Desarrollan un concreto viviente con capacidad de multiplicarse

Lo han denominado un “material Frankenstein” o un “ladrillo viviente”. Un material capaz de autorrepararse e incluso multiplicarse. Una alternativa biosustentable para la construcción de casas y estructuras que puede ayudar a reducir la huella de carbono y, por ende, mitigar el cambio climático.

Se trata de una especie de concreto producida por la interacción microorganismos, cianobacterias que absorben dióxido de carbono y producen carbonato de calcio, que es un ingrediente primordial de la piedra caliza y, por ende, del cemento.

El Dr. Wil Srubar, de la Universidad de Colorado en Boulder, muestra piezas de concreto viviente, producidas por cianobacterias en su laboratorio. (CU Boulder College of Engineering and Applied Science)

Investigadores de la Universidad de Colorado en Boulder son los creadores de una tecnología que permite elaborar “ladrillos” a partir de la actividad de cianobacterias verdes colocadas en una solución de arena y gelatina. La técnica propicia que el carbonato de calcio producido por los microorganismos se mineralice, se mezcle con la arena y produzca una suerte de ladrillo, que puede ser de múltiples formas dependiendo del molde en el que se coloque la mezcla.

Lo curioso es que, a diferencia del ladrillo inerte que se crea con el cemento tradicional u otros materiales, en este caso se trata de un material viviente: es durable y resistente, con el que se puede construir estructuras, pero además es capaz de multiplicarse: si se parte en dos el ladrillo, con el tiempo éste crece y cada parte se desarrolla en un ladrillo completo.

Un reporte al respecto fue publicado por los investigadores en la revista Matter.

La coloración verde de las bacterias da además un tono singular a esos ladrillos, si bien éste se va difuminando una vez que el material se seca, de acuerdo al relato al respecto de The New York Times.

Así, basta con ofrecer una combinación apropiada de cianobacterias con elementos para su sustentación y reproducción, agregarle agua y esperar a que comience la “fabricación” de ladrillos vivientes.

Eso hace posible imaginar, por ejemplo, que estructuras elaboradas de ese material se reparen a sí mismas o que, en ciertas circunstancias, un set de ladrillos pueda multiplicarse y producir materiales adicionales, con lo que puede abastecerse las necesidades de construcción, por ejemplo, en lugares de difícil acceso, a donde es complicado transportar otros recursos.

Ciertamente se necesita que en esos lugares existan condiciones de humedad propicias para la actividad de los microorganismos, pero hay quien puede afirmar hipotéticamente que esa tecnología, en lugares controlados con las características deseadas, podría propiciar el establecimiento de “biofábricas de fabricación de ladrillos” para proveer de materiales a misiones espaciales e incluso a Marte.

Así, en vez de cargar aparatosos materiales a lugares remotos y largas distancias, “llevaremos la biología con nosotros”, dijo al Times el investigador líder del proyecto, Wil Srubar.

Y una indudable ventaja es que, a diferencia de la producción de cemento tradicional, que genera importantes emisiones de carbono, la producción de estos ladrillos vivientes absorbe dióxido de carbono de la atmósfera y lo fija, con lo que mitiga la presencia de gases de efecto invernadero.

Además, esos ladrillos vivientes evitan, en su producción, el uso de piedra caliza y otras arenas cuya minería intensiva para la industria del cemento es contaminante y ruinosa para el medio ambiente.

En el futuro nuestra casa puede tener paredes vivas y ser aliada para preservar la naturaleza.