¿Deberíamos 'cortarnos' en redes si estamos buscando trabajo?

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La mayoría de personas, sobre todo los jóvenes, usamos las redes sociales todos los días. Leer las noticias en Twitter o mirar las historias nada más levantarnos ya forma parte de nuestra rutina. Algunos somos más activos, otros menos, pero eso sí: todo lo que publicamos se guarda.

Cuando navegamos y visitamos una web, entregamos información a la persona que la administra. Nuestra IP, al quedar registrada, puede revelar nuestra ubicación, género, edad y el navegador que usamos, entre muchos otros datos: la famosa «huella digital».

Por supuesto, las redes sociales no se libran. Nuestras fotos y vídeos de Instagram, nuestros tuits, comentarios… también dejan un rastro. Seguro que recordamos decenas de casos de figuras públicas que han visto peligrar su reputación por un par de tuits que escribieron en 2009. Aunque no seamos celebrities, esto nos afecta a nuestra manera.

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Cerca de un 22% de las empresas españolas descarta a candidatos que en un principio les gustaban tras haber revisado sus perfiles sociales. Getty Creative.

InfoJobs llevó a cabo un estudio en 2019 en el que ponía sobre la mesa la importancia de controlar lo que se publica por estos canales. De acuerdo con el informe, cerca de un 22% de las empresas españolas descarta a candidatos que en un principio les gustaban tras haber revisado sus perfiles sociales.

Facebook ocupaba el primer lugar en la lista de canales más «espiados», seguido por LinkedIn e Instagram. Y esto es totalmente lícito porque los canales son públicos y no se está vulnerando la privacidad de los usuarios en ningún momento.

Este mismo estudio también revelaba los aspectos de las redes en los que los reclutadores hacen hincapié. Lideraban el ranking la «incoherencia» y las «mentiras entre lo comentado en la entrevista y lo que se publica en las redes», además de las fotos publicadas y las faltas de ortografía. Curiosamente, aspectos como la falta de respeto hacia otros usuarios o colectivos, racismo, sexismo o críticas hacia exjefes y antiguos compañeros se encontraban varios puestos por debajo.

¿Pueden despedirnos por algo que hayamos colgado en redes?

Una asociación sin ánimo de lucro belga despidió a un trabajador en 2017 por dar «me gusta» a una página antisemita en Facebook. Los tribunales decidieron que el despido sí era procedente, al tratarse de algo que podía afectar a la opinión pública e iba en contra de los valores humanos y del compromiso suscrito con la empresa. También está el caso de un trabajador de Primark en España que fue despedido en 2018 tras hacer humor negro en redes y animar públicamente a otros usuarios a no ir a las tiendas de la cadena.

Es evidente que nadie le gusta trabajar con una persona que defienda el antisemitismo. Y es comprensible que una empresa decida prescindir de alguien que critica abiertamente a la entidad para la que trabaja

Sin embargo, hay que tener en cuenta que las redes son una vía muy fácil para denunciar abusos y dar visibilidad a situaciones precarias (como el caso de las trabajadoras que denunciaron a Primor por explotación laboral, por ejemplo).

Además, hay casos mucho menos extremos donde la cosa se complica aún más. En diciembre de 2019, Laura, profesora de inglés, denunció en Twitter que su jefa quería despedirla por haber subido un vídeo en ropa interior a la red social. Laura escribió un hilo en el que explicaba que ella trabajaba una tarde a la semana en una academia y que, de alguna forma, algunos de sus alumnos habían encontrado el vídeo. La usuaria tuvo una conversación en persona con su jefa, quien llegó a amenazarla con denunciarla por exhibicionismo.

Este caso tuvo sus defensores y detractores, pero una cosa está clara: nuestro contenido en redes no tiene que ver con nuestro desempeño laboral. El trabajo es una parte de nuestra vida, pero no lo es todo. Nuestra forma de ser o de vestir, nuestros gustos y nuestro físico no tienen por qué definir nuestra capacidad para desenvolvernos peor o mejor.

Poner nuestros perfiles privados es la primera opción y la más evidente para protegernos. Pero también hay que tener en cuenta que las redes también son una manera de encontrar empleo, de «vendernos» y de promocionar nuestro trabajo. Son la plataforma perfecta para hacer activismo online (que ha jugado un papel importante en estos tiempos de pandemia) y dar visibilidad a miles de historias. Quizá la clave es generar contenido óptimo en nuestros perfiles para encontrar empleo, en vez de tratar de ocultarnos. 

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