La despedida del último cántabro de Mauthausen

1 / 2
Tres sobrinos de Lázaro Nates, el último de los 113 cántabros que fueron deportados a campos de concentración nazis, en su caso a Mauthausen, intervienen este martes durante el homenaje dispensado en Laredo. Nates murió el 15 de enero en París y su ciudad natal, Laredo, lo ha recordado como superviviente de un horror que duró un lustro y que superó con astucia, suerte y con su forma de ser. EFE/Miguel Ramos

Laredo (Cantabria), 11 feb (EFE).- El 15 de enero murió en París Lázaro Nates, el último de los 113 cántabros que fueron deportados a campos de concentración nazis, en su caso a Mauthausen, y a quien su ciudad natal, Laredo, ha recordado como superviviente de un horror duró un lustro y que superó con astucia, suerte y con su forma de ser.

"Era muy atrevido y se prestaba como voluntario para realizar tareas auxiliares", explica el presidente del colectivo Memoria de Laredo, José Pajares, quien reconoce a Efe que, a sus 17 años, Lárazo Nates (Laredo, 1923) intentó pasar de la mejor manera posible "ese trance" que allí se llevó por delante a 4.427 españoles.

Alfonso Rodríguez Nates, uno de los diez sobrinos de Lázaro, sostiene que a cada uno ellos su tío Pepe, nombre por el que le conocían, relataba sus peripecias "en tono de aventura graciosa, con cosas de risas o enternecedoras".

Sin embargo, al crecer e investigar los documentos de esa época, comprende que los hechos que ocurrían en los campos de exterminios "no eran tan divertidos como él los contaba".

Entre anécdotas recopiladas por familiares y allegados, Pajares recuerda que un día Lázaro averiguó que se buscaba personal para una de las labores "más llevaderas" del campo de concentración como era el hecho de limpiar los barracones, consiguiendo ese propósito, como pudo, a través de señas gestuales al no saber alemán.

También se libró de la llamada "escalera de la muerte", en la que cada día perecían "decenas de presos" mientras ascendían por los 186 peldaños cargados con ingentes kilos de piedras picadas de las canteras.

Otro día, tras ser golpeado por un mando oficial, Lázaro entró en cólera y dio un puntapié a uno de los cerdos que cuidaba, "con tan mala suerte que murió", pero se las ingenió para embadurnar al animal "con toda la porquería" de la zona para que pareciera que la causa del fallecimiento se debía a "una enfermedad contagiosa" y así evitar fatales consecuencias.

En definitiva, argucias para eludir "un infierno de muerte y sufrimiento", que quedó sellado en su memoria como "años de vida robados" y que apostó por sobrellevar gracias a un peculiar espíritu "jovial".

Así llegó deportado el 24 de agosto de 1940 en el conocido "convoy de los 927", el primer tren cargado de población civil con destino a un campo de concentración, donde viajó junto a su madre y tres hermanos que, finalmente, fueron trasladados a España y entregados a las autoridades franquistas.

"A Lázaro, por ser mayor de 14 años, le obligaron a bajar del tren en Mauthausen", afirma Pajares, quien alude a que también tenía otro hermano mayor, que se escapó antes de ser deportado.

Su padre, militante de UGT y dirigente del Pósito de Pescadores de Laredo, estuvo vinculado a la Segunda República, y por esos hechos la familia Nates Gallo huyó en barco a Francia cuando finalizó la Guerra Civil.

Tras la liberación de Mauthausen, Lázaro Nates fijó su residencia en París e intentó superar esa desventura viajando por el mundo y cultivando sus dotes como fotógrafo y pintor de tintes coloristas y cubistas.

Soltero y sin descendencia, no dejó de lado su Laredo natal y una vez que la situación legal se lo permitió, a finales de los años 60, empezó cada verano a visitar el municipio con su mezclado "acento pejino y parisino".

"Le producía en parte recuerdos amargos y, aunque tenía su hueco de amigos y familia, no era muy conocido porque el silencio sobre estos temas era abrumador y nadie quería hablar de estas cosas", asegura su sobrino.

En Laredo, este martes 11 de febrero cuando cumpliría 97 años, Lázaro Nates recibe un homenaje de familiares, amigos, vecinos, autoridades políticas, como el vicepresidente de Cantabria, Pablo Zuloaga, y la alcaldesa de Laredo, Rosario Losa, y agentes sociales vinculados a la Memoria Histórica.

El evento, organizado por el Ayuntamiento y el Colectivo Memoria de Laredo, en colaboración con el Gobierno de Cantabria, ha consistido en un acto institucional y una ofrenda en el memorial de los doce vecinos deportados a campos de concentración nazis, donde en abril de 2019 la exministra de Justicia Dolores Delgado depositó un ramo de flores en honor a Ramiro Santisteban, otro cántabro que sobrevivió a Mauthausen donde coincidio con Lárazo.

Tanto su sobrino como el presidente del Colectivo de Memoria de Laredo lamentan que los deportados sean "apátridas" y reprochan que todo se simplifique a "políticas de gestos, con homenajes póstumos o memoriales".

"Lázaro ha muerto siendo francés porque no tiene reconocida la nacionalidad española y pretendemos que a los tres deportados que aún quedan vivos se les atribuya este derecho, para superar una injusticia de hace años", subraya Pajares.

Miguel Ramos