La denuncia falsa de Malasaña trae a la memoria la historia de Bartolín, el falso secuestrado por ETA

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A última hora de la tarde de este miércoles saltaba la noticia de que la agresión por encapuchados a un joven en Malasaña (Madrid) era una denuncia falsa por parte del denunciante para ocultarle la verdad de lo ocurrido a su actual pareja. En medio de las reacciones en cadena que esta información ha desencadenado y del cruce de acusaciones y recriminaciones entre partidos políticos, también ha surgido una reflexión sobre la rapidez en las reacciones y revivido el recuerdo de la historia de Bartolín, el concejal de un pueblo de Jaén que hace algo más de veinte años simuló haber sido secuestrado por ETA.

El concejal popular aseguró que le habían secuestrado y llevado en tren hasta el País Vasco drogado. (Foto: Getty Images)
El concejal popular aseguró que le habían secuestrado y llevado en tren hasta el País Vasco drogado. (Foto: Getty Images)

La historia del joven de Malasaña y de Bartolomé Rubia, concejal en 1998 del Partido Popular en la localidad jienense de La Carolina, tienen ciertos paralelismos. Ambas fueron denuncias falsas, los simularon un delito que no tuvo lugar y fueron descubiertos por la Policía en pocos días. En el caso de Bartolín, como lo conocían en su pueblo al edil, solo unas horas después del relato de su supuesto secuestro.

Todo comenzó con una llamada un día de finales de mayo a Canal Sur y el Diario de Jaén en la que se informaba a quien estaba al otro lado de la línea de que “el coche del concejal secuestrado está en Linares”. No había pasado ni un año del secuestro y asesinato de su compañero de partido en el País Vasco, Miguel Ángel Blanco, y se encendieron todas las alarmas. Las Fuerzas de Seguridad activaron el protocolo antiterrorista y se volcaron en su caso ese día y en los posteriores, intentando recopilar toda la información para dar con los culpables del mismo.

En el panorama político, como recogió El País, ETA estuvo desde el principio en el punto de mira como responsable. La desaparición del Concejal de Juventud y miembro de la ejecutiva provincial de Nuevas Generaciones de Jaén hizo que los dirigentes políticos reaccionaran con rapidez. Carlos Iturgaiz, entonces uno de los nombres con más peso en el PP vasco, señaló, como recoge El Español, que “ETA quería repetir la misma actuación que con Miguel Ángel Blanco”. Tras aparecerel concejal por su propio pie en la comisaría de Irún, el dirigente declaró en una entrevista que “todavía estoy con la carne de gallina al pensar que nos podíamos encontrar con otra historia” añadiendo que aquel secuestro había sido “una demostración de que ETA sigue dura”.

Se dio por hecho públicamente que Bartolín había sido víctima de un secuestro por parte de la banda terrorista y que había escapado por fortuna. Sin embargo, su relato estaba lleno de lagunas y de detalles que no casaban con el habitual modus operandi de ETA. Según contó el propio concejal, en su secuestro habían intervenido tres parejas. La primera lo secuestró a punta de pistola en su garaje y lo metió en un tren. Le drogaron con una sustancia en un refresco y en el viaje hasta San Sebastián que incluyó un transbordo en la estación de Chamartín, en Madrid, lo acompañó otra pareja. Una vez en Donosti, fue entregado a una tercera que lo metió en una furgoneta.

Fue entonces, aprovechando la discusión entres sus captores sobre qué hacer con él, cuando se lanzó del vehículo en marcha logrando llegar andando a la comisaría de Irún para informar de lo sucedido, de que había escapado y de que estaba bien. Los agentes le tomaron declaración, fue llevado al hospital para realizarle los análisis y el reconocimiento médico pertinente y rápido su versión comenzó a hacer aguas. La llamada a los medios locales se había hecho desde su propio teléfono móvil y no había rastros de sustancia alguna en su sangre.

Al final el secuestro quedó en un montaje del propio Bartolín que generó alarma social y un gran despliegue policial. El 30 de mayo el entonces Ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, daba por hecho que había sido todo una farsa orquestada por el concejal de su partido. En el juicio él siguió insistiendo en la veracidad del relato y en que él nunca dijo que fuese ETA. "El hombre gritó ¡hostias! Esa voz no se me olvidará en la vida. Y la chica decía ¡qué no, qué no, qué no es así!. Ahí sí que me empecé a poner nervioso y pensé: 'De aquí me quitan del medio. Entonces abrí la puerta y salí'", contó ante el juez, que lo condenó al pago de una multa de 270.000 pesetas (1.623 euros) por simulación de delito.

El Partido Popular lo expulsó y él, desde entonces y como contó El Diario de Jaén, se dedicó a su profesión de camionero. Esta semana su relato ha cobrado de nuevo protagonismo a raíz de dos reflexiones lanzadas en redes sociales a través de dos tuits virales que invitan a plantearse tanto la reacción tras la denuncia del joven de Malasaña como la posterior, una vez que se ha sabido que era falsa.

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El primero de esos mensajes lo publicaba Borja Sémper, quien durante más de una década fue portavoz del PP en el Parlamento Vasco. “Todo en estos tiempos es urgente, rápido, excesivo. Todo es susceptible de ser utilizado, no en defensa de un ideal, sino contra alguien. Y así, entre otras cosas, se deterioran las causas justas”, publicaba pasadas las siete de la tarde. Poco después, al recordatorio de Alberto Moyano, periodista de El Correo, de la reacción en tiempo real ante el supuesto atentado en 2009 a un guardia civil Leitza que resultó también ser falso, Sémper recordaba el caso del concejal popular. “Yo abracé a aquel Bartolín, en la comisaría de la Ertzaintza de Irún, la noche en la que se ‘escapó de ETA’ (a qué más quieres que te gane). Aprendí la lección”, publicaba anoche.

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Sobre ese mismo caso de Bartolín y relacionado con lo ocurrido ahora con el joven de Malasaña, otra reflexión que ha recibido mucho apoyo en redes es la publicada por la socialista Mercedes Gallizo, quien ha apuntado que “hace unos 20 años, un concejal del PP simuló haber sido secuestrado por ETA. Hubo declaraciones y condenas inmediatas. Era falso. El hombre tenía ganas de enredar y hacerse famoso. Pero, no recuerdo yo que, por esta simulación, alguien dudase que los estragos de ETA eran reales”.

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