La denuncia animalista a la industria de la moda no apta para espectadores sensibles

Fernando Gonzalo
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La organización PETA ha protagonizado varias polémicas a lo largo de su historia. Su estilo contundente y sus frecuentes salidas de tono han causado que sean acusados de sensacionalismo. A pesar de todo, esta asociación sigue siendo la entidad animalista más poderosa del mundo y cuenta con el apoyo de numerosas celebridades.

La última campaña de PETA vuelve a hacer gala de un estilo nada sutil y utiliza una colección de imágenes reales de una impactante brutalidad en la que se muestra cómo se tortura a algunos animales para obtener materiales para la industria de la moda.

La industria peletera lleva décadas en el punto de mira de los defensores de los derechos animales y la presión activista ha conseguido calar bastante en la opinión popular. Cada vez son más las firmas que se declaran fur-free: Calvin Klein, Armani, Gucci, Versace o Prada son algunas de ellas.

Sin embargo, los materiales de origen animal no se limitan al clásico abrigo de visón o de zorro: jerséis de lana, zapatos de serpiente, chaquetas de cuero, complementos de plumas, bolsos de piel de avestruz… La lista es infinita. ¿Es consciente el consumidor de la procedencia de estos materiales y del proceso llevado a cabo para su obtención?

PETA considera necesario que el público vea con sus propios ojos las imágenes más desgarradoras del maltrato animal y, para hacerlo más impactante, las ha intercalado en un vídeo con coloridas imágenes de moda que contrastan de forma siniestra con la otra cara de la realidad.

Imagen de la campaña
Imagen de la campaña

El spot está inspirado en el famoso vídeo Be a lady they said en el que Cynthia Nixon denuncia la presión y los dobles estándares a los que están sometidas las mujeres. PETA ha recreado el mismo formato bajo el título Be a sweater they said con una narradora vestida igual que la actriz y un texto con el que, en palabras de la portavoz de PETA Ashley Byrne, se muestran “paralelismos entre la masculinidad tóxica de una cultura machista y el especismo tóxico de la industria de la moda”.

Y es que las campañas de PETA, pese a recrearse frecuentemente en el aspecto más cruento del maltrato animal, siempre van un paso más allá y abordan la que consideran la raíz del problema: la propia consideración ética de los animales como individuos. En esta ocasión, la organización ha intentado transmitir esta idea mediante un arriesgado símil con el machismo. Según explica Lisa Lange, vicepresidenta senior, “una oveja no es un jersey igual que una mujer no es un objeto sexual” y "que los demás animales tengan un aspecto diferente al nuestro no nos da derecho a maltratarlos".

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