Diez años después de su entrada en la UE, Bulgaria vive a dos velocidades

Por Diana SIMEONOVA
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Un barrio residencial abandonado a las afueras de Pernik, en Bulgaria, el 23 de marzo de 2017

Obreros textiles pagados con "menos que en China" conviven con genios de la informática que ganan como en Silicon Valley en Bulgaria, un país que, una década después de su entrada en la Unión Europea, se desarrolla a dos velocidades sin lograr superar la pobreza.

Concentradas en sus máquinas de coser, con las que confeccionan prendas para grandes marcas europeas en una fábrica de Lovetch (noreste de Sofía), unas 150 obreras trabajan disciplinadamente.

Los salarios varían entre 230 euros -mínimo legal- y un máximo de 400 de media, los más bajos de la UE. Incluso respecto a algunos países asiáticos. "Cosemos más barato que en China", destaca Radina Bankova, directora de la fábrica y presidenta de la asociación patronal del textil de Bulgaria.

Esta ventaja competitiva en el seno de la Unión Europea ha permitido al sector convertirse en el segundo con más empleados del país tras el Estado, con unos 100.000 asalariados, y a Bulgaria en uno de los principales talleres de confección del continente.

Y, a pesar de un costo de vida moderado, le convierte en el país más pobre de los 28 de la UE y lo magro de los salarios frustra los sueños de prosperidad que acompañaron su entrada al club europeo en 2007.

Si bien la lucha por el poder adquisitivo está incluida en los programas de todos los partidos en liza en las elecciones legislativas del domingo (terceras en cuatro años), pocos creen en estas promesas.

"No me interesa la política. Son todos iguales. Me contento con tener un trabajo, aunque esté mal pagado", confía una obrera de unos 40 años bajo el anonimato.

- Brecha salarial -

El textil no es la excepción, puesto que el salario medio no sobrepasa los 500 euros a nivel nacional y los 400 en los sectores de la construcción, industria, servicios básicos y agricultura.

También en términos de poder adquisitivo el país ocupa el último puesto de la UE, con un PIB por habitante inferior a la mitad de la media europea.

Estos sueldos miserables animaron al éxodo a 3,5 millones de búlgaros tras el fin del comunismo y mantienen a otros alejados del mercado laboral. Sólo 2,9 millones de personas tienen un empleo formal en Bulgaria sobre una población de 7,2 millones.

Sin embargo, los barrios de moda de Sofía son reflejo de otra realidad búlgara: el auge de las nuevas tecnologías.

Estimulado por un personal cualificado y salarios razonables, este sector, que junto a la industria automotriz atrae las mayores inversiones extranjeras, emplea entre 40.000 y 50.000 personas, y representa el 4% del PIB búlgaro, el doble que el textil.

En las amplias oficinas de una empresa de 'software' estadounidense de la capital, el ambiente es aplicado pero relajado. Los salarios en este ramo alcanzan a 1.400 euros de media y pueden ser superiores según la cualificación, subraya el director de esta filial, Stanimir Nikolov.

"Mi nivel de vida es comparable al que tendría si trabajara como especialista en nuevas tecnologías en el exterior. El salario sería mayor, pero el nivel de vida el mismo", estima Zornitsa Detcheva, desarrolladora de 'software' desde hace 12 años.

No obstante, el año pasado el país conoció uno de los crecimiento más dinámicos de la UE (3,4%), lo que anima al politólogo Evgeni Dainov a afirmar: "es posible para Bulgaria convertirse en una potencia económica, modesta, pero con salarios correctos".

Para ello, el país tiene que liberarse "de los monopolios y cárteles", y sobre todo del flagelo de la corrupción, para las organizaciones internacionales y la propia población búlgara el principal factor de pobreza, subraya.

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