Por qué la decisión de Estados Unidos sobre Marruecos y el Sáhara ayuda a que España se lave las manos

Javier Taeño
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Tras casi tres décadas de status quo, el conflicto entre saharauis y marroquíes por el control del Sáhara Occidental ha vivido en las últimas semanas dos acontecimientos de gran relevancia. Primero, el fin del alto el fuego después de las tensiones vividas en el puesto fronterizo de Guerguerat, que ha hecho que vuelvan a sonar los tambores de una guerra que se extendió durante 15 años y tuvo un cierre en falso.

Después, la decisión de Estados Unidos de reconocer la soberanía marroquí sobre el territorio. Una controvertida maniobra que va contra el Derecho Internacional y que puede tener consecuencias importantes en el futuro de la región.

Protestas en España tras la decisión de Trump. (Photo by Diego Radames/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
Protestas en España tras la decisión de Trump. (Photo by Diego Radames/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Lo primero que hay que señalar es que legalmente no cambia nada. Según la resolución 3458 de la Asamblea General de Naciones Unidas, España sigue siendo responsable de la descolonización del territorio del Sáhara Occidental.

En este sentido, la Corte Internacional de Justicia ya había señalado que Marruecos no tiene derechos de soberanía y Naciones Unidas sigue considerando a la región uno de los 17 territorios pendientes de descolonización en el mundo.

Legalmente la situación está clara y se debe celebrar un referéndum en el Sáhara Occidental en el que sus habitantes decidan qué hacer con su futuro. Sin embargo, la legalidad no siempre va de la mano de la política y la decisión de Estados Unidos puede cambiar las cosas.

Pese a que tradicionalmente Marruecos y Estados Unidos han sido buenos aliados, nunca ningún presidente había cruzado la línea de ir contra el Derecho internacional. Hasta ahora simplemente se hablaba del deseo de llegar a un acuerdo político justo y duradero (obviando muchas veces el prometido referéndum), pero sin llegar a estos extremos.

Únicamente le correspondía a España la responsabilidad de descolonización. Una responsabilidad que ha ignorado durante más de cuatro décadas. ¿Puede cambiar su rol a partir de ahora? Es posible, aunque la ley diga lo contrario.

La clave fundamental ahora es ver si Estados Unidos se queda solo en su apoyo a la marroquinidad del Sáhara o si hay otros países que deciden dar el mismo paso, como por ejemplo Francia, que tiene unos lazos profundos con el reino alauita. Si esto termina ocurriendo se podría dar el fenómeno de que la posición de Marruecos se siguiera reforzando y mediante la política de hechos consumados se terminara saliendo con la suya.

Los casos de Kosovo y Crimea

Cabe recordar que en los últimos años ha habido dos ejemplos claros en el mundo. En 2008 Kosovo proclamó su independencia unilateral de Serbia. Cabe recordar que ninguna Constitución (salvo Liechtenstein, Etiopía y San Cristóbal y Nieves) acepta la secesión unilateral y que los Tribunales Supremos de países descentralizados como Canadá o Estados Unidos tampoco la reconocen. Además, la ONU destaca el principio de integridad territorial.

Sin embargo, cuando Kosovo dio el paso adelante, rápidamente obtuvo el reconocimiento de países tan potentes como Estados Unidos, Alemania, Francia. En este caso, pese a que la legalidad decía una cosa, se impuso la política de los hechos consumados y nació una nueva nación independiente.

Un hombre sujeta la bandera de Kosovo. (Photo by ARMEND NIMANI/AFP via Getty Images)
Un hombre sujeta la bandera de Kosovo. (Photo by ARMEND NIMANI/AFP via Getty Images)

Crimea es un ejemplo algo diferente, pero también sirve para reflejar cómo la política a veces se impone a la legalidad. Este territorio, que pertenecía a Ucrania, fue ocupado por Rusia, que celebró un referéndum en 2014 sobre el estatus de la península. Tras la votación, el Kremlin procedió a la anexión, pese a que la mayoría de países de la ONU y otras instituciones internacionales declararon como ilegítima la consulta.

Varios años después, se mantiene la controversia, pero Rusia sigue haciendo valer su presencia en el territorio, con la esperanza de que con el paso del tiempo se termine asumiendo su ocupación y no sea cuestionada.

En el caso del Sáhara Occidental, España continúa sin hacerse cargo de su responsabilidad y sigue hablando de buscar una solución política. Esta postura vuelve a mostrar que las intenciones españolas pasan por un acuerdo negociado y no por cumplir con la legalidad. Así, el reconocimiento estadounidense y el de otros países puede terminar llevando a los saharauis a un callejón sin salida en el que tendrían que aceptar cualquier solución.

Pese a llevar la razón, a lo largo de los años se han enfrentado a un menor apoyo internacional. Más de 80 países en el mundo han llegado a reconocer como estado a la República Árabe Saharaui Democrática, pero las presiones marroquíes han hecho que una veintena se haya echado atrás en los últimos años.

Hasta ahora, la mayor fuente de apoyo la tenía en la Unión Africana, pero el regreso de Marruecos a la institución tras varios años de ausencia ha cambiado las cosas. Y es que el reino alauita está intentando conseguir la expulsión de su rival con el objetivo de seguir aislándole de manera global e imponer sus tesis.

En este contexto de soledad y de olvido permanente al referéndum en favor de una solución pactada, España puede terminar lavándose las manos sobre su responsabilidad histórica y no llegar nunca a descolonizar el territorio. Así pues, la decisión de Estados Unidos puede ser determinante para el futuro de la región. Habrá que ver si Joe Biden mantiene esta polémica postura de Trump y cómo actúan otros actores en el conflicto.

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