Descubre que su abuelo no era un héroe como muchos creían sino un asesino nazi

Silvia Foti, una joven lituana-estadounidense, siempre había oído que su abuelo Jonas Noreika, era un héroe en su país de origen. Había rumores acerca de su actuación durante la ocupación nazi, sí, pero su oposición a la invasión rusa y al comunismo le habían granjeado honores tras su muerte. Hasta goza de una estatua y una placa con su nombre. Quería homenajearle por ello y decidió escribir un libro. Lo que no esperaba era descubrir con su investigación que su abuelo no era un héroe, sino un asesino nazi.

Silvia Foti estuvo años investigando el pasado de su abuelo en Lituania para escribir un libro y descubrió que no era el héroe que le habían contando, sino un asesino nazi. (Foto: AFP Photo/JANEK SKARZYNSKI)

“Fue muy impactante”, ha recocido Foti a The New York Times en una entrevista telefónica solo unas semanas después de publicar un artículo en el que desvelaba su descubrimiento para disgusto de algunos en su país de origen. Porque hay quien cree que debería haber guardado su historia como un asunto familiar y no airearla como ha hecho. Así lo ha expresado Jolanda Tamosiuniene, profesora y bibliotecaria en la escuela que lleva el nombre de Noreika.

Allí, en la aldea de Sukioniai, en Lituania, el general Storm, como es conocido, es todo un héroe anticomunista al que la KGB ejecutó en 1947 con solo 36 años. Durante décadas, siempre ha habido rumores sobre su verdadera cara y lo que hizo en el pasado. Sin embargo, se estos se achacaban a que había quienes querían ensuciar su nombre.

Una sospecha, la de mancillar el honor de un héroe local y nacional, que no recae sobre su nieta, quien ha hecho pública la verdadera historia que escondía su abuelo. Residente en Chicago, hace 18 años inició una investigación para un libro sobre Noreika que ha terminado con la conclusión de que este era antisemita y un colaborador nazi.

“Mi abuelo iba a ser el caballero blanco con armadura resplandeciente, un héroe puro de principio a fin. Siempre había escuchado que hizo mucho por Lituania y había muerto a la temprana edad de 36 años a manos de la KGB”, recuerda Foti en su entrevista con The new York Times. Lo que descubrió cambió por completo la imagen que habían construido de él.

Buceó en archivos y la memoria de quienes le conocieron dando con algunos documentos en los que su abuelo había estampado su firma. En ellos se reflejaba lo que había pasado con los judíos de la zona. Demostraban que, si bien él no apretó el gatillo, sí fue un “asesino de escritorio”, como lo define. Le señala como el supervisor de la matanza de judíos en Plunge, localidad a la que su familia se trasladó para ocupar la casa de unos judíos a los que se la arrebataron.

La revelación de Foti hizo que las autoridades del país revisasen la historia de su abuelo y su estatus de héroe, aunque nada ha cambiado y la estatua y la placa en su honor siguen en su sitio. Esto se debe, según la nieta de Noreika a que “los lituanos han sido violados tres veces: en dos ocasiones por los comunistas y en una por los nazis. Todo lo que saben es que los violaron, que son víctimas. No tienen espacio en su psique para otras víctimas”.