Dientes de piscina: el peligro al que te expones si los blanqueas con gel en casa

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Algunos kit caseros para blanquear los dientes contienen determinados productos pueden llegar a dañar el esmalte dental, conseguir el efecto contrario al que buscamos y empeorar el aspecto de nuestra sonrisa. (Foto: Getty)
Algunos kit caseros para blanquear los dientes contienen determinados productos pueden llegar a dañar el esmalte dental, conseguir el efecto contrario al que buscamos y empeorar el aspecto de nuestra sonrisa. (Foto: Getty)

Puede que te cueste creerlo pero algunos kits de blanqueamiento dental de uso doméstico llevan el mismo ácido que se usa para limpiar piscinas. Este producto químico, que junto a otros ayuda a eliminar las manchas de los dientes para darles ese precioso brillo blanco, también elimina el esmalte de los dientes, dejándolos expuestos y provocando daños irreparables.

El blanqueamiento dental casero se presenta principalmente de tres formas: jeringuillas rellenas de gel, tiras recubiertas de gel y pinceles para pintar el blanqueador. Las férulas con un tratamiento gelificado y acompañados del superpoder de la luz azul son los más vendidos. Sea cual sea el método, hay que tener en cuenta algunos puntos antes de comprarlos y someterse a cualquier tratamiento.

"Algunos kits que se venden por Internet contienen niveles peligrosos de algunas sustancias químicas blanqueadora que pueden quemar las encías y provocar la pérdida de dientes", explica el doctor Khaled Kasem, jefe de ortodoncia de Impress.

Y es que si bien los profesionales crean un protector diseñado específicamente para tu boca, lo que suele encarecer el tratamiento pero reducir riesgos, los kits caseros suelen tener una política de "talla única", por lo que es probable que el gel se derrame sobre la boca o la piel, lo que acabaría provocando quemaduras. Por eso es tan importante comprobar los ingredientes antes de comprar cualquier producto.

Aunque la mayoría de los kits de blanqueamiento caseros contienen peróxido de hidrógeno, muchos otros contienen también dióxido de cloro. Como sabes, el cloro es una sustancia química que se emplea con el objetivo de mantener un nivel de pH óptimo en el agua. De esta manera se evita que microorganismos y bacterias no deseadas invadan el entorno.

Sin embargo, entre algunas de las numerosas propiedades del cloro, más allá de su potencial higiénico en el agua de las piscinas, está la de descomponer con gran velocidad las proteínas presentes en la saliva. Esto provoca una progresiva acumulación de estas sustancias en la línea entre el diente y las encías, la proliferación de bacterias en la zona, su rápido proceso de mineralización y la consecuente aparición de placa bacteriana y finalmente, sarro.

En pequeña medida, no supone un problema, pero cuyo contacto continuado puede aportar acidez a nuestra boca y provocar el desgaste prematuro del esmalte.

Además, el principal problema de la relación entre el cloro y los dientes es que no comparten el mismo nivel de pH. El pH de la boca se suele situar entre el 6,5 y el 7, y cuanto más acentuada es esta diferencia, mayores serán los efectos del cloro en la salud bucodental.

Y ojo porque cualquier producto que eleve el pH de la saliva como el cloro, hará que se formen estos depósitos orgánicos en los dientes, tan duros que su extracción mediante el cepillado normal resulta ineficaz.

Algunos de los efectos secundarios más habituales son:

  • Pérdida de color en los dientes, adquiriendo una tonalidad amarillenta-marrón.

  • Manchas o desgaste del esmalte.

  • Hipersensibilidad dentaria.

  • Aparición de sarro.

  • Inflamación de las encías (gingivitis).

  • Mal aliento (halitosis) asociada al sarro.

Cualquier persona que experimente estos síntomas durante su tratamiento deberá dejar de usar el producto y comunicarse con su dentista para discutir otras opciones.

En cuanto al otro componente habitual de los blanqueadores caseros, el peróxido de hidrógeno, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ya alertó de que puede ser dañino para la boca, sobre todo, cuando se usa en menores de edad y en altas concentraciones.

Pero el quid de la cuestión no está en que los geles blanqueadores contengan este ingrediente, sino en su cantidad. “Su efectividad es muy limitada por una razón muy sencilla: estos kits están sujetos a una directiva europea, en concreto la 2011/84/UE, que prohíbe explícitamente la venta de productos con más de un 0,1% de peróxido de hidrógeno, ya sean dentífricos, geles blanqueadores, tiras, etc”, explica a Vanitatis el doctor Jorge Ferrús, implantólogo y periodoncista de la clínica dental Ferrus & Bratos de Madrid.

 Los kits que se venden sin receta no deben contener más del 0,1 por ciento de peróxido de hidrógeno, mientras que el límite legal para los profesionales es del 6 por ciento, pero recuerda que ellos están formados para utilizarlo y saben qué productos son eficaces y seguros. "Ten cuidado con lo que compras, ya que un estudio realizado en 2021 descubrió que algunos kits contenían más de 300 veces la cantidad recomendada", apunta el Dr. Kasem.

Muchas personas se preocupan porque las concentraciones más altas de peróxido pueden causar más efectos secundarios, como la ruptura del esmalte y la sensibilidad del diente. Sin embargo, hay que decir que el modo de uso influye mucho en el riesgo. Por ejemplo, el período de tiempo que estos productos permanecen en los dientes es importante.

Y es que, tal y como recoge MedicalNewsToday: los geles con concentración más baja tienen más efectos negativos en el esmalte del diente cuando permanecían en los dientes por períodos más prolongados. Mientras que los geles con concentraciones más altas con frecuencia requieren menos tiempo en los dientes para ser efectivos, lo cual puede reducir el riesgo de daños en el esmalte.

También se debe considerar que los resultados obtenidos con estos elementos no son equiparables al tratamiento de blanqueamiento con un dentista especializado.

Por eso los especialistas recomiendan acudir a un centro profesional o, en su defecto, comprar los kits en tiendas de confianza, ya que existen normas y regulaciones que no existen en Internet y que el dentista o el farmacéutica explican al usuario para evitar problemas.

"Puede sonar dramático, pero si estás aplicando productos químicos peligrosos y éstos están destruyendo el tejido de tus encías, es algo que no tiene vuelta atrás y eventualmente perderás tus dientes. Del mismo modo, si los productos químicos nocivos penetran en la superficie de tu diente, éste morirá y se volverá de color gris, ¡no es el aspecto deseado que esperas!", añade el especialista.

Entonces, ¿se puede seguir un tratamiento de blanqueamiento dental en casa? Sí, pero siempre bajo la supervisión de un dentista. De hecho, el tratamiento en casa forma parte de las fases del blanqueamiento, pero el procedimiento se empieza en la consulta. Sería así:

  • Blanqueamiento dental en la clínica. Primero, los especialistas protegen las encías; después, aplican sobre los dientes el gel de peróxido de carbamida (un potente agente blanqueador que consigue mejores resultados a largo plazo); por último, lo activan la lámpara LED que hace posible la liberación de las moléculas encargadas de blanquear los dientes, y la dejan actuar durante aproximadamente una hora. En esta sesión, se aumenta la concentración de peróxido del gel, llegando a situarse entre el 20 y el 37,5%. "Esto se debe a que la lámpara tiene la supervisión directa de un especialista y a que se aíslan las mucosas del paciente (labios, encías…), de manera que no entran en contacto con el gel”, detalla el Dr. Ferrús.

  • Blanqueamiento dental en casa supervisado por el dentista. Tras el procedimiento en la clínica, proporciona a los pacientes un kit de blanqueamiento dental en casa, que contiene varias férulas y una jeringa para aplicar el gel blanqueador sobre ellas. El odontólogo pauta con el paciente el tiempo que debe llevarlas puestas. Normalmente se recomienda usarlas por la noche para minimizar las molestias.

Además, las clínicas suelen combinar el blanqueamiento con una profilaxis o higiene dental profesional. De esta forma se retira el sarro acumulado -que a veces provoca la aparición de manchitas naranjas en los dientes-, sanando las encías y consiguiendo resultados más saludables y estéticos.

Cuando termina el tratamiento, se hace una revisión para garantizar que los resultados han sido óptimos, que no ha habido ningún problema y que el esmalte se encuentra en buenas condiciones. Aunque parece un tratamiento simple, como hemos visto, el blanqueamiento dental no profesional puede llegar a dañar nuestro esmalte, debilitarlo y, a la larga, provocar su desmineralización, con las consecuencias que ello tiene para nuestra estética y nuestra salud.

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