Una técnica experimental cura el 80% de los casos de depresión severa

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En la imagen de 2020, el investigador de Stanford Nolan Williams coloca el estimulador transcraneal a la paciente Deirdre Lehman durante el tratamiento. (Crédito de imagen Steve Fisch / Factultad de Medicina de la Universidad de Stanford).
En la imagen de 2020, el investigador de Stanford Nolan Williams coloca el estimulador transcraneal a la paciente Deirdre Lehman durante el tratamiento. (Crédito de imagen Steve Fisch / Factultad de Medicina de la Universidad de Stanford).

Está claro que los científicos sienten placer buscando acrónimos que “suenen bien” para referirse de forma abreviada a sus técnicas o aparatos, casi siempre con nombres larguísimos e ininteligibles. No es lo mismo decir que vas a tratar a un paciente de depresión severa con una técnica llamada “Terapia Stanford de Neuromodulación Inteligente Acelerada“, a decirle que le vas a tratar con “SAINT”, nombre mucho más angelical y sencillo de recordar.

Y hablando de recordar, haríais bien en acordaros de esas siglas, “SAINT” porque si se confirma lo que los expertos del BSL (Laboratorio de Estimulación Cerebral de la Universidad de Stanford) acaban de hacer público, es posible que muy pronto los aquejados de casos persistentes de depresión puedan encontrar una cura, como ha hecho casi el 80% de los participantes en el estudio del que hoy voy a hablaros.

En el estudio en cuestión, participaron 29 personas que mostraban resistencia a los tratamientos estándares contra la depresión. Sus edades oscilaban entre los 22 y los 80 años, y todos habían sufrido depresión durante una media de 9 años. Los participantes se dividieron en dos grupos. Uno de ellos recibió el tratamiento SAINT, mientras que con el grupo de control se simuló el procedimiento, aunque no se llegó a aplicar la neuromodulación. ¿El resultado? Pues como os había indicado anteriormente, cinco días después del tratamiento experimental el 78,6 de los participantes que fueron tratados con SAINT dejaron de estar diagnosticados de depresión, según varios procesos de evaluación. No solo eso, los resultados parecieron prolongarse en el tiempo una vez cesó el tratamiento.

Como cualquier tratamiento, el SAINT provocó efectos adversos secundarios, entre los que destacaban la fatiga temporal y los dolores de cabeza, aunque no se consideraron graves, sobre todo si se compara con los que producen los tratamientos de electro estimulación empleados hoy en día, como por ejemplo el llamado “estimulación magnética transcraneal”. Este tratamiento, el único aprobado por la FDA (el organismo regulador norteamericano en temas de salud y alimentación) en la actualidad, se administra diariamente durante seis semanas, y aun así solo la mitad de quienes se someten a él mejoran. De hecho, solo un tercio de los pacientes consigue superar la depresión con esta técnica.

SAINT en cambio funciona aplicando un número mucho mayor de pulsos magnéticos, a una frecuencia más alta y dirigidos a una región muy concreta. El tratamiento consta de 10 sesiones de 10 minutos cada una, separadas por 50 minutos de descanso, con lo cual se puede aplicar en un solo día. Por lo que puedo leer, el tratamiento consta de dos fases. En la primera se busca con ayuda de escáneres MRI cierta región en el córtex prefrontal dorsolateral de cada paciente, asociada con el cingulado subgenual. Se sabe que esta estructura muestra más niveles de actividad en las personas que padecen depresión.

Una vez localizado el punto exacto a estimular, comienza propiamente la neuromodulación. El objetivo es reforzar el vínculo entre las dos áreas cerebrales citadas, para permitir que el córtex prefrontal dorsolateral controle mejor la actividad del cínculado subgenual.

En palabras del doctor Nolan Williams, profesor asistente de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Universidad de Stanford, al tiempo que autor senior del estudio, SAINT “funciona bien, rápido y no es invasivo. Podría cambiar las reglas del juego”.

El equipo está especialmente interesado en emplear SAINT en pacientes de psiquiatría que se encuentran en crisis. Los fármacos que se emplean hoy en día tardan alrededor de un mes en actuar, mientras que el equipo de Stanford cree que SAINT podría funcionar mucho más rápido, atenuando los síntomas de las fases más agudas, aquellas en las que es más común que el paciente intente cometer suicidio.

Esperemos que la FDA apruebe este tratamiento experimental, y que en unos años podamos ponerlo en práctica también desde esta orilla del Atlántico.

Los resultados del estudio acaban de publicarse en The American Journal of Psychiatry.

Me enteré leyendo Zmescience.com

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