Cabrejas

(c) Agencia EFE

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