La década en la que la extrema derecha salió de su escondite en España

Manifestación ultraderechista en el Valle de los Caídos. (AP Photo/Bernat Armangue)

La década que está a punto de terminar ha certificado el resurgir de la extrema derecha en el mundo. Donald Trump en Estados Unidos, Marine Le Pen en Francia, Matteo Salvini en Italia, Jair Bolsonaro en Italia... y Santiago Abascal en España.

Esta afirmación no admite debate alguno en vista de los excelentes resultados obtenidos por Vox en las sucesivas convocatorias de elecciones autonómicas, municipales y generales celebradas en los dos últimos años. Lo que sorprende a algunos es haber descubierto que represente un porcentaje de voto del 15,1% a nivel nacional al haber seducido a 3,6 millones de votantes. ¿De dónde han salido? ¿Dónde estaban antes?

Es cierto que Fuerza Nueva desapareció tras el golpe de Estado del 23-F, pero no sus simpatizantes. Lo que ha ocurrido es que, hasta hace unos años, esos votantes no tenían un partido con el que significarse al 100% y tenían que conformarse con el Partido Popular.  

Así fue desde su fundación -cuando Manuel Fraga arrastró consigo a varias corrientes del neofranquismo- hasta nuestros días. Un partido de derechas, a secas, que para arañar votos de centro conjugaba un ideario un poco más liberal y menos extremista que el de Vox, pero sin olvidarse de estos a quienes seducía con medidas basadas en la lucha contra la inmigración, los conflictos identitarios y las tensiones territoriales. El problema para el PP es que en los últimos tiempos ha tenido que competir con Ciudadanos y Vox por el mismo votante seduciéndole con las mismas ideas.

De hecho cuesta saber quién propuso estas medidas en las últimas elecciones. ¿PP, Cs o Vox?

  • Reforma del sistema electoral para que valga lo mismo el voto de todos los españoles y los Diputados respondan ante los electores.

  • La bajada de impuestos proponiendo una menor fiscalidad al contribuyente, especialmente a las rentas más altas.

  • Abordar el problema de los menores extranjeros no acompañados de forma que "sea una política de Estado"

  • Aumentar la presencia policial y mejorar el armamento de las Fuerzas de Seguridad en la valla de Melilla.

  • El concepto Unidad de Mercado por el que la administración central fomente una legislación que establezca normas armonizadoras en todo el territorio.

  • La extensión de la Educación concertada al Bachillerato.

  • Decretar el Estado de Excepción en Cataluña.

  • La creación de las consejerías/ministerios de familia entre cuyas medidas se prometía garantizar la educación segregada por sexos.

  • Garantizar la libertad de los padres a educar a sus hijos “según sus convicciones morales”.

  • El refuerzo del Plan Nacional de Tauromaquia (PENTAURO) para que extienda el conocimiento y difusión del arte taurino.

  • Refuerzo del delito de usurpación de viviendas "pasando de multa a pena de privación de libertad de uno a tres años y se modificará el Código Penal para la lucha contra las mafias de la ocupación".

En realidad, no es que en 2019 hayan aparecido de la nada miles de falangistas y franquistas de camisa azul. Ya existían en 2018, en 2015 en 2011... la diferencia es que ahora no lo ocultan y las exhiben impunemente ante la tímida aplicación de la Ley de apología del franquismo. Como afirmó ya en 2005 el periodista José Luis Barbería, "son católicos, pero no ultracatólicos, han hecho de la defensa de la familia y la lucha contra el aborto su terreno de juego preferido y viven pendientes del anunciado viaje al centro" del PP.

Cuando este se consumó, con Mariano Rajoy, ellos viraron de nuevo hacia la derecha y miles de votantes de derecha demostraron que estaban esperando un discurso así. PP y Cs comenzaron a sufrir la fuga de votantes y Vox sacó pecho con un acto en Vistalegre llenando hasta la bandera la misma plaza de Toros que Podemos usó para intentar ‘asaltar los cielos’ el PSOE de Zapatero para apuntalar ‘su ceja’.

En vistas de su éxito, PP y Cs tomaron buena nota y decidieron volver a los postulados extremistas. Lo hicieron más para no perder la estela que por convicción. Y no midieron bien el paso que daban. Así es como se llegó a la foto de Colón. Pero para entonces Vox ya había capitalizado el descontento de derechas de miles de votantes que no se han radicalizado, sino que no tenían una derecha orgullosa de serlo al 100%.

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