Demócratas y republicanos condenados a entenderse ante la presión migratoria en la frontera sur

McAllen, es una ciudad de más de 1400 000 habitantes del estado de Texas y más del 80% son latinos.

Es el municipio más poblado del condado de Hidalgo, puerta de entrada para miles de migrantes que llegan a Estados Unidos desde México, en la otra orilla del río Bravo.

En sus rincones se respira en español, pero hablar el mismo idioma no significa comprenderse, y algunos de sus vecinos hablan de una "invasión silenciosa" de migrantes que da ha dado alas a los candidatos republicanos.

Sin embargo, en las calles saben que todos están condenados a entenderse.

"La inmigración no es un problema de los demócratas, ni de los republicanos, es un problema estadounidense, y esto incumbe a ambos partidos, a sentarse y a dialogar sobre ello, y llegar a una solución", explica un jubilado, Tony Jalomo.

"Creo que ahora uno de los principales problemas es el tráfico de seres humanos aquí en la frontera. Me entristecte la gente que tiene que emigrar por esas causas. Como tienen que emigrar, no tienen la oportunidad de que les sea más fácil venir a este país. Van a trabajar, a pagar impuestos, van a hacer algo bueno", añade Carlos Fantini, vendedor de automóviles.

Tanto en McAllen como en toda la frontera sur estadounidense esperan soluciones de sus futuros representantes.