Del odio a la paz, el duro camino de una víctima de ETA

Por Marianne BARRIAUX
Policías franceses expertos en explosivos identifican armas de un supuesto zulo de ETA en un paraje de la localidad de Saint Pee sur Nivelle, este sábado 8 de abril al suroeste de Francia

Iñaki García Arrizabalaga tenía 19 años cuando un grupo disidente de ETA asesinó a su padre, sumergiéndole en una "espiral de odio" antes de que cambiara su perspectiva y comenzara a trabajar por la paz en su tierra.

Más de 36 años después, ETA finalmente ha dejado las armas, pero para este profesor de ciencias económicas en la Universidad de Deusto, en el País Vasco, el muy publicitado acontecimiento no es más que "pura anécdota".

Para él, el hecho clave de verdad se produjo el 20 de octubre del año 2011, cuando la banda armada que mató a 829 personas en sus más de 40 años de violencia por la independencia del País Vasco declaró un alto el fuego.

"Que iban a entregar las armas era un paso inevitable", decía esta semana antes de la ceremonia oficial del "desarme" en Bayona, en el País Vasco francés.

Sentado en su oficina de la ciudad costera vasca de San Sebastián, este hombre de 55 años recuerda con serenidad el día en que su padre fue hallado muerto a tiros, el cadáver apoyado y encadenado al tronco de un árbol.

"El 23 de octubre de 1980, yo era estudiante en esta universidad y estaba en clase", recuerda Iñaki. "A las 8h30 de la mañana, mi hermana mayor vino a buscarme y me dijo: ven a casa que el aita (padre, en vasco) no ha llegado a su trabajo. Fuimos a casa todos los hermanos, empezamos a preguntar en hospitales a ver si había algún accidente. Y no".

Entonces, llegó una llamada informando de que se había encontrado un cuerpo en una colina de la ciudad.

Acudieron todos al lugar y allí estaba su padre, Juan Manuel García Cordero, un directivo de la compañía Telefónica de quien luego descubrió que había sido declarado objetivo de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, una escisión anarquista de ETA, en represalia por unas escuchas telefónicas usadas contra miembros de ese grupo.

Ese mismo oscuro día de otoño de 1980, uno de los años de más violencia, hubo otros dos asesinatos por bala en el País Vasco, según los archivos del diario El País: un político y un profesor.

- "Tanto dolor" -

Comenzaron entonces para Iñaki cuatro difíciles años en que se sumergió en lo que él llama la "espiral de odio", antes de que su madre le enviara a Londres a estudiar.

Lejos del conflicto, fue capaz de pensar con más claridad y volvió como un hombre cambiado, relata, al darse cuenta de que los asesinos no sólo habían matado a su padre, sino que también le habían arruinado la vida.

Más tarde, empezó a trabajar por la paz y la reconciliación y ya no ha parado, dando charlas sobre su experiencia en escuelas, por ejemplo, entre otras iniciativas.

En octubre de 2011, cuando ETA anunció el alto el fuego, Iñaki García Arrizabalaga estaba en plena intervención en una conferencia.

"En el turno de preguntas, una mujer del público tomó la palabra -sabía mi experiencia y mi trayectoria personal- y dijo: Iñaki, quiero que sepas y que todo el mundo sepa que ETA acaba de anunciar el alto el fuego definitivo. Recuerdo que todo el mundo se puso en pie, empezó a aplaudir, fue una cosa muy emocionante", cuenta.

"Mi primer recuerdo fue para la gente que ya no estaba con nosotros, mi padre, todas las víctimas que he conocido. 50 años para terminar así? Cuánto dolor, cuánto sufrimiento se podía haber evitado", se lamenta.

Con la paz de vuelta y mientras mira hacia el futuro, una de las principales preocupaciones de Iñaki es que la juventud actual casi está olvidando lo que sucedió hace muy poco tiempo.

"Si actuamos como si nada hubiera pasado, si no aprendemos una lección de todo esto, corremos el riesgo de volver a repetirlo", advierte.

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