Diego Schoening, el conquistador irresistible que le entregó su alma a Timbiriche y lo volvió leyenda

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Diego Schoening en concierto. (Photo by Adrián Monroy/Medios y Media/Getty Images)
Diego Schoening en concierto. (Photo by Adrián Monroy/Medios y Media/Getty Images)

Es imposible hablar de Timbiriche, la emblemática banda musical pop que saltó a la fama el 30 de abril de 1982 como una propuesta para un público infantil y prepúber en respuesta a los asaltos de Parchís (que venía de España) y Menudo (de Puerto Rico), que a inicios de esa década habían caído en México para causar furor entre la chamacada (es decir, niños de entre 5 y 13 años) cuyos padres pertenecían al codiciado target de 18-35 años —sé que suena un poco cínico el hablar de esa época de nostalgia en término de marketing, pero habiendo nacido en 1974, me tocó directamente ese periodo siendo niño y sé de lo que hablo—, sin mencionar con su nombre y apellido al más icónico de sus integrantes, que no es ni Paulina, ni Sasha, ni Benny, Thalía, ni Erik o Mariana. Se trata de Diego Schoening.

Y es que no hubo integrante más leal a la agrupación que Diego, quien desde que era un niño (y desde entonces lo conocí) tenía no solo el carisma necesario, sino la genuina vocación de ser un artista creativo y las cualidades necesarias para desenvolverse en un escenario, algo que algunos de sus compañeros descubrieron hasta después de que el grupo ya se había formado, del cual fue una especie de 'líder' a lo largo de 19 años, en todas sus encarnaciones.

MEXICO CITY, MEXICO - JUNE 20:  (L-R) Erick Rubin, Alix Bauer, Diego Schoening, Mariana Garza, Benny Ibarra and Sasha Sokol of Timbiriche attend a press conference to promote their reunion tour at Auditorio Nacional on June 20, 2017 in Mexico City, Mexico.  (Photo by Victor Chavez/WireImage)
Diego Schoening, al centro, con Erik Rubín, Alix Bauer, Mariana Garzxa, Benny Ibarra De Llano y Sasha Sökol, los integrantes originales de Timbiriche. (Photo by Victor Chavez/WireImage)

El primer recuerdo que tengo de Diego es incluso anterior a Timbiriche —ustedes perdonarán que me ponga personal, pero esta historia vale la pena contarla. Mi padre fue en esa época ejecutivo de Televisa y muchos de los hijos de la plantilla de ejecutivos o del talento que ahí trabajaba solíamos jugar en uno de los patios de Televisa San Ángel. Muchos de esos niños hoy son figuras destacadas por mérito propio, otros decidieron vivir sus vidas lejos del reflector y otros migramos a otras arenas de la vida, al paso del tiempo: es como un quién es quién de quienes crecerían en las décadas siguientes... los Timbiriche (todos), Héctor Suárez Gomís, Sergio Bonilla, Armando Araiza, Ana Patricia Rojo, Chantal Andere... infancias compartidas en juegos hoy ya están en desuso ("Stop", "Quemados", "Avión"); algo que no ocurría siempre y no a todas horas, pero surgió entre muchos una camaradería que en algunos casos persiste hasta hoy.

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De hecho, Diego fue el primer Diego que conocí en mi vida (en esa época, pese a que Maradona ya era famoso, no había tanto Diego en las escuelas); de 11 años a mis cinco o seis, él era un niño sensible, protector y alegre, la clase de 'hermano mayor' que todo niño querría tener, un don especial para un niño que era hijo único (aunque él dice, y con razón, que sus compañeros son también sus hermanos). Diego es hijo del fallecido escritor y traductor Arturo Schoening, un prolífico guionista y adaptador —es el autor de 'Bella y Bestia', una estremecedora telenovela de terror, de las pocas de ese género que se realizaron en Televisa— que falleció el 3 de enero de 2019, y de su primera esposa (que radica en España), aunque a quien él considera su madre para todos usos y razones es la directora artística, actriz y fundadora del CEA (y el CEA Infantil), Martha Zavaleta, quien desde que tenía él 3 años lo crió y amó como propio.

Fue en parte porque sus padres pertenecían al engranaje de esa Televisa que ya no existe (que, bajo la mirada de "El Tigre" Azcárraga era, por así decirlo, una empresa curiosamente más humana), que Diego estaba destinado a una carrera en el ramo. Y no solo en 'Timbiriche', cuyo primer disco y primera canción él abre, presentándose: "Me llamo Diego/y me gusta sonreír". Ya había participado brevemente en telenovelas y teleteatros y sabía que lo suyo era estar arriba de un escenario: para los que éramos otros niños aspirantes a actores que lo veíamos como un juego, era inspirador verlo (ese es uno de mis recuerdos más bonitos de niño); así participó en la obra 'La maravilla de crecer', que fue, por así decirlo, la cuna del CEA infantil, y semillero de mucho talento.

A lo largo de casi 20 años, Diego dio su vida por Timbiriche en todas sus etapas y también, en cierta forma, encontró en el contexto del grupo (oigan, crecer en público no es fácil y menos en la adolescencia) no solo una manera de expresarse sino también una manera de desarrollar una personalidad romántica mientras crecía — fue un conquistador irresistible, según consta en las revistas de esa época: son bien conocidos sus noviazgos juveniles con Thalía, con Biby Gaytán, con Marcela Pezet, Silvia Campos, que formó parte del grupo ya en los 90, entre otras figuras del medio, e incluso existe la versión de que él fue una de las razones detrás del célebre 'pique' entre Paulina y Thalía, pero claro, de eso se hacen las leyendas.

Desde la desaparición "formal" de Timbiriche y su renacimiento, Diego ha hecho muchas cosas: la más importante es haberse casado con Mónica Vélez en 1998 (tienen 3 hijos), y además, incursionar en la conducción —por varios años fue parte del elenco de 'Un Nuevo Día', de Telemundo, lo que lo llevó a vivir en Miami—, grabó dos discos como solista y realizó una gira con Mariana Garza, interpretando temas de Timbiriche y en solitario (algo similar a lo que en su momento hicieron Sasha, Benny y Erik) y participó en el documental 'La misma piedra', acerca del grupo.

Diego es incansable, y en 40 años, se ha convertido en un hombre que creó muchas cosas memorables y que sigue siendo un espíritu inquieto, y aunque hace años que no lo veo, siempre en parte lo recordaré como ese amigo de la niñez que me inspiró no solo a mí, sino a toda una generación, dándonos lo mejor de sí, desde entonces y hasta ahora.

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